supremo de la policia de Nuremberg se contaba Heinrich Himmler, nos recibio en su lujoso despacho del piso superior. El aspecto de aquel lugar era tal que yo casi esperaba que nos recibiera con un sable en la mano y, de hecho, cuando se volvio hacia un lado observe que tenia la cicatriz de un duelo en la mejilla.

– ?Y que tal esta Berlin? -pregunto con voz suave, ofreciendonos un cigarrillo de su caja.

Su propio pitillo lo encajo en una boquilla de palisandro que mas bien parecia una pipa y que sostenia el cigarrillo vertical, formando un angulo recto con su cara.

– Las cosas estan tranquilas -dije-. Pero es porque todos aguantamos la respiracion.

– Exacto -dijo, y con un gesto senalo el periodico que habia sobre la mesa-. Chamberlain ha volado a Bad Godesberg para proseguir las conversaciones con el Fuhrer.

Korsch se acerco el periodico y echo un vistazo al titular. Luego volvio a dejarlo en su sitio.

– Hay demasiadas malditas conversaciones, si quieren que les diga la verdad -dijo Martin.

Solte un grunido ambiguo.

Martin sonrio y apoyo la cuadrada barbilla en la mano.

– Arthur me ha dicho que hay un psicopata suelto por las calles de Berlin, violando y cortando la flor de la pureza alemana. Tambien me ha dicho que tienen intencion de echar una ojeada al mas infame de los psicopatas de Alemania para ver si van de la mano. Me refiero, claro, a ese esfinter de cerdo, Streicher. ?Estoy en lo cierto?

Respondi a su fria y penetrante mirada y se la sostuve.

Estaba dispuesto a apostar a que el general tampoco era ningun monaguillo. Nebe habia descrito a Benno Martin como un administrador muy capacitado. Para un jefe de la policia nazi eso podia significar casi cualquier cosa, sin excluir un Torquemada.

– Exacto, senor -dije, y le mostre la portada de Der Sturmer-. Esto ilustra exactamente como fueron asesinadas las cinco chicas. Con la excepcion del judio que recoge la sangre en un caliz, claro.

– Claro -dijo Martin-. Pero no han descartado la posibilidad de que sea un judio.

– No, pero…

– Pero es la misma teatralidad de este modo de asesinar lo que le hace dudar de que sea uno de ellos, ?estoy en lo cierto?

– Eso… y el hecho de que ninguna de las chicas sea judia.

– Puede que prefiera jovenes mas atractivas -dijo Martin con una sonrisa-. Puede que prefiera las rubias de ojos azules a las depravadas mestizas judias. O puede que solo sea una coincidencia. -Observo mi expresion de duda-. Pero usted no es un hombre que crea mucho en las coincidencias, ?verdad Kommissar?

– No cuando se trata de asesinatos, no senor. Veo patrones donde otras personas ven coincidencias. O por lo menos lo intento. -Me recoste en la silla, cruzando las piernas-. ?Esta familiarizado con el trabajo de Carl Jung sobre el tema, senor?

Solto un grunido de desprecio.

– Por todos los santos, ?a eso se dedica ahora la Kri po de Berlin?

– Creo que habria sido un buen policia, senor -dije sonriendo amablemente-, si me permite decirlo.

– Ahorreme la conferencia de psicologia, Kommissar -dijo Martin con un suspiro-. Digame tan solo que patron en concreto ve que pueda implicar a nuestro amado Gauleiter de Nuremberg.

– Vera senor, se trata de esto: se me ha ocurrido que alguien pudiera estar tratando de confeccionar una mortaja muy desagradable para meter dentro a los judios.

Ahora fue el general quien enarco una ceja.

– ?De verdad le importa lo que les suceda a los judios?

– Senor, me importa lo que les suceda esta noche a unas chicas de quince anos en el camino de la escuela a casa. -Le entregue al general una hoja de papel mecanografiado-. Estas son las fechas en las cuales desaparecieron las cinco chicas. Confiaba en que pudiera decirme si Streicher o alguno de sus asociados estuvieron en Berlin en alguna de estas ocasiones.

Martin echo una ojeada a la hoja.

– Supongo que puedo averiguarlo -dijo-. Pero puedo decirle que alli es practicamente persona non grata. Hitler lo mantiene aqui, apartado, para que las unicas personas a las que pueda molestar sean gente sin importancia, como yo. Por supuesto, eso no quiere decir que Streicher no visite Berlin en secreto alguna vez. Al Fuhrer le gusta la conversacion de sobremesa de Streicher, aunque no consigo imaginar por que, ya que aparentemente tambien le gusta la mia.

Se volvio hacia la mesa llena de telefonos que habia al lado del escritorio y llamo a su ayudante, ordenandole que estableciera el paradero de Streicher en las fechas que yo le habia dado.

– Segun me parecio entender en Berlin, usted tambien tenia cierta informacion relativa a la conducta delictiva de Streicher -dije.

Martin se levanto y fue a su archivo. Riendo contenidamente saco una carpeta tan gruesa como una caja de zapatos y volvio con ella al escritorio.

– No hay practicamente nada que yo no sepa de ese cabron -gruno-. Sus guardias de las SS son hombres mios. Su telefono esta pinchado y tengo aparatos de escucha en todas sus casas. Incluso tengo fotografos de guardia constante en una tienda frente a la habitacion en la que ve a una prostituta de vez en cuando.

Korsch dejo escapar un taco que era a la vez de admiracion y sorpresa.

– Asi pues, ?por donde quiere empezar? Podria llenar un departamento entero con las actividades de ese cabron en esta ciudad. Denuncias por violacion, pleitos por paternidad, agresiones a ninos con ese latigo que lleva, soborno de funcionarios publicos, apropiacion indebida de fondos del partido, fraude, robo, falsificacion, incendio, extorsion… hablamos de un gangster, caballeros. Un monstruo que aterroriza a la gente de esta ciudad, no paga nunca sus cuentas, lleva las empresas a la bancarrota y arruina la carrera de hombres honrados que tuvieron el valor de enfrentarse a el.

– Tuvimos oportunidad de verlo nosotros mismos -dije-. Anoche, en el Deutscher Hof. Estaba de juerga con un par de senoras.

El general me dedico una mirada caustica.

– Senoras… esta bromeando, claro. Sin duda alguna, no serian mas que vulgares prostitutas. Las presenta a todo el mundo como actrices, pero son prostitutas. Streicher esta detras de buena parte de la prostitucion organizada de esta ciudad.

Abrio la carpeta, que era como una caja, y empezo a pasar las hojas de denuncias.

– Abusos deshonestos, danos, cientos de acusaciones por corrupcion… Streicher dirige esta ciudad como si fuera su reino personal, impunemente.

– Las acusaciones por violacion suenan interesantes -dije-. ?Que sucedio?

– No se presentaron pruebas. Las victimas fueron intimidadas o compradas. Vera, Streicher es un hombre muy rico. Aparte de lo que saca como gobernador del distrito, vendiendo favores, incluso cargos, hace una fortuna con ese repugnante periodico suyo. Tiene una circulacion de medio millon de ejemplares, que a treinta pfennigs cada uno suman ciento cincuenta mil reichsmarks a la semana. -Korsch silbo-. Y eso sin contar lo que saca de publicidad. Ah, si, Streicher puede pagarse un enorme monton de favores.

– ?Hay algo mas grave que las acusaciones de violacion?

– ?Quiere decir si ha asesinado a alguien?

– Si.

– Bueno, no vamos a contar el linchamiento de algun judio aqui y alli. A Streicher le gusta organizarse un bonito pogromo particular de vez en cuando. Dejando aparte todo lo demas, le da la oportunidad de hacerse con un poco de botin extra. Y descartaremos tambien la chica que murio en su casa a manos de un practicante de abortos ilegales. Streicher no seria el primer alto cargo del partido que se procura un aborto ilegal. Eso nos deja con dos homicidios sin resolver que le senalan como implicado.

»Uno, un camarero de una fiesta a la que asistia Streicher, que decidio escoger aquella ocasion para suicidarse.

Un testigo vio a Streicher paseando por los jardines con el camarero menos de veinte minutos antes de que apareciera ahogado en el estanque. El otro, el de una joven actriz conocida de Streicher, cuyo cuerpo desnudo se

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