que no sabia nada.

La dosis de ketamina que habia que administrar a los grandes simios era de dos a tres miligramos por kilogramo de peso corporal. A Miles no le quedaba mas alternativa que imaginar el peso de la criatura; por las descripciones que Jack y el sirdar habian dado del yeti, del que habian dicho que era una tercera parte mas grande que un gorila de espalda de pelo blanco adulto, debia de pesar entre doscientos y doscientos veinticinco kilos. Pero teniendo en cuenta el examen de las pisadas efectuado por el sirdar y su propia opinion, segun la cual estaban persiguiendo a un yeti joven, habia preparado tambien una jeringa Cap-Chur que contenia una dosis mucho mas pequena.

Antes de abandonar el CBA, Jameson examino la enorme jaula que el y unos sherpas habian montado el dia anterior. Si tenian la suerte de capturar un especimen vivo, lo encerrarian en ella. Transportarlo sobre una litera en aquella jaula seria bastante menos facil, y se dijo que, si el tiempo lo permitia, a lo mejor tendrian que pedir un helicoptero.

Jameson cogio un Zuluarms, inserto un casquete de percusion en el canon del rifle y una jeringa Cap-Chur, que contenia una droga menos fuerte, en el canon de la escopeta. Despues paso el fiador, se metio en el bolsillo un par de jeringas mas, cuyas puntas protegio bien, cogio los prismaticos, se echo el rifle al hombro y subio la escalera del refugio para reunirse con Swift y el sirdar.

DOCE

La gran tragedia de la ciencia: la muerte de una hipotesis hermosa a manos de un hecho desprovisto de belleza.

T. H. Huxley

El yeti, o lo que fuera aquel animal, habia bajado por el valle hacia el lugar en el que en verano estaba el campamento base del Machhapuchhare, o CBM, formado por dos o tres refugios sepultados ahora bajo varios metros de nieve, a los pies de la montana de Siva. Desde el CBA hasta el CBM, que estaba cuatrocientos veinticinco metros mas abajo, habia una distancia que se recorria en mas o menos una hora y media. Era facil seguir el rastro de las huellas, que casi parecian, por su aparente obstinacion, las huellas de un ser humano. Tras mas de una hora de observar aquella hilera practicamente recta de pisadas, el sirdar senalo unas marcas que habia en la nieve y que indicaban que el animal que buscaban se habia sentado en una roca.

– Yeti aqui se cansa -se rio.

– Se perfectamente como ha debido sentirse -dijo Swift, vencida por la fatiga.

– ?Se encuentra bien, memsahib?

– Cansada, pero es soportable, Hurke.

– Quiza hizo un alto en el camino para fumarse un pitillo -sugirio Jameson encendiendose uno y ofreciendole la cajetilla al sirdar.

– Yeti tambien es hombre Marlboro, ?eh? -Hizo un gesto negativo con la cabeza rechazando lo que le ofrecian-. Pero mejor no perder tiempo, Jameson sahib. Me parece que el tiempo cambiara pronto. Nada bueno para nosotros. Malo para seguir huellas. Solo bueno para yeti.

Senalo hacia arriba, hacia el lugar de donde venian.

– Senor -exclamo Swift-. No me habia dado cuenta de lo lejos que estamos.

Cuando habian partido, el cielo era de color azul intenso y resplandeciente. Hacia solo un cuarto de hora, al alzar la vista, habia visto unas cuantas nubes que empezaban a cercar el sol como lobos grises atraidos por el calor de una hoguera. Despues advirtio que se habia formado una densa niebla y que era imposible ver nada a mas de cien metros. Era una sensacion que llenaba de pavor, porque parecia que la niebla les estuviera persiguiendo a ellos, que perseguian a su vez a aquel ser misterioso.

– El tiempo cambia muy de prisa en el Himalaya -dijo el sirdar, que se dispuso a reemprender la marcha.

Al cabo de media hora, dejaron atras el Machhapuchhare.

– Tal vez el yeti sabe que esta prohibido escalar el Machhapuchhare -se rio Jameson-. Igual que todos nosotros.

– Yo he pensado lo mismo -sonrio Swift.

– Suerte que por lo menos no tenemos que volver a subir. Me parece que hoy no hubieramos podido llegar muy lejos.

El rastro de las huellas les condujo pronto a la salida del Santuario y, despues de cruzar unos riachuelos que si no estaban helados era solo porque el agua corria demasiado de prisa, pasaron por un barranco que bordeaba un bosque ralo. A veces Swift perdia totalmente de vista el rastro de las pisadas, cuando la criatura saltaba los riachuelos o se arrojaba de las cornisas que habia en el barranco, pero el sirdar siempre adivinaba, aunque no se supiera como, por donde seguia. Al final, sin embargo, cuando la niebla les envolvio como una fria mortaja hasta el punto que apenas podian verse unos a otros, incluso el perdio el rastro.

– Ek chhin, ek chhin -murmuro, mientras sus ojos penetrantes de gurkha escudrinaban el suelo cubierto de nieve-. Un momento, por favor, sahibs. Kun dishaa? Kun dishaa?

– ?En que direccion? -tradujo Jameson para que Swift se enterara de lo que habia dicho el sirdar.

– Huncha -dijo. Y anadio-: Ustedes esperan aqui, por favor. Yo doy una vuelta y miro quiza diez minutos, quiza quince. Intento encontrar el rastro y vuelvo, ?huncha?

– Huncha -asintio Jameson.

El sirdar se llevo a la cara las palmas de sus manos enfundadas en guantes de lana, como si fuera a rezar.

– Namaskaar -dijo.

– Namaste -repuso Jameson, devolviendole el saludo.

El gurkha se alejo rapidamente de alli.

– Por favor, no alejarse, sahibs -grito por encima del hombro-. Sherpa conoce el lugar, aun con niebla, aun si no puede ver nada. Pero peligroso para sahibs.

Al cabo de un momento se desvanecio como un espectro.

Jameson encendio otro pitillo y dio vagamente un golpe en la nieve con el pie. Swift se sono la nariz y despues un escalofrio sacudio su cuerpo.

– Me figuro que sabra lo que hace -comento.

– Es un buen hombre -dijo Jameson descolgandose el rifle del hombro.

– Tengo que decir que no me haria ni pizca de gracia tener que volver al CBA sin el. -Echo una mirada a su alrededor, inquieta-. Este tiempo es puro… Wilkie Collins.

– Es un escritor ingles, ?verdad?

Swift asintio.

– Es una putada, ?no? Si llegamos a tropezamos con un yeti, lo mas probable es que no pueda utilizar el rifle porque estaremos demasiado cerca. A una distancia de menos de veinte metros la jeringa puede causar una fractura o incluso atravesar el cuerpo. No se por que no se me ocurriria traer una pistola.

– ?Es posible? Me refiero a si de verdad podrias herirlo.

– Desde luego que podria. -Jameson dio una calada al cigarrillo, impaciente-. Pero aun en el caso de que pudiera alcanzarlo, no estoy seguro de que me apeteciera correr detras de el con este tiempo. Quiero decir que hay que perseguir siempre a la bestia a la que se alcanza, porque podriamos romperle una pierna o causar algo peor. No, cuanto mas pienso en ello…

Jameson doblo el canon del arma, saco la jeringa, tapo la punta parecida a una estilografica y se la metio en el bolsillo.

– Por si acaso tengo tentaciones -explico.

Swift asintio con la cabeza.

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