contra el. Tenia interes en que hablaramos personalmente con el comisario jefe de la policia de Nuremberg. Por lo que parece, no existe mucho carino entre el y Streicher. Pero, al mismo tiempo, tenemos que ser extremadamente cautos. Streicher dirige su distrito como un despota oriental, por no mencionar el hecho de que se trata de tu con el
Cuando el tren llego a Leipzig, un joven jefe de una compania naval de las SA entro en nuestro compartimiento, y Korsch y yo nos fuimos en busca del coche restaurante. Para cuando hubimos acabado de comer el tren estaba ya en Gera, cerca de la frontera checa, pero, pese a que nuestro companero de viaje de las SA se bajo en esa parada, no habia senal alguna de las concentraciones de tropas de que habiamos oido hablar. Korsch sugirio que la presencia del hombre de las SA navales significaba que iba a haber un ataque anfibio, y estuvimos de acuerdo en que esto era lo mejor para todo el mundo, dado que la frontera era montanosa en su mayor parte.
Caia ya la tarde cuando el tren entro en la estacion Haupt, en el centro de Nuremberg. Fuera, al lado de la estatua ecuestre de algun aristocrata desconocido, cogimos un taxi que nos llevo hacia el este, siguiendo el Frauentorgraben paralelamente a las murallas de la ciudad antigua. Las murallas alcanzan una altura de siete u ocho metros y estan dominadas a intervalos por grandes torres cuadradas. Esta alta muralla medieval y un gran foso seco y herboso que llega a los treinta metros de ancho ayudan a diferenciar el viejo Nuremberg del nuevo, que lo rodea sin penetrar en el en ningun momento.
Nuestro hotel era el Deustcher Hof, uno de los mejores y mas antiguos de la ciudad, y desde nuestras habitaciones se dominaban unas vistas excelentes por encima de la muralla de los tejados, con su acusada inclinacion, y sus regimientos de sombreretes de chimenea.
A principios del siglo XVIII, Nuremberg era la ciudad mas grande del antiguo reino de Franconia, asi como uno de los principales mercados de intercambio entre Alemania,Venecia y el Este. Seguia siendo la principal ciudad comercial y fabril del sur de Alemania, pero ahora tenia una nueva importancia, era la capital del nacionalsocialismo. Cada ano, Nuremberg era la anfitriona de los multitudinarios mitines del partido, en un espacio que era fruto de la mente del arquitecto personal de Hitler, Speer.
Dado lo considerados que eran los nazis, no era necesario ir a Nuremberg para ver uno de esos orquestados acontecimientos, de modo que en septiembre la gente dejaba de ir al cine para no tener que presenciar, alli sentada, un rollo tras otro de pelicula en la que no aparecia practicamente otra cosa que el dichoso acontecimiento.
Segun todos los informes, a veces llegaba a haber hasta cien mil personas en el Campo Zeppelin, de banderas ondeantes. Nuremberg, como cualquier ciudad de Baviera, que yo recuerde, nunca habia ofrecido mucho en cuanto a autenticas diversiones.
Dado que no teniamos cita con Martin, el jefe de policia de Nuremberg, hasta las diez de la manana siguiente, Korsch y yo nos sentimos obligados a pasar la tarde buscando algun espectaculo al que asistir; especialmente porque la Kri po pagaba la cuenta. Era una idea que tenia un encanto personal para Korsch.
– Esto no esta nada mal -dijo entusiasticamente-. El Alex no solo paga mi estancia en un hotel elegante, sino que ademas tambien me regala las horas extras.
– Disfrutalo al maximo -dije-. No suele pasar que tipos como tu y yo lleguemos a actuar como los peces gordos del partido. Y si Hitler consigue su guerra, puede que tengamos que vivir de este pequeno recuerdo mucho tiempo.
Muchos de los bares de Nuremberg tenian el aspecto de lugares que podian haber sido la sede de pequenos gremios. Estaban llenos de recuerdos militares y otras reliquias del pasado, y las paredes estaban, a menudo, adornadas con viejos cuadros y curiosos
De vuelta al Deutscher Hof entramos en la cafeteria para tomar un conac y nos encontramos con una vision que nos dejo estupefactos. Sentadas a una mesa en un rincon, borrachas como cubas, habia un grupo de tres personas, dos rubias descerebradas y, vestido con la cazadora de color marron claro y una unica hilera de botones de los cabecillas politicos del NSDAP, el
El camarero que nos trajo las bebidas sonrio nerviosamente cuando le pedimos que nos confirmara si era realmente Julius Streicher quien estaba sentado en el rincon. Dijo que si y se marcho rapidamente cuando Streicher empezo a gritar pidiendo otra botella de champan.
No era dificil entender por que Streicher despertaba miedo. Aparte de su rango, que le daba bastante poder, el hombre tenia un cuerpo como el de un practicante del boxeo sin guantes. Sin apenas cuello, la cabeza calva, las orejas pequenas, el menton de aspecto solido y unas cejas casi invisibles, Streicher era una version suavizada de Benito Mussolini. Su evidente belicosidad ganaba aun mayor fuerza gracias a una enorme fusta de piel de rinoceronte que descansaba en la mesa delante de el, como una larga y negra serpiente.
Golpeo la mesa con el puno, de forma que todos los vasos y cubiertos vibraron sonoramente.
– ?Que cojones tiene que hacer un hombre para que le sirvan aqui, joder? -le chillo al camarero-. Nos morimos de sed. -Senalo a otro camarero-. Tu, te dije que nos vigilaras, tu, caraculo, y que en cuanto vieras una botella vacia, nos trajeras otra. ?Es que eres estupido o que?
Volvio a golpear la mesa con el puno, para gran diversion de sus dos acompanantes que soltaron grititos de placer y convencieron a Streicher para que se riera de su propio malhumor.
– ?A quien le recuerda? -pregunto Korsch.
– A Al Capone -dije sin pensarlo-. En realidad, todos ellos me recuerdan a Al Capone -anadi.
Fuimos tomando nuestro conac y contemplamos el espectaculo, lo cual era mucho mas de lo que habiamos esperado recien empezada nuestra visita; a medianoche, el grupo de Streicher y nosotros eramos los unicos que quedabamos en el cafe, ya que los demas se habian marchado, huyendo de los constantes juramentos del
– ?Siempre esta tan mal? -le pregunte.
El camarero solto una risita amarga.
– ?Esto? Esto no es nada -dijo-. Tendrian que haberlo visto hace diez dias, cuando acabaron los mitines del partido. Armo la Di os es Cristo aqui.
– ?Y por que le permiten la entrada? -le pregunto Korsch.
El camarero lo miro con conmiseracion.
– ?Esta de broma? Intente impedirselo. El Deutscher es su abrevadero favorito. No tardaria en encontrar cualquier pretexto para cerrarnos si nos atrevieramos a echarlo a la calle. O puede que algo peor que eso, ?quien sabe? Dicen que suele ir al Palacio de Justicia de la Fur therstrasse y azotar con la fusta a los ninos que hay encerrados en las celdas.
– Bueno, no me gustaria ser judio en esta ciudad -dijo Korsch.
– Tiene toda la razon -dijo el camarero-. El mes pasado convencio a una masa de gente para que quemaran la sinagoga.
Ahora Streicher empezo a cantar, acompanado de la percusion que le proporcionaban el tenedor y el cuchillo sobre el tablero de la mesa, que antes habia despojado del mantel. La combinacion de sus golpes, su acento, su borrachera y su completa incapacidad para entonar una melodia, por no hablar de los chillidos y risitas de sus dos invitadas, hicieron que a Korsch y a mi nos fuera imposible reconocer la cancion. Pero se podria apostar a que no era de Kurt Weill y que tuvo el efecto de hacer que nos fueramos a la cama.
A la manana siguiente, anduvimos un corto trecho hasta la Jakob ’s Platz, donde, frente a una hermosa iglesia, se levanta una fortaleza construida por la vieja orden de los caballeros teutonicos. En su extremo sureste, incluye un edificio con cupula que es la Eli sabeth-Kirche, mientras que en el suroeste, en la esquina con la Schlot fegergasse, estan los antiguos cuarteles, ahora la comisaria central de la policia. Que yo sepa, no habia ninguna otra comisaria de policia en toda Alemania que pudiera disfrutar de los servicios de su propia iglesia catolica.
– De esa manera puedes tener la seguridad de arrancar una confesion de cualquiera, sea de una forma o de otra -bromeo Korsch.
El SS
