pero habia desaparecido. Se le debio de haber caido justo antes de resbalar Swift, cuando habia estado a punto de llamar al campamento I. Echo una mirada desesperada en torno a el y vio que estaba a varios metros, junto al piolet de Swift, y totalmente fuera de su alcance.
Iba a tener que tirar de ella para izarla. Si el arnes resistia hasta que el pudiese agarrar la cuerda y sostenerla sin peligro… Como si este pensamiento le hubiera hecho cobrar la conciencia, el mosqueton que aguantaba la cuerda empezo a deslizarse por su hombro apretando la correa acolchada de la mochila.
A Swift se le hicieron eternos los minutos que estuvo colgada de la cuerda, dando vueltas, con los ojos cerrados y sin osar mirar hacia arriba por miedo de ver a Jack arrastrandose por la grieta hasta llegar a donde estaba ella. Pero cuando noto que subia unos cuantos centimetros, abrio los ojos.
Poco a poco la vista fue acostumbrandose a las tinieblas gelidas hasta que fue capaz de distinguir formas, y lo primero que acudio a su mente al ver el frio abismo que habia bajo sus pies inservibles fueron ideas relacionadas con la fuerza de fractura, el alargamiento, la elasticidad, la fuerza de impacto, el numero de caidas que podian soportarse y la incapacidad de absorcion de agua de la cuerda que la sostenia. Habia visto muchas peliculas y no podia quitarse de la cabeza la imagen de la cuerda que, alli arriba, al rozar con el borde de una grieta, iba segandose lentamente hasta que al fin se rompia, mientras Jack, luchando desesperadamente, tiraba de ella con fuerza.
Pugnando por desterrar estas imagenes de la cabeza, intento ayudar a Jack y le dijo de cuanta cuerda tendria que tirar; entonces reparo en que habia caido a una profundidad de unos seis metros y de ello dedujo que le llevaria probablemente mas de una hora sacarla de alli.
– ?Jack? Estoy a una profundidad de unos seis metros -le grito a pleno pulmon, aunque su voz sonaba como la de alguien mas muerto que vivo, como un alma en pena errando por el espacio insondable-. ?Quieres que haga algo?
Poco a poco, Jack empezo a arrastrarse, con la mano agarrada al regaton del piolet, y a alejarse del borde de la grieta. Aguantar el peso muerto que habia en el otro extremo de la cuerda le requeria un esfuerzo excesivo; ademas, ahora tenia el mosqueton a medio brazo, pero consiguio, muy despacio, poner la cabeza a la altura de la azuela del piolet, que era una hoja en forma de pala. Cuando estuvo absolutamente seguro de que no corria ningun peligro, giro el piolet y con el brazo totalmente extendido lo levanto y lo clavo rapidamente en el hielo por encima de su cabeza. Despues volvio a arrastrarse hacia arriba, cogido al piolet, hasta la altura de la hoja.
Jack repitio esta maniobra hasta que estuvo como minimo a seis metros de la grieta. Solo entonces se volvio muy lentamente de espaldas y a tientas busco la cuerda, preparandose para iniciar la lentisima, laboriosa y extenuante tarea de rescatar a Swift e izarla de la grieta.
En aquel mismo instante sintio que se soltaba algo debajo de su hombro, como cuando se cae un boton de la camisa.
El arnes era de una calidad superior, muy seguro para los escaladores que llevaban una pesada mochila, porque ayudaba a evitar que estos, si sufrian una caida, invirtieran su posicion. Quedaba perfectamente cenido y era imposible que se desabrochara; ademas, repartia el peso del escalador de forma equilibrada. Pero cuando el peso de la cuerda que aguantaba a Swift le obligo a concentrarlo en solo una mitad del arnes, supo que los puntos de la costura de la correa del hombro no iban a poder resistir mucho tiempo.
Le basto un instante para ver con claridad lo que ocurria y se abalanzo desesperadamente sobre la cuerda, pero fallo. Se puso a gritar hasta que la correa que sostenia el mosqueton se abrio como un puno diminuto y la cuerda que aguantaba a Swift desaparecio por la grieta.
Swift oyo que Jack le gritaba, pero no alcanzo a oir que le decia porque, de pronto, cuando sus ojos se habian habituado ya a la oscuridad y podia distinguir formas en aquel sitio siniestro, empezo a caer otra vez.
Seguia con el chillido en los labios cuando aterrizo, y comprendio casi inmediatamente como habian desaparecido los dos yetis. En aquel preciso momento sintio un golpe en la cabeza. Al ver que era el mosqueton que tenia Jack atado al arnes, junto con el resto de la cuerda que la habia mantenido sujeta a ella, supo que se habia salvado por los pelos.
Unos pelos del grosor de la cornisa en la que habia aterrizado.
Si hubiera caido un metro mas alla, ya no estaria viva para contarlo. Despues de precipitarse por la garganta de aquel abismo negro, de aquella boca de labios arrugados, Swift se encontro sentada, a unos nueve metros de profundidad, en una larga y sinuosa plataforma cubierta de hielo y de nieve en la que se apreciaban las mismas huellas visibles en el glaciar; era un sendero natural del paisaje montanoso que se adentraba cientos de metros en la oscuridad y lo desconocido. Los dos yetis debian de conocer la existencia de aquel rellano, porque era evidente que habian saltado desde el borde de la grieta hasta aquella parte de la fisura mas oscura: un salto prodigioso que simplemente no cabia achacar, como Swift sabia muy bien, a los instintos de animales salvajes por inteligentes que fueran y por mas recursos que tuvieran.
Jack asomo la cabeza por el borde de la grieta y grito su nombre con una voz enronquecida por el miedo.
– Estoy bien -le grito ella a su vez-. No me ha ocurrido nada. Aqui hay una especie de cornisa de un metro de ancho. Estoy sentada en ella.
– Gracias a Dios.
– Ahora ya sabemos por que han desaparecido los yetis -dijo.
Jack se echo a reir.
Apoyandose en la pared de la grieta, se levanto despacio; sus piernas temblorosas le recordaban lo cerca de la muerte que habia estado. Al pensarlo, le entraron nauseas y un sudor frio le empapo el cuerpo.
– ?Estas bien?
– Me parece que si. No debo de haber caido mas de unos tres metros. Estare a una profundidad de unos nueve metros.
– Eso si que es un salto -comento Jack.
Al darse cuenta de lo que habian hecho los yetis, Swift comprendio un poco por que aquellos seres legendarios habian conseguido evitar ser observados y capturados durante tantisimo tiempo. Si eran capaces de saltar desde semejante altura hasta una cornisa de roca invisible, ?de que otras hazanas no iban a ser tambien capaces?
– ?Puedes tirarme la cuerda hasta aqui arriba, Swift?
Como pudo, Swift se quito en seguida la mochila y la cuerda enroscada, y cogio una Maglite pequena, porque habia que disipar rapidamente la penumbra inquietante de aquel lugar tenebroso. El haz potente de la linterna le permitio ver perfectamente la cornisa, que tenia mas de un metro de ancho, aunque se iba estrechando a medida que se perdia en la oscuridad, al igual que las huellas. Tendrian que volver mas tarde, o quiza al dia siguiente, y proseguir la busqueda de los yetis. Era imposible perder el rastro porque era a todas luces evidente que se movian por un lugar bien concreto: el interior de la grieta.
Guardo la Maglite, desenrosco la cuerda, midio el largo, y repaso mentalmente el acto de lanzarla hacia arriba.
– Me parece que no -le dijo a Jack-. No hay espacio suficiente.
Levanto la vista y vio el cielo azul por el estrecho ojo de la grieta. Swift esperaba que Jack le comunicara que tenia que hacer a continuacion y comenzo a tiritar. Habia sentido tanto miedo que se habia olvidado del intenso frio que hacia alli abajo.
– ?Que hacemos ahora? -le pregunto a Jack.
– Buena pregunta -contesto el apartandose del borde de la grieta para ir a coger la radio.
En cuanto la tuvo en sus manos, vio que en la pantallita gris no habia ninguna senal, que el LCD no funcionaba. La radio no le servia para nada. La antena debio de haber saltado al caer en el hielo. Jack escudrino detenidamente el borde de la grieta pero no vio por ningun lado la protuberancia negra de goma que hacia funcionar la radio.
– Mierda.
Cuando una pieza del equipo se averia, eso significa que habra mas averias, porque las averias nunca se presentan solas.
Echo una ojeada al reloj; despues miro al cielo y vio lo que ya sabia. No tenia tiempo de bajar al campamento
