caneria de derivacion, empezo a apretar la tuerca.

– De momento parece que no hay peligro.

Mitch seguia estudiando el esquema de conexion. Curtis miraba por encima de su hombro.

– ?Que es eso?

– Cajetin de Conexiones Aseos numero 21 -contesto Mitch-. Cables para cada tipo de instalacion del edificio. Este es de la luz. Para disminuir o aumentar la iluminacion. Ese, del aire acondicionado. Ese otro, de TI: telecomunicaciones basicas y datos a baja velocidad. Parece que el cable del aire acondicionado es el que acciona la puerta. ?Lo ve? El cajetin del techo, encima de la puerta, y esas dos barras verticales a los lados. Si lo desacoplamos, la puerta deberia abrirse.

– Esta muy prieto -gruno Ellery que, soltando un momento la llave inglesa, se escupio en las manos-. Vaya, espero que esto de resultado.

– ?Y ese cable de ahi? -se pregunto Mitch-. MCI, MCS. ?Que es esto? Va por la pared rodeando la tuberia de derivacion.

Desplazo la flecha del cursor a lo alto de la pantalla y pulso el Glosario.

– Manguito Contra Incendios. Manguito Contra Seismos. -Mitch fruncio las cejas-. Me parece que si el tubo entra en el manguito, lo que pasa entonces es… ?Willis, no!

Willis Ellery no oyo a Mitch.

Al apretar la llave inglesa contra la junta, el tubo inteligente se desplazo al interior del manguito especial, haciendo contacto con el activador piezoelectrico que enviaba a Abraham la senal de que tensara la estructura de acero del perimetro exterior contra una sacudida sismica.

Willis Ellery lanzo un grito de dolor mezclado con sorpresa. Como todo cuerpo humano, Ellery sirvio de excelente conductor de la electricidad, produciendo una reaccion tan positiva como cualquier solucion electrolitica. La corriente que recibio no era especialmente intensa, sino la normal, que alternaba a sesenta ciclos por segundo. Pero Ellery tenia las manos humedas de saliva y sudor, y al recibir la descarga le resulto imposible soltar la llave inglesa e interrumpir el paso de la corriente. Era como si la electricidad le hubiese aferrado con la dentada fuerza de la herramienta. La llave hacia presa en la junta, la electricidad aferraba la llave; y Willis Ellery no podia hacer otra cosa que aguantar, estremecido de arriba abajo, gritando como un nino histerico.

Al ver que Mitch alargaba el brazo para coger a Ellery, Curtis lo aparto de un manotazo.

– ?No lo toque! -grito-. Se electrocutaria usted tambien.

Ellery emitio un debil grito al tratar de librarse desesperadamente de la llave inglesa.

– ?Por fa-a-vor! ?Ayu-u-u-dadme!

– ?Para quitarle de ahi tenemos que encontrar algo que no sea conductor! -grito Curtis-. El mango de una brocha o un trozo de cuerda. ?Vamos, rapido!

Fue corriendo a la cocina y la inspecciono. No vio nada con aspecto de no conducir la electricidad del cuerpo de Ellery a las manos de sus rescatadores. Entonces se le ocurrio una idea. La mesa de la cocina. Tirando al suelo todo lo que habia en la superficie de madera, grito a Mitch:

– ?Esto nos servira!

– Muchas gracias, oiga -protesto Marty Birnbaum-. Acababa de colocar ahi nuestras provisiones.

Sin hacerle caso, Curtis y Mitch cogieron la mesa y la llevaron al pasillo, donde Ellery seguia pegado a la llave electrificada y ya apenas consciente de lo que pasaba. En el aire habia un fuerte olor a quemado. Como a pelo chamuscado en la peluqueria. Curtis dejo caer la mesa, poniendola de costado.

– Vamos a recogerlo asi -dijo-. Como si fuera el quitapiedras de una locomotora.

Los dos hombres cogieron una pata de la mesa y la empujaron con fuerza contra el cuerpo estremecido de Ellery, separandolo del cajetin de conexion. Cuando su mano solto la presa de la llave inglesa, Ellery lanzo un grito de dolor mientras uno de sus dedos emitia un destello azulado que desaparecio en la moqueta con una nubecilla de humo acre. La fuerza de la electricidad que se descargaba de su cuerpo junto con el impulso de la mesa contra su costado basto para proyectarlo por el pasillo y arrojarlo contra la pared, desde donde cayo inconsciente al suelo.

Sin perder un segundo, como un pugil que no respeta las reglas del juego, Curtis se lanzo sobre el, poniendolo de espaldas, desgarrandole la pechera de la camisa y aplicando la oreja a su corazon.

– ?Esta muerto? -pregunto Helen.

Poniendose a horcajadas sobre las piernas de Ellery, Curtis no respondio y, colocando una mano encima de otra, con los codos pegados al cuerpo, empezo a comprimirle el corazon, entre el esternon y la columna vertebral, buscando un ritmo que sirviese para enviar suficiente sangre al cerebro del hombre inconsciente.

– Helen -dijo sin aliento-, vaya a ver si Nat esta bien. ?Jenny? Traiga una manta, un mantel, algo para abrigar a este hombre. Mitch, llame a Richardson por el walkie-talkie y cuentele lo que esta pasando.

Curtis siguio comprimiendo el pecho de Ellery durante unos minutos y luego se inclino para escuchar si le latia el corazon. Meneo la cabeza y empezo a desabrocharle los pantalones humedos de orina. Jenny volvio con un mantel.

– Quitele los pantalones -grito-. Y apriete la arteria femoral.

Reanudo la compresion mientras Jenny le bajaba los pantalones a Ellery. Sin hacer caso del olor a orina, introdujo la mano en los calzoncillos, le aparto el escroto hacia un lado y le tanteo la ingle.

– ?Lo siente? -jadeo Curtis-. ?Nota cuando le comprimo el pecho?

– Si -contesto ella al cabo de un momento de silencio-. Lo noto.

– Buena senal. Que alguien vaya a ver lo que esta haciendo el gilipollas de Beech. ?Ya ha desconectado al hijo de puta ese?

Curtis volvio a pegar la oreja en el pecho de Ellery y escucho. Esta vez oyo un debil latido. El gran problema era que los musculos respiratorios estaban agarrotados y aun no habia recobrado la respiracion.

– Ya puede dejarlo -dijo a Jenny. Y a Helen-: ?Ha hablado con Nat?

Arrodillandose junto a Ellery, le pellizco la nariz y empezo a hacerle la respiracion boca a boca.

– Nat esta bien -respondio Helen-. El agua le llega a la cintura y sigue subiendo, pero esta bien.

Curtis, ocupado en poner la boca sobre la de Ellery a intervalos regulares, no tenia tiempo de contestarle. No es que tuviera mucho que decirle. Penso que se le habian acabado las ideas. Ya no veia solucion alguna. Ahora todo dependia de Beech.

Pasaron diez minutos y Curtis seguia sobre Willis Ellery sin perder las esperanzas. Una de las cosas que habia aprendido de joven, cuando patrullaba las calles, era que las victimas solian morir porque quien intentaba reanimarlas abandonaba demasiado pronto. Sabia que tenia que seguir. Pero se estaba cansando. Iba a necesitar ayuda.

Entre dos tentativas de insuflarle aire en los traumatizados pulmones, Curtis pregunto a Jenny si podia sustituirle un momento. Tapando a Ellery con el mantel, ella miro al policia con lagrimas en los ojos y asintio con la cabeza.

– ?Sabe como se hace?

– Hice un cursillo de socorrismo en la universidad -contesto ella, colocandose junto a la cabeza de Ellery.

– No se detenga hasta que yo se lo diga -le ordeno-. Hay peligro de anoxia. El paro respiratorio puede causar ceguera, sordera, paralisis y otras cosas.

Pero estaba claro que Jenny aguantaria lo que fuese necesario. Curtis se puso rigidamente en pie y miro como lo hacia. Luego fue a hablar con Beech.

Bob Beech estaba inquieto.

La ultima vez que habia estado tan preocupado fue a mediados de los ochenta, en el ultimo curso de seguridad informatica del Instituto de Tecnologia de California, cuando creo su primer programa autorreproductor o, como luego habia aprendido a llamar aquel tipo de SAR, su primer virus. En aquella epoca todo el mundo escribia programas asi, inspirados en un articulo que aparecio en Scientific American.

Con trescientas lineas de MS-DOS, Beech habia creado TOR, por Torquemada, el primer gran inquisidor de la Inquisicion espanola. La intencion de Beech era hacer un programa que destruyese la herejia de las copias ilegales de MS-DOS en Extremo Oriente, donde la pirateria informatica era casi endemica, para luego venderlo a Microsoft Corporation. El problema era que TOR actuaba como un verdadero virus informatico en mucho mayor medida de lo previsto y, al combinarse con otro virus, NADIR, cuya existencia desconocia completamente Beech, creo una

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