– Te refieres a Esther. Me temo que tuvo que marcharse.

Esperamos, pero no hubo senal alguna de que de la boca de Evona fuera a salir nada mas que humo para ampliar lo que habia dicho.

– ?Es una verdadera lastima! -dijo Becker-. Le venia diciendo a mi amigo lo estupenda que era. -Se encogio de hombros-. No importa. Hay muchas mas en el lugar de donde vino, ?no?

Haciendo caso omiso de la expresion de mi cara y todavia apoyandose en las dos prostitutas como si estuviera borracho, se dio la vuelta y se dirigio por el pasillo hasta una de las habitaciones, dejandome solo con las demas chicas.

– ?Y cuales son tus preferencias, Bernhard? -Evona chasqueo los dedos e hizo un gesto a una de las chicas para que se acercara-. Esta y Esther se parecen mucho -dijo, cogiendola por el desnudo trasero y volviendolo hacia mi, mientras lo acariciaba con la palma de la mano-. Tiene dos vertebras de mas, asi que el trasero le queda muy lejos de la cintura. Muy hermoso, ?no cree?

– Muy hermoso -dije y, cortesmente, di un par de palmaditas en el trasero, frio como el marmol, de la chica-, pero para ser sincero, soy un tipo anticuado. Me gusta que una chica piense solo en mi y no en mi cartera.

– No, ya me parecia que no eras de esa clase -dijo Evona sonriendo. Le dio una palmada a la chica como si fuera su perro favorito-. Vamos, marchaos, todas.

Observe como salian disciplinadamente de la habitacion y senti algo que se acercaba mucho a la decepcion por no parecerme mas a Becker. Evona parecio darse cuenta de mi ambivalencia.

– No eres como Emil. A el le atrae cualquier chica que le muestre las unas. Pienso que ese joderia con un gato con la espalda rota. ?Que tal la bebida?

– Perfecta -dije, haciendola girar con efusion.

– Bueno, ?hay algo mas que pueda hacer por ti?

Note la presion de su pecho en mi brazo y sonrei ante lo que se me ofrecia. Encendi un cigarrillo y la mire a los ojos.

– No finjas que te sientes desilusionada si te digo que busco informacion.

Sonrio, deteniendo sus avances, y alargo el brazo para coger su bebida.

– ?Que clase de informacion?

– Estoy buscando a un hombre, y antes de que te partas de risa por el chiste, el hombre que busco es un asesino con cuatro goles en su marcador.

– ?Como puedo ayudarte? Yo llevo una casa de putas, no una agencia de detectives.

– No es raro que un hombre maltrate a una de tus chicas.

– Ninguno lleva guantes de seda, Bernhard, eso te lo puedo asegurar. Muchos se figuran que solo porque han pagado por el privilegio tienen licencia para arrancarle la ropa interior a una chica.

– Alguien que fuera mas alla de lo que se considera un riesgo normal de la profesion, entonces. Puede que alguna de tus chicas haya tenido un cliente asi. O sepa de alguien que lo haya tenido.

– Cuentame algo mas de tu asesino.

– No se mucho -dije con un suspiro-. No se su nombre ni donde vive ni de donde viene ni que aspecto tiene. Lo que si se es que le gusta atar a las adolescentes.

– A muchos hombres les gusta atar a las chicas -dijo Evona-. No me preguntes que le sacan a eso. Incluso hay algunos a quienes les gusta azotarlas, aunque yo no permito esa clase de cosas. Esa clase de cerdos tendrian que estar encerrados.

– Mira, cualquier cosa podria ayudarme. En este momento no tengo mucho en que apoyarme.

Evona se encogio de hombros y apago el cigarrillo.

– ?Que diablos! -dijo-. Yo tambien fui adolescente una vez. Has dicho cuatro chicas.

– Puede que sean cinco. Todas entre quince y dieciseis anos. Buenas familias y futuros brillantes hasta que ese maniaco las rapta, las viola, les corta el cuello y luego se deshace del cuerpo desnudo.

Evona estaba pensativa.

– Hubo algo -dijo con cautela-. Por supuesto, te daras cuenta de que es poco probable que el tipo de hombre que viene a mi casa o a cualquier casa como esta sea de la clase que se aprovecha de las adolescentes. Quiero decir, el objeto de un sitio como este es satisfacer las necesidades de un hombre.

Asenti, pero estaba pensando en Kurten y en como su caso desmentia lo que estaba diciendo. Decidi no insistir mas.

– Como te he dicho, solo es una posibilidad muy remota.

Evona se levanto y se excuso un momento. Cuando volvio venia acompanada de la chica cuyo largo trasero me habia visto obligado a admirar. Ahora llevaba una bata y parecia mas nerviosa vestida que cuando estaba desnuda.

– Esta es Helene -dijo Evona sentandose de nuevo-. Helene, sientate y cuentale al Kommissar lo del hombre que trato de matarte.

La chica se sento en la silla donde habia estado Becker. Era bonita, con un aire cansado, como si no durmiera lo suficiente o tomara algun tipo de droga. Casi sin atreverse a mirarme a la cara, se mordisqueaba el labio y tiraba de una mecha de su largo pelo rojo.

– Vamos, adelante -la animo Evona-. No te comera. Eso pudo hacerlo antes.

– Al hombre que buscamos le gusta atar a las chicas -le dije, inclinandome hacia adelante para alentarla-. Luego las estrangula o les corta el cuello.

– Lo siento -dijo al cabo de un minuto-. Esto me resulta dificil. Queria olvidarlo todo, pero Evona dice que han asesinado a unas adolescentes. Quiero ayudarle, de verdad que quiero, pero me cuesta.

Encendi un cigarrillo y le ofreci el paquete. Lo rechazo con un gesto de la cabeza.

– Tomate el tiempo que necesites, Helene -dije-. ?Es de un cliente de quien hablas? ?Alguien que vino a darse un masaje?

– No tendre que declarar en un tribunal, ?verdad? No dire nada si eso quiere decir ponerme de pie delante de un juez y decir que soy una chica de alterne.

– Al unico que tendras que decirselo sera a mi.

La chica resoplo sin demasiado entusiasmo.

– Bueno, usted parece de fiar, supongo. -Echo una mirada al cigarrillo que yo tenia en la mano-. ?Puedo cambiar de opinion sobre ese pitillo?

– Claro -dije y le alargue el paquete.

La primera calada parecio galvanizarla. Se animo al ir contando la historia, un poco violenta y probablemente tambien un poco asustada.

– Una noche, hace alrededor de un mes, tuve un cliente. Le hice un masaje y cuando le pregunte si queria que se lo hiciera, me pregunto si podia atarme y que luego le hiciera un frances. Le dije que le costaria otros veinte y acepto. Asi que alli estaba yo, atada como un pollo al horno, despues de hacerle el frances, y le pido que me desate. Me mira con esa expresion extrana en los ojos, me dice que soy una puta asquerosa o algo asi. Bueno, ya estas acostumbrada a que los hombres te traten mal cuando has acabado, como si se sintieran avergonzados de si mismos, pero vi que este era diferente, asi que trate de mantener la calma. Entonces saco el cuchillo y empezo a ponermelo plano en el cuello, como si quisiera asustarme. Y yo estaba asustada, a punto de gritar hasta sacar los pulmones por la boca, solo que no queria espantarlo y que me cortara en aquel mismo momento y pensaba que quiza podria hablarle y convencerlo de que no lo hiciera.

Dio otra larga y tremula calada al cigarrillo.

– Pero fue como si eso fuera lo que esperaba para empezar a estrangularme, pensar que iba a ponerme a chillar, quiero decir. Me agarro por la garganta y empezo a asfixiarme. Si una de las otras chicas no hubiera entrado por equivocacion, me hubiera borrado del mapa, de eso no hay ninguna duda. Las magulladuras del cuello me duraron casi una semana.

– ?Que paso cuando entro la otra chica?

– Bueno, no estoy demasiado segura. Yo estaba mas preocupada por volver a respirar que por ver que cogiera un taxi para regresar a casa sin problemas, ?sabe que quiero decir? Por lo que yo se cogio sus cosas y salio echando pestes.

– ?Que aspecto tenia?

– Llevaba uniforme.

– ?Que clase de uniforme? ?Podrias ser mas concreta?

Вы читаете Palido Criminal
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату