altura de cinco mil quinientos metros, en la ladera del Nuptse, y habia un hijo puta que queria robarnos.
»Entonces me puse a gritar como un loco y le dije a aquel ladron de mierda que lo iba a matar en cuanto le pillase. Pero justo cuando fui a bajar la cremallera de la tienda para salir, me quede petrificado, porque oi una respiracion que no era la de un ser humano. Era algo mucho mas grande que un hombre, ?me entendeis? Y al tiempo que ocurria esto, me llego un olor fuerte y desagradable. Apestaba a animal, ?lo entendeis?
– Ya lo entiendo -le interrumpio Boyd-. Lo que dices es que, fuera lo que fuera aquello, apestaba, ?no?
MacDougall le lanzo a Boyd una mirada asesina, pero Boyd estallo en carcajadas riendo su propia gracia.
– Si, quiza si -repuso entreabriendo los labios y dejando al descubierto sus dientes mellados y picados-. El caso es que, fuera lo que fuera, al cabo de un momento el cabron se fue corriendo. Corriendo con los dos pies. Y muy de prisa, ademas. Entonces me asuste. El tio con el que compartia la tienda tambien lo habia oido y estaba tan muerto de miedo como yo. Abri la tienda y nos asomamos un poco. Fuera lo que fuera se habia esfumado sin dejar rastro. Ninguna huella, nada. Supongo que el suelo era demasiado duro. Pero las provisiones…
»Incluso ahora, cuando pienso en ello, todavia siento escalofrios. Las provisiones y las cosas estaban todas por el suelo cubierto de nieve repartidas con toda precision, como cuando uno coloca sobre la cama sus pertrechos el dia de inspeccion en el ejercito. En las mochilas habia unas hebillas muy pequenas abiertas. No estaban rotas, ni mordidas, ni nada, no, no habian intentado arrancarlas. Solo las habian desabrochado. Aquello no podia haberlo hecho ningun animal, en todo caso solo un mono o un simio, quiza. Pero no un animal con garras. Para hacer aquello habian utilizado los dedos.
Mac sacudio la cabeza y metio su diminuta mano en el bolsillo de la chaqueta.
– Hice una fotografia de todo, tal como lo encontre. Ahora que lo pienso, probablemente dispare un carrete entero. Pero esta es la mejor. Por razones obvias, la he llevado encima desde que empezamos esta maldita excursion.
Swift habia visto ya la fotografia de Mac. Al igual que la historia que habia contado, saldria en el libro que tenia proyectado escribir sobre el yeti. Aunque no hallaran ningun especimen vivo, el craneo era material suficiente para establecer hipotesis solidas.
Mac le dirigio una mirada acusadora a Boyd y le dio la fotografia, como retandole a contradecirle.
– Una foto, ?vale? -le dijo-. No es ninguna alucinacion. No es nada provocado por el mal de altura. No es ninguna pelicula de terror de la Hammer. Es una fotografia.
Mac senalo con el dedo la fotografia que Boyd tenia en la mano y su rostro palido enrojecio, como si alguien le hubiera conectado a la cabina de combustible Semath Johnson-Mathey.
– ?Quieres decirme si una alucinacion pudo haber esparcido mis cosas de este modo? Contestame.
Otro pedazo de hielo volvio a golpear la tienda y todos dieron un respingo, asustados.
– ?Me dejas ver la foto? -le pregunto Jameson a Boyd despues de que este la hubiera mirado unos segundos.
– Puede que fuera un mono de la India -afirmo Boyd al tiempo que le daba la fotografia a su companero.
– Que mono ni que leches -refunfuno Mac-. Era un animal grande.
– Has sido tu quien has dicho que podia tratarse de un mono -replico Boyd-. Y como tu mismo has confesado, no lo viste, asi que ?como puedes estar tan seguro de que era un animal grande?
– Yo te creo, Mac -dijo Jameson dandole una palmada en el hombro al fotografo escoces-. Los monos de la India, por lo que se, no miden mas de un metro.
– Si, yo tambien se que no miden mas de un metro -dijo Cody.
– Pues yo nunca he oido que los monos de la India se alejaran mucho del bosque. Si subiera por una montana, se arriesgaria facilmente a que lo devoraran los leopardos de las nieves.
El acento de Zimbabwe de Jameson, que para un oido que no estuviera acostumbrado a el sonaba como el acento sudafricano, les parecia a algunos de ellos tan fuerte que tenian que hacer un gran esfuerzo por comprender lo que decia. Swift se dijo que era otra de las razones por las que el y Mac se entendian tan bien. El acento de Mac era igual de fuerte y a veces igual de ininteligible. Su amistad intima era tan inefable como dificil de entender.
– Eres escoces, ?verdad, Mac? -le pregunto Boyd.
– ?Seras tonto, yanqui finolis? ?A que viene hacer preguntas estupidas?
– Solo queria saber si tambien crees en las historias del monstruo del lago Ness -le contesto Boyd.
– No todos los escoceses creemos en el monstruo del lago Ness, como tampoco todos los yanquis creeis en Santa Claus.
Mac se saco una cajetilla de tabaco del bolsillo de la pechera de la chaqueta y encendio un cigarrillo con rabia.
Boyd alzo las manos pidiendo calma.
– Eh, ?que quieres que te diga? Ni siquiera creo en la evolucion. Si tengo que serte sincero, esta todo explicado en la Biblia.
– ?La Biblia? -Mac solto una sonora carcajada-. El monstruo del lago Ness y el yeti me parecen de lo mas normal comparados con la dichosa Biblia. Senor, he leido comics para ninos que son mas creibles que la Biblia.
– ?No crees en la evolucion? -Jack enarco las cejas-. Es extrano que eso lo diga un geologo.
– Ciertas investigaciones sobre la edad de la tierra han aportado pruebas de que nuestro planeta puede tener muchos mas anos de lo que sostienen los darwinistas -dijo Boyd-. Tal vez tenga 175.000 anos. Muchos geologos, y yo entre ellos, creemos que solo un modelo catastrofista del cambio puede dar cuenta del estado actual de la tierra. Muchos de los supuestos en que se basaba Darwin pueden ser erroneos.
– Se han cargado a Darwin decenas de veces -sonrio Swift-. Y sin embargo, el no se deja enterrar. Con las ideas que tienes, Jon, no me extrana que decidieras hacerte climatologo.
– Pues tienes toda la razon -convino el-. Solo que no decidi hacerme climatologo. Me vi obligado a serlo por las circunstancias. Porque mis teorias sobre la geologia fueron consideradas una herejia. En mi opinion, los darwinistas contemporaneos no son menos intolerantes que la Inquisicion espanola.
Byron Cody se aclaro la garganta por ver si asi lograba evitar las opiniones encontradas.
– Tal vez, dadas las circunstancias -sugirio moviendo la cabeza y con una sonrisa en la boca-, seria mejor dejar la discusion para otro momento.
Cody siguio meneando la cabeza y siguio sonriendo afablemente. Al zoologo especializado en primates de Berkeley le parecio una forma de comportarse simiesca que se adecuaba a su personalidad.
Swift repaso con la mirada las caras de sus companeros de equipo. Cody tenia razon. Si se ponian a discutir acaloradamente, por mas que fuera en terminos cientificos, la moral se resentiria. Tal vez, penso, dado que soy la maxima responsable por haberlos traido hasta aqui, deberia intervenir, pronunciar algunas palabras educadamente y dar la discusion por zanjada.
– Mirad, voy a deciros por que creo que nuestra expedicion tiene bastantes probabilidades de demostrar al mundo que el yeti existe, aunque otras hayan fracasado, como la expedicion britanica patrocinada por el Daily Mail en 1953. Escogieron la region de sherpas de Sola Khumbu del noreste del Nepal y llevaron a cabo en ella sus pesquisas.
– Esta cerca del Everest -intervino Jack-. Es una tierra inhospita.
– No estamos precisamente en una zona residencial -senalo Lincoln Warner, en un momento en que se oyo una fuerte rafaga de viento.
– No, es verdad -dijo Swift-. Pero creo que fracasaron por diversas razones y el hecho de que se efectuara hace cuarenta anos no es de las menos importantes. El Himalaya encerraba entonces mas misterios de los que encierra ahora, pues estamos mucho mejor equipados para poder encontrar al yeti ahora de lo que estaban en 1953.
– Ni que lo digas -murmuro Jack.
– Creo tambien que algunas de aquellas expediciones fracasaron porque se emprendieron en una epoca del ano en que solo podian fracasar. Tened presente que muy probablemente se trate de un animal extremadamente asustadizo y reservado. Mucho mas aun que un panda gigante o un gorila de las montanas.
– Un gorila -apunto Cody- es capaz de recorrer largas distancias con el objetivo de esquivar a los seres humanos.
– En primavera, verano y otono -prosiguio Swift-, el yeti debe de permanecer a una mayor altura para alejarse de los turistas. Quiza solo en invierno, cuando ya casi no hay turistas, se atreva a bajar. Y desde luego,
