ahora que la industria turistica del Nepal se ha venido totalmente abajo por culpa de la amenaza de guerra en el Punjab, puede que el Himalaya este mas tranquilo de lo que ha estado en los ultimos cincuenta anos. Quiza desde que personas como nosotros empezaron a venir aqui, el yeti nunca habia conocido semejante tranquilidad; por eso nuestra expedicion tiene las mejores cartas para tener exito.

– Solo seran buenas cartas si renuncian a la guerra -observo Warner-. Solo si esos carcamales se abstienen de lanzar bombas nucleares. -Sacudio la cabeza, nervioso-. Porque si lo hacen, es imposible saber que ocurrira. Puede que entonces no sea unicamente el paradero del yeti lo dificil de encontrar, puede que nosotros mismos tambien nos perdamos.

– El periodo acordado de reflexion juega a nuestro favor -dijo Swift armandose de paciencia-. Es el plazo que nos han dado. Tres meses es tiempo mas que suficiente para explorar a fondo la zona, salir del pais y volver a casa -anadio; despues se quedo callada y le lanzo una mirada a Jack.

»Pero hay otro factor que puede ser para nosotros una ventaja. Las autoridades nepalesas creen que hemos venido aqui a buscar fosiles en el Annapurna. Como algunos de vosotros ya sabeis, en realidad vamos a centrar nuestra busqueda en otra montana, el Machhapuchhare, o pico Cola de Pez, como la llaman algunos alpinistas. El acceso al Machhapuchhare y a sus alrededores esta prohibido a los escaladores, pero como en realidad tampoco tenemos planeado subir muy arriba, todo lo mas, seguramente, a unos cuatro mil quinientos o cinco mil metros de altura, creemos que no estamos infringiendo las normas sino solo flexibilizandolas en nombre de la ciencia. Vamos a explorar una zona que nos consta que nadie ha explorado con anterioridad, pero en la que se han dado tres casos de personas que han visto al yeti a lo largo de los ultimos veinticinco anos. Y ha habido otros en el Santuario, por no hablar de los huesos que Jack hallo en la ladera del Annapurna.

»Podra pareceros un optimismo exagerado venir hasta aqui con la esperanza de encontrar un yeti, sobre todo si se piensa en la escalofriante cantidad de anos que esta criatura debe de haber permanecido sin que nadie la descubriera. Pero, si se juntan todos los factores que he mencionado, considero que las probabilidades de que logremos nuestro proposito son muy grandes. Nadie ha estado nunca tan cerca del exito. Y no olvideis que, al hallar el craneo a solo unos dos kilometros de aqui, Jack ya ha aportado mas pruebas de la existencia del yeti que todas las que se han aportado hasta ahora.

»Senoras y senores, si no lo encontramos nosotros -anadio Swift para terminar-, no creo que nadie lo haga nunca.

Jack y Swift fueron los ultimos en retirarse de la concha aquella primera noche. Cuando los demas se hubieron acostado, los dos se quedaron con el unico proposito de poder estar a solas. Jack habia aceptado la propuesta de Swift de dormir separados; segun ella, y Jack estuvo de acuerdo, convenia que se centraran exclusivamente en la expedicion y, si mantenian relaciones intimas, eso supondria solo una distraccion. Por eso le sorprendio que ella le rodeara la cintura con los brazos y le abrazara fuertemente.

– No me puedo creer que estemos aqui -le dijo-. Gracias, Jack. Sin ti no habria sido posible.

– Me gustaria poder decir que me ha encantado volver a este sitio -confeso-, pero la verdad es que me pone muy nervioso. Es como si supiera que hay algo que debo hacer y que no hago. Tal vez sea el hecho de que se que no voy a escalar. Es extrano, pero si supiera que manana por la manana iba a ascender por la vertiente suroeste, me sentiria mas tranquilo. Supongo que es lo que deben de sentir los pilotos de carreras que van de espectadores a un gran premio sabiendo que no van a poder participar en el.

Jack sacudio la cabeza y sonrio al pensar en lo que acababa de decir. Casi se habia convencido a si mismo.

– Has hecho un buen discurso, Swift.

– ?De veras lo crees asi? Tenia la sensacion de que era preciso decir algo despues de que ese tonto del culo empezara a jactarse de que no creia en la existencia del yeti.

– No es mala persona. No os da la gana de entenderos.

– Puede que tengas razon. ?No crees que mi discurso ha sonado como el discurso de un candidato? Decir cualquier cosa, aunque sea mentira, para que te elijan. ?Entiendes lo que quiero decir?

– Pero tu creias lo que decias, ?verdad?

– Pues claro. Pero… ?y ellos?

Jack se encogio de hombros.

– A veces, cuando estas al frente de una expedicion como esta, tienes que decir cosas, aunque no sean verdad, para que la gente se mantenga unida y no te abandone. No importa si la gente se cree o no lo que dices; lo importante es que vean que tu te lo crees. En esto consiste mandar. Si quieres mandar, tienes que comportarte asi.

Swift asintio en silencio. Despues solto un gemido y se froto las sienes.

– ?Tienes dolor de cabeza?

– Hum, no se si es la altura o el bourbon.

– Seguramente la altura. Tienes que beber mucha agua antes de acostarte.

Swift bostezo.

– Tal vez manana por la manana ya me haya aclimatado. Jack se rio.

– Lo dudo. Uno no se aclimata totalmente hasta pasadas siete semanas. Si manana por la manana no te encuentras mejor, te dare un poco de Lasix.

– Si no le importa, doctor, me parece que esto es un poco dar palos de ciego.

– Aqui arriba no existen leyes matematicas -le explico el-. Cada cual debe aprender por si mismo, o por si misma, lo que mejor le conviene. Y ahora lo que nos conviene a los dos, me parece, es acostarnos y descansar. Yo en tu lugar, me tomaria un par de Seconales y me meteria en la cama.

– Muy bien. -Swift sonrio-. Me has convencido.

Se pusieron la ropa a prueba de tempestades y se aventuraron a salir; hacia una noche tan fria y el viento era tan fuerte que casi tira a Swift. Con los ojos cerrados para protegerse del vendaval, se agarro a Jack, que le grito algo que ella no oyo. La corriente de aire y de ruido se llevo rapidamente sus palabras glaciar abajo. Despues de andar con mucho trabajo varios minutos cogiendose a la barandilla de cuerda, llegaron al pozo al que habian quitado la nieve y que conducia a los refugios. Jack le indico que bajara ella primero y luego el descendio por la escalera.

Cuando llegaron abajo, Swift le dio las buenas noches, le beso y se fue a su cuarto, frio y oscuro. Tal como Jack le habia dicho, se tomo un Seconal y bebio un vaso bien lleno de agua, se quito la ropa que se habia puesto para salir, subio a su litera y se metio en su saco de dormir, sin poder evitar la sensacion de que la enterraban prematuramente, como el personaje de la historia de Edgar Alian Poe. Jutta Henze, que ocupaba la litera de abajo, estaba ya dormida, como si la claustrofobia, que ahogaba a Swift y que ella intentaba combatir, no la hubiese afectado lo mas minimo. Mientras esperaba que el somnifero le hiciera efecto, escuchaba el viento e intentaba distinguir los multiples ruidos que oia: el redoblar de tambores, una toalla de bano grande ondeando en el tendedero, disparos a lo lejos: El Almamein, un periodico zarandeado y doblado por la mitad, un tren que pasaba a toda velocidad por un anden desierto. El viento del Himalaya era como un ser vivo, pues hasta podia convertirse en una voz: el llanto de un nino, el chillido de un pavo real o los lamentos de un alma en pena; y, a veces, si ponia mucho empeno en ello, podia oir el aullido del mitico hombre-simio de las montanas…

ONCE

Aquellas huellas me impresionaron y me dejaron harto confuso. Pero mis sherpas las miraron y no les cupo ninguna duda. Sonam Tensing, una persona sumamente juiciosa a la que conocia desde hacia mucho tiempo, dijo: «Son de yeti.» Yo poseo una mente abierta, no tengo ideas preconcebidas. Pero mis sherpas miraron aquellas huellas y no les cupo ninguna duda.

Sir Eric Shipton

El dia amanecio radiante despues de la noche de tormenta; el cielo era de un azul tan intenso como los ojos

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