que el corazon le saltaba en el pecho hacia arriba, como si con aquel movimiento pudiera ayudarla a arrastrar su cuerpo hacia arriba.
El grito que salio de sus labios agrietados se amplifico instantaneamente, mientras el gran vacio azul y negro de hielo y nieve se la tragaba.
De camino hacia el campamento mal equipado y reducido, a Cody, Jutta y Ang Tsering les salio al encuentro un perro. No era la clase de perro cruzado que Cody habia visto tantas veces en el Nepal, sino un animal muy normal y corriente, que incluso llevaba un collar. Al oir que el perro empezaba a ladrar, un asiatico oriental robusto y fuerte salio de una de las tiendas mas bien sucias. Ang Tsering junto las manos en un gesto de cortesia, inclino ligeramente la cabeza y le dirigio la palabra.
– Namaste, aaraamai hunuhunchha?
El hombre no contesto.
– Tapaai nepaali hunuhunchha? -pregunto Tsering haciendo otra ligera reverencia. Al ver que su interlocutor sacudia la cabeza, anadio-: Tapaaiko ghar kahaa chha? ?Tiene usted la amabilidad de decirme de donde es?
El hombre solto un grunido.
– Chin.
– Achchha.
Tsering se volvio hacia Jutta y Cody.
– Es chino -dijo negando con la cabeza, y agrego-: Yo no hablo chino.
– Yo lo hablo un poco -dijo Cody, que dio unos pasos adelante e intento decir algunas palabras en mandarin.
– Nin hao -solto con una sonrisa en la boca-. Nin hao Byron. Wo Xing Cody. Nin gui xing?
– Wo xing Chen -gruno el chino con su tono de voz de malos amigos.
– Wo shi meigno -dijo Cody-. Ni zuo shenme gongzuo? ?Que hace usted aqui?
El chino fruncio el entrecejo y se quedo un momento pensativo.
– Wo bu dong -dijo al fin (no lo entiendo)-. Qing ni zai shuo yibian? -?Puede repetirme la pregunta, por favor?
– Keyi -contesto Cody (por supuesto).
En aquel momento salieron otros hombres. Cody conto cuatro. Tres de ellos miraban a Tsering y a los dos occidentales con visible desconfianza, pero el cuarto se adelanto y los saludo educadamente.
– Nin hao -dijo el cuarto hombre-. Si, hablo ingles. Bienvenidos.
– Estupendo -exclamo Cody-. Somos cientificos. Nuestro campamento base esta en el glaciar, mas arriba, cerca del Annapurna.
– Tambien nosotros somos cientificos -dijo el chino-. Nos ocupamos de los pronosticos del tiempo. -Se encogio de hombros y anadio-: Somos meteorologos.
– ?De veras? -pregunto Cody-. Uno de los miembros de nuestro equipo es tambien meteorologo. Le presento a la doctora Henze.
Jutta sonrio y dijo:
– ?Quieren cigarrillos americanos? -se desabrocho el anorak y les ofrecio una cajetilla de Marlboro.
– Xiangyan -repuso muy agradecido el chino que hablaba ingles-. Si, por favor. Nos hemos quedado sin tabaco.
– Pues claro -intervino Cody-. Xiangyan.
– Quedense con el paquete.
– Es usted muy amable -dijo el chino que hablaba ingles.
Los otros tres se acercaron y aceptaron timidamente los cigarrillos; Jutta les ofrecio tambien fuego con un mechero a prueba de tempestad.
– Nosotros creiamos que eramos los unicos que estabamos aqui arriba -comento Cody-. ?Cuantos son ustedes?
– Somos un equipo reducido. Solo seis. ?Les gusta el cha?
– Cha -repitio Jutta-. Nos apeteceria mucho un poco de cha.
Se quedaron media hora, mas o menos, tomando te y despues improvisaron unas disculpas y prometieron volver algun dia con whisky y mas cigarrillos y acompanados del meteorologo de su equipo.
– Es agradable saber que no estamos solos -les dijo Cody al despedirse.
– ?Que crees tu que hacen estos aqui? -le pregunto Cody a Tsering de camino al CBM y al lugar en el que girarian hacia el oeste en direccion al campamento.
– No tienen sherpas -observo Tsering.
– Si, a mi eso me ha extranado mucho -confeso Jutta.
– Si hubieran contratado los servicios de unos sherpas, yo me habria enterado. En este caso quiza hayan entrado en el pais sin ningun permiso. La frontera con el Tibet esta a menos de cuarenta kilometros al norte. En mi opinion son soldados del ejercito chino.
– ?Seran desertores? -Jutta se encogio de hombros-. Yo no he visto ningun arma.
– Los desertores normalmente no tienen antenas parabolicas -concluyo Cody.
DIECISEIS
Corria a gatas, y muy de prisa, por la nieve a refugiarse en los penascos. En aquel momento me dije: «Esto es un mono o una criatura simiesca.»
Chris Bonington
En el mismo instante en que Swift desaparecia al caerse por el borde de la grieta, Jack se arrojo al suelo de hielo antes de que la cuerda pudiera arrastrarlo detras de ella. No le sorprendio nada que Swift no hubiera sido capaz de detener la caida. El le habia gritado que se tumbara de espaldas y que clavara los crampones y el piolet en el hielo, pero detenerse por los propios medios cuando uno se caia no era una tecnica facil de dominar. Como la mayoria de las tecnicas de alpinismo, requeria practica. Cuando el empezo a escalar, aprendio a utilizar el piolet para detener una caida en pendientes concavas con un margen seguro y tiempo suficiente para perfeccionar el ejercicio. Se dejo caer de espaldas y giro el cuerpo hacia la mano que sostenia el regaton del piolet. Cuando empezo a apoyarse en la maza y a abrir las piernas procurando clavar las puntas de los crampones en el hielo con el objeto de aumentar la capacidad de frenado del piolet, Swift llego al final de la cuerda.
Jack apreto los dientes al sentir el subito impacto del cuerpo de ella que amenazo con arrancarle el piolet que sostenia con una mano. Con los brazos totalmente estirados, apoyo con fuerza la cara contra el hielo, suplicando al cielo que los musculos de los brazos y de los hombros soportaran aquella tension sin desgarrarse. Y que el arnes de pecho que tenia desabrochado aguantara; si no lo habia perdido al caerse Swift, era gracias a la mochila, que lo mantenia sujeto.
Cuando al fin dejo de deslizarse y haciendo de tripas corazon miro por encima del hombro, vio que tenia los pies a menos de un metro de la grieta. Un segundo mas y los dos se hubieran matado.
Los gritos de Swift que procedian del interior de la grieta se oian cada vez menos fuertes; su amiga pugnaba por controlar su miedo. Respiro hondo.
– ?Estas bien, Swift? -le grito.
Hubo un largo silencio, y por fin oyo una voz casi inaudible.
– Si, me parece que si.
Jack maldijo su propia estupidez, se dijo que nunca debio haberse aflojado el arnes sin antes haberse asegurado, y haberla asegurado a ella, a otro punto de anclaje, y que no debio dejarla subir desde el rinon. Debio haberse llevado con el a Miles o a Mac. Debio haberse dado cuenta de lo extenuada que estaba Swift, pero fue incapaz de verlo.
Se miro el abdomen, buscando la radio para pedir auxilio a los otros dos, que estaban en el campamento I,
