– Creo que tienes toda la razon.

En aquel preciso momento oyeron un grito. El sirdar habia encontrado algo.

– U yahaa -exclamo-. Por aqui, sahibs.

Jameson le lanzo un grito.

– Haani aaudai chhau.

El y Swift se pusieron en marcha.

– Que mala leche si lo encontraramos ahora, ?verdad? -comento Jameson.

Boyd dejo transcurrir media hora desde la partida del grupo, integrado por Swift, Jameson y el sirdar, que habia salido tras el rastro de aquellas extranas huellas y entonces se puso en camino al sureste siguiendo la misma direccion. De vez en cuando se detenia y comprobaba su posicion con la ayuda de un aparato electronico manual. Mientras caminaba, iba cavilando sobre la naturaleza del animal cuyas huellas seguian. Le asombraba que hubiera cientificos que creyeran en tamana absurdidad. Aun en el caso de que existiera una criatura que hubiera sobrevivido sin ser detectada en el transcurso de la historia, ?como podian esperar encontrarla, asi por las buenas? El daba por supuesto que habia una explicacion racional que aclararia la existencia de aquellas extranas huellas, una explicacion que, desde luego, no tendria nada que ver con el abominable hombre de las nieves. Un oso, tal vez. O incluso un aguila gigante del Himalaya. Todavia recordaba el susto de muerte que le habia dado una de esas raras aves de camino al campamento. Vista de espaldas, agachada en el suelo, semejaba un mono. Hasta las huellas enormes que dejaba esa colosal ave rapaz se podian confundir facilmente con las de un simio gigante. Cuanto mas pensaba en ello, mas seguro estaba de que acabaria demostrandose que aquellas huellas eran de un aguila. Probablemente la misma que habia visto el. Al pensarlo, se carcajeo. ?Cuanto deseaba estar presente cuando pillaran al animal, o lo que fuera, que habia dejado aquel rastro, si es que algun dia llegaban a pillarlo!

Se detuvo sin dejar de reirse, se descolgo la mochila y se dispuso a tomar una muestra de sondaje.

La niebla amainaba con la misma rapidez con la que se habia formado, y Swift y Jameson, que subian por la cresta del barranco, en el lugar en el que la corriente del Modi Khola se ensanchaba, se encontraron con una corta hilera de mojones, que indicaban que aquel era un lugar sagrado.

Hallaron un tarch, un pequeno numero de banderas de trapo y papel que ondeaban al viento en lo alto de unos largos palos de madera que parecia que las hubieran tendido alli a secar; una roca en la que habia pintados unos simbolos sagrados y unos mantras de color verde; y un pequeno chorten, que es un relicario de forma conica construido de ladrillos rojos y que simboliza los cuatro elementos. Entonces vieron al sirdar.

Con una sonrisa en la boca como si pidiera disculpas, les condujo entre la niebla cada vez mas debil junto al rio y senalo una lengua de nieve que penetraba en sus aguas rapidas.

Ante sus ojos vieron algo extraordinario, aunque aquella aparicion insolita e insospechada no era, desde luego, la causa por la que habian andado tantos kilometros.

Descansando sobre las manos firmemente apoyadas en una roca plana y grande, con el cuerpo color tierra paralelo al suelo cubierto de nieve, con las piernas totalmente estiradas y los pies descalzos, muy juntos, y con la larga melena cubriendole el rostro, como si fuera las serpientes de Medusa, habia un hombre. Estaba desnudo; solo llevaba un diminuto taparrabos.

Swift y Jameson se quedaron tan atonitos que no pudieron articular palabra. Con una temperatura de quince grados bajo cero, a ninguno de los dos se le habia pasado por la imaginacion que las huellas pudieran ser las de un hombre que andaba descalzo.

– He aqui a nuestro yeti -dijo Jameson al fin-. El cabron de Boyd se reira de lo lindo cuando se lo contemos.

– ?Quien es? -le pregunto una Swift exasperada al sirdar-. ?Y que hace aqui?

– Hindu sadhu -explico Hurke Gurung-. Un seguidor de Siva.

Senalo un tridente de madera que habia en el suelo junto a una fina tunica, como si aquello a ellos les dijera algo. -Ha tenido que parar aqui por la niebla, igual que nosotros. Practica yoga tummo. Muy bueno para mantener el calor, no necesita ropa. -El sirdar se froto el vientre, un gesto que podia interpretarse como que tenia hambre-. El tiene el cuerpo muy caliente en el interior.

– Dios, solo de mirarlo me entran escalofrios -reconocio Jameson.

– A mi tambien -dijo Swift.

– Esta posicion llamada mayurasana. Temo no saber palabra inglesa para mayara.

– Pavo real -dijo Jameson, y se encogio de hombros como reflexionando sobre lo exacto de la traduccion-. Si, me imagino que eso es lo que significa. Antes de que el pavo real levante y despliegue las plumas de la cola en forma de abanico, esta permanece estirada y paralela al suelo.

El sirdar seguia frotandose el vientre.

– Exacto, sahib. Tambien sirve para hacer fuertes musculos de la barriga.

– Ni que lo digas.

– Como mayara mata serpiente, asi mayara mata veneno del cuerpo. Genera mucho calor. Justo como la cabina de combustible Semath Johnson-Mathey.

Lentamente, el sadhu puso los pies en el suelo y adopto la postura de loto o padmasana.

Haciendo varias reverencias, Hurke Gurung saludo al sadhu con un namaste; cuando el asceta barbudo le devolvio el saludo, empezo a hablar con el.

– O, daai. Namaste. Sadhuji, tapaa kahaa jaanu huncha? Bhannuhos?

Estuvieron unos minutos hablando los dos y, durante gran parte de la conversacion, el sirdar mantuvo las manos juntas, como si le rezara al sadhu. Finalmente, se volvio hacia sus companeros occidentales.

– Es un hombre muy santo -explico en un tono de voz que denotaba una extrema reverencia-. El es el swami Chandare, un dasnami sannyasin del gran Siva. Ha hecho el voto mas estricto de la nada para someter su mente a disciplinas fisicas y espirituales.

El swami asintio lentamente como si comprendiera lo que decia el sirdar.

– Pasa la vida andando por el Machhapuchhare, dice que es el cuerpo de Siva, el destructor de todas las cosas, para dejar via libre a nuevas creaciones. En el pasado estuvo en la India, para estar cerca de otra montana. Se llama Astilla; dice… siento tener que decir estas palabras en su presencia, memsahib… dice que es miembro de Siva.

El sirdar sacudio la cabeza, expresando asi su desaprobacion.

– Como, desde entonces, he visto esta montana y es solo la sombra del sol en la montana lo que a veces mira como el miembro de un hombre. Runcha. Le he dicho que somos personas de mentalidad muy cientifica que hemos venido a buscar yeti y swami ahora pregunta: ?por que quieren encontrarlo, por favor?

– ?Ha visto el swami algun yeti, Hurke? -pregunto Swift.

– Oh, si, por favor, memsahib. Una vez, mientras rezaba en la ladera del Machhapuchhare, abajo, llego un yeti que llevaba una piedra muy grande en su brazo poderoso. Yeti parecia muy fiero, muy fuerte. Pero swami no tenia ningun miedo para nada. En todos estos anos ha visto muchas veces yetis pero nunca le han hecho dano. Solo porque yeti sabe que el no quiere hacer ningun dano a yeti. ?Entienden? Yeti incluso ayuda al swami con dhyana. Jameson sahib, ?en ingles bhaasha maa kasari dhyana bhanchha?

– Meditacion.

– Meditacion, si -asintio el sirdar-. Swami dice que yeti no le habla pero es muy listo.

El swami volvio a dirigirle la palabra a Hurke Gurung.

– Swami pregunta por que queremos encontrar yeti, otra vez por favor.

– Dile que no es nuestra intencion hacerle ningun dano al yeti -dijo Swift-. Solo deseamos estudiarlo.

– Entonces, ?por que llevan arma, por favor? -dijo Gurung traduciendo la respuesta del swami.

Jameson se saco del bolsillo la jeringa Cap-Chur cogiendola por la cola de tela, doblo el canon del arma e hizo una especie de demostracion metiendola dentro de este. Despues volvio a extraerla y explico en un nepales fluido que aquel rifle solo contenia una pequena dosis de un somnifero, suficiente para inmovilizar a la criatura durante una hora o menos.

El swami cerro los ojos un momento y murmuro unas palabras para si. Cuando volvio a hablar, lo hizo en ingles.

– Para comprender la inteligencia de un yeti -dijo con una vocecita debil y aguda-, hay que ser el doble de

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