usted.
– ?Y que hay del trapo manchado de sangre que encontramos en una bolsa debajo de la cama?
– ?Eso? Sangre menstrual. Una conocida mia tuvo un pequeno percance.Tenia intencion de quemarlo, pero me olvide.
– ?Puedes demostrarlo? ?Esa conocida tuya corroborara tu historia?
– Por desgracia, no puedo decirle mucho de ella,
Pero seguro que hay pruebas cientificas que confirmaran lo que le digo.
– Las pruebas determinaran si es sangre humana o no. Pero no creo que exista nada tan preciso como lo que indicas. No puedo asegurarlo, no soy patologo.
Me levante de nuevo y fui a la ventana. Cogi los cigarrillos y encendi uno.
– ?Un cigarrillo?
Asintio y arroje el paquete sobre la mesa. Deje que diera la primera calada antes de lanzarle el ataque definitivo.
– Estoy investigando los asesinatos de cuatro, puede que cinco, chicas -dije con voz tranquila-. Por eso estas aqui. Ayudandonos en la investigacion, como suele decirse.
Gottfried se levanto como un relampago, con la lengua sobre el labio inferior y el cigarrillo rodando sobre la mesa donde lo habia dejado caer. Empezo a negar con la cabeza sin cesar.
– No, no, no. No, ha cogido al hombre equivocado. Yo no se absolutamente nada de esto. Por favor, tiene que creerme. Soy inocente.
– ?Y que hay de aquella chica que violaste en Dresde en 1931? Estuviste en chirona por aquello, ?no es verdad, Gottfried? Como ves, he mirado tu historial.
– Fueron relaciones sexuales con una menor. La chica era menor de edad, eso es todo. Yo no lo sabia; ella dio su consentimiento.
– Veamos… ?que edad tenia: quince, dieciseis anos? Es la misma edad de las chicas que han sido asesinadas. ?Quien sabe?, a lo mejor es que te gustan jovencitas. Te averguenzas de lo que eres y les transfieres tu culpabilidad a ellas. ?Como pueden impulsarte a hacer esas cosas?
– No, no es verdad, le juro…
– ?Como pueden ser tan repugnantes? ?Como pueden provocarte de una forma tan desvergonzada?
– Basta, por amor de Dios.
– Inocente. No me hagas reir. Tu inocencia vale menos que la mierda de las cloacas, Gottfried. La inocencia es para los ciudadanos decentes, que respetan la ley, no para una rata de alcantarilla como tu que trata de estrangular a una chica en un salon de masaje. Ahora, sientate y cierra la boca.
Se balanceo sobre los talones un momento y luego se dejo caer en la silla.
– No he matado a nadie -murmuro-; puede pensar lo que quiera, pero soy inocente, se lo juro.
– Puede que lo seas -dije-, pero me temo que no puedo hacer una tortilla sin romper unos cuantos huevos. Asi que, inocente o no, tengo que encerrarte. Por lo menos hasta que compruebe lo que me has dicho.
Cogi la chaqueta y me dirigi a la puerta.
– Solo una pregunta mas de momento -dije-. Supongo que no tendras coche, ?verdad?
– ?Con lo que gano? Esta usted de broma, ?no?
– ?Y que hay de la camioneta de mudanzas? ?Eres el chofer?
– Si, soy el chofer.
– ?La usas alguna vez por la noche?
No dijo nada. Me encogi de hombros y dije:
– Bueno, supongo que puedo preguntarselo a tu patron.
– No esta permitido, pero si, a veces la cojo. Hago algun trabajo por mi cuenta, ya sabe, cosas asi. -Me miro de frente-. Pero nunca la he usado para matar a nadie, si eso es lo que quiere sugerir.
– Pues no, no era eso, pero gracias por la idea.
Sentado en el despacho de Arthur Nebe, esperaba que acabara de hablar por telefono. Tenia la cara seria cuando por fin colgo el aparato. Estaba a punto de decirle algo cuando se llevo un dedo a los labios, abrio el cajon del escritorio y saco una cubretetera con la cual tapo el telefono.
– ?Para que es eso?
– El telefono esta pinchado. Heydrich, supongo, pero nunca se sabe. Con la cubretetera nuestra conversacion sera privada. -Se recosto en la silla, bajo un retrato del
– ?De verdad crees eso? Yo diria que el paraguas denota un hombre sensato. ?Puedes llegar a imaginar siquiera que Hitler o Goebbels consiguieran excitar a una muchedumbre de hombres con paraguas? Es la misma absurdidad de los britanicos lo que hace que sea tan dificil radicalizarlos, y la razon por la que tendriamos que envidiarlos.
– Es una bonita idea -dijo sonriendo con aire pensativo-. Pero hablame de ese tipo que has arrestado. ?Crees que podria ser nuestro hombre?
Deje que mi mirada vagara por la habitacion unos segundos, esperando encontrar una conviccion mayor en las paredes o el techo, y luego alce las manos casi como si quisiera negar la presencia de Gottfried Bautz en una celda del sotano.
– Desde un punto de vista circunstancial, podria encajar en el molde. -Me concedi un unico suspiro-. Pero no hay nada que lo relacione definitivamente con los crimenes. La cuerda que encontramos en su habitacion es del mismo tipo que la usada para atar los pies de una de las chicas, pero es un tipo muy corriente de cuerda; nosotros usamos la misma aqui en el Alex.
»Un retazo de tela que encontramos debajo de su cama podria estar manchado de sangre de una de las victimas; pero tambien podria ser sangre menstrual, como el asegura. Tiene acceso a una camioneta en la cual podria haber transportado y matado a sus victimas con relativa facilidad. Tengo a unos cuantos agentes comprobandola minuciosamente, pero hasta ahora parece estar tan limpia como las manos de un dentista.
»Y luego, por supuesto, esta su historial. Lo encerramos ya una vez por abusos sexuales; por tener relaciones sexuales con una menor. Mas recientemente, es probable que tratara de estrangular a una prostituta a la que primero habia convencido para que se dejara atar. Asi que podria encajar en las caracteristicas psicologicas del hombre que estamos buscando. -Cabecee dubitativo-. Pero son mas «podria ser» que los de ese Fritz Lang de los cojones. Lo que yo quiero son pruebas reales.
Nebe asintio dandose por enterado y puso los pies sobre el escritorio. Uniendo las puntas de los dedos, dijo:
– ?Podrias elaborar una acusacion en regla? ?Hacer que se venga abajo?
– No es estupido. Llevara tiempo. No soy un interrogador tan bueno y no estoy dispuesto a tomar ningun atajo. Lo ultimo que quiero en este asunto es tener unos cuantos dientes rotos en la hoja de cargos. Es asi como Josef Kahn logro que lo soltaran y lo enviaran a la casa de los grillos.
Cogi un cigarrillo americano del paquete que Nebe tenia en el escritorio y lo encendi con un enorme mechero de mesa en bronce, un regalo de Goering. El primer ministro siempre estaba regalando mecheros a quienes le habian rendido algun pequeno servicio. Los utilizaba igual que las nineras utilizan los caramelos.
– Por cierto, ?ya lo han soltado?
En la cara de Nebe aparecio un gesto dolorido.
– No, todavia no -dijo.
– Ya se que se considera un detalle sin importancia, eso de que no haya matado a nadie, pero ?no crees que ya seria hora de que lo dejaran libre? Aun nos quedan algunos principios, ?no?
Se levanto y dio la vuelta al escritorio hasta quedar delante de mi.
