Muda por la fatiga, Swift hizo un movimiento afirmativo con la cabeza y se tumbo de espaldas en la nieve con la vista fija en el Machhapuchhare que, mucho mas cerca ahora, se alzaba por encima del rinon como las murallas de un enorme castillo blanco. Una obra construida por Ludwig de Baviera, el rey aquel que habia perdido la razon. Habia algo en aquella montana que le conferia, en efecto, el aspecto de un edificio de cuento de hadas. Las paredes de la cima eran tan verticales que unicamente el pico propiamente dicho estaba cubierto de nieve, como el logotipo de la Paramount Pictures. ?O era el de la Columbia? No lo recordaba. El viento cortante del Himalaya habia dispersado la nieve con tanta delicadeza que parecia que la cumbre estuviera luchando por desprenderse de la gran masa que habia a sus pies, pero no lo conseguia porque esta era como una membrana blanca pegada con cola de impacto. El monte de Siva era muchisimo mas impresionante visto desde la cima del rinon que visto a cinco kilometros de distancia y seiscientos metros mas abajo, desde el glaciar en el que estaba el CBA. Cerro los ojos e intento imaginarse en Berkeley, en su casa, metida en la cama o en la banera llena de agua caliente, pero fue un breve ensueno que Jack, que ya estaba dando ordenes, interrumpio.

– ?Mac? Tu y Miles os quedais aqui y acabais de montar el campamento. En cuanto nos hayamos terminado el te, Swift y yo continuaremos buscando a los yetis. Seguiremos el rastro y volveremos antes de que anochezca.

Algo que habia en la nieve, cerca de ella, la hizo apartarse, asqueada. Era el cadaver de un animalito peludo, de unos cuarenta y cinco centimetros de largo, al que habian dejado sin visceras.

– ?Uf! ?Que es? -pregunto.

Jameson lo miro por encima.

– Una marmota muerta. Probablemente un aguila le comio las entranas. Tuvo suerte, porque es dificil encontrar carne por estas montanas.

Swift se incorporo despacio y cogio la taza de te humeante que Miles le ofrecia. Queria decir que no se veia con fuerzas de ir, que estaba acabada, que ya no podia dar ni un paso mas, y lo hubiera dicho de no ser porque no tenia ni idea de como se montaba una tienda. Ademas, la idea de seguir el rastro de los yetis habia sido suya, y de nadie mas. Asi que se lo penso mejor.

– ?Vamos a pasar la noche aqui, Jack?

– En principio, si.

Swift lanzo una mirada a la tienda y fruncio el entrecejo. Despues del lujo de los refugios sepultados bajo la nieve y la concha climatizada, la tienda Stormhaven parecia tan fragil como un farolillo de papel. Sorbio el te ruidosamente y fijo la vista en el valle que se extendia a sus espaldas hacia el macizo en forma de pulpo que es el Annapurna. Se dio cuenta de que Jack tenia razon, podia haber estado a treinta kilometros. Era imposible seguir el rastro de los yetis y regresar al CBA antes de la caida de la noche.

Se termino el te e inspecciono la depresion llana que habia en la cima del rinon por si veia pisadas de los yetis. En aquel momento advirtio que el banco de hielo flotante se extendia tambien entre el rinon y el pie de la montana y que las pisadas llevaban a el.

– A partir de ahora necesitaremos crampones y piolets -dijo Jack, que le estiro las piernas a Swift y le fijo unas puntas amarillas, de aspecto letal, en las suelas de las botas. Cuando acabo, la ayudo a levantarse.

– ?Que tal?

– ?Que? ?Las piernas? Es como si no fuesen mias, como si fueran las piernas de otra persona. De una persona vieja y lisiada.

– Me referia a los crampones.

Swift levanto un pie y luego el otro.

– Supongo que bien.

– Si se te aflojan, dimelo y te los ajustare.

Jack le puso la empunadura recubierta de goma antideslizante de un piolet DMM en la mano enguantada. Swift lo levanto experimentalmente y asintio, pero al ver que Jack se ponia un arnes de pecho y que luego recogia del suelo una cuerda enroscada no pudo reprimir un ataque repentino de ansiedad.

– ?Que es esto? ?Tienes intencion de remolcarme? -pregunto esperanzada al pasarle el la cuerda por la cintura.

– Solo si no me queda mas remedio.

Con sus manos expertas hizo un nudo en forma de ocho a un metro del extremo de la cuerda y medio nudo de pescador en la cuerda principal. Despues la engancho al mosqueton que colgaba del arnes de pecho.

– El ocho es un nudo que sirve de freno -explico-. Por si ocurre que tienes que pararte de golpe.

– Jack, no necesito ayuda para pararme, la necesito para ponerme en marcha. Atame un nudo que me haga mover las piernas. -Sacudio la cabeza, exasperada-. ?Por que habria de querer pararme de golpe?

Mac solto una sonora carcajada.

– No hay forma de que lo entienda, Jack.

– ?Que tengo que entender?

– Que puedes caerte por una grieta, querida. -Mac volvio a reirse-. Por eso puede que quieras pararte de golpe. ?Para no precipitarte hasta el fondo!

– Fantastico. -Swift se trago una mezcla de terror y de amor propio herido.

Para gran desconsuelo suyo, Mac saco de improviso una camara compacta y, sin dejar de reirse, le hizo una fotografia.

– Esta para el album. Anda, querida, ten un poco de fe. ?No sabias que la fe mueve montanas?

– ?Ah, si? -Esbozo una breve sonrisa-. ?Y para que?

Jack se colgo al hombro el rifle Zuluarms de Jameson.

– Tu primera, Swift. Asi, si te caes, podre salvarte.

– Que tranquilizador.

Se cargo la mochila a la espalda y le dio a Swift una cuerda enroscada.

– Toma -dijo-. Cogela. Y ahora tomatelo con calma. No pierdas de vista las huellas de los yetis. Lo mas probable es que sepan mucho mejor que nosotros donde estan escondidos los peligros.

Swift se ajusto las gafas de sol, se subio del todo la cremallera del anorak y lanzo un suspiro, incomoda.

– ?Por que tengo la sensacion de que me ponen a prueba, de que me tienden una trampa? -refunfuno.

A continuacion se puso en marcha en direccion al corredor de hielo que se extendia a lo largo de la parte superior del glaciar y que terminaba en un punto donde un picacho que se hallaba enmarcado por el centro de la pared escarpada lo dividia en dos.

El segundo grupo de exploradores recorria un valle que quedaba al noreste del CBA y que conducia al Annapurna III cuando Lincoln Warner les dio por radio la noticia de la muerte de los cinco sherpas y de que habian visto dos yetis.

– Me imagino que no hay ninguna posibilidad de que alguno de estos hombres este con vida, ?verdad? -dijo Cody.

Jutta meneo la cabeza.

– Las personas que caen en una grieta por lo general no sobreviven. Es como caer por un precipicio.

– Que desgracia que haya ocurrido esto. ?Que es lo que se hace habitualmente en estos casos, Tsering? ?Debemos de volver e intentar rescatar los cuerpos?

El joven sirdar ayudante nego con la cabeza lentamente.

– Dudo que semejante cosa sea posible. De hecho, podria costar la vida a muchos mas hombres. Pero ?que mejor sepultura para un sherpa que la nieve y el hielo donde ha caido? Ya habra tiempo para las ceremonias. Pero este no es el momento, Cody sahib, y usted vera como los supervivientes se comportaran con dignidad y no mostraran en exceso su dolor.

Cody asintio educadamente, pero penso que Ang Tsering era un tonto del culo, pomposo y creido. Sentia animadversion por el sirdar ayudante, porque creia que era engreido y no podia comprender que Jutta estuviera tan deseosa de ayudarle a perfeccionar su aleman. O tal vez ocurria solo que, al igual que muchos otros de su raza, pensaba que los que hablaban aleman tenian que asestarles un azote en la cara a los que hablaban ingles. Fuera como fuera, Cody estaba cansado de oir como se pedia en aleman un plato en un restaurante, o como se contaba o como reservaba uno una habitacion en un hotel. Hasta Tsering, sospechaba Cody, mostraba ya senales de hastio por todo lo teutonico.

Tsering anduvo un corto trecho y subio hasta lo alto de la pendiente en la que estaban. El mensaje de Warner

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