libre, pero cuando estas solo en el mundo, parece que ese tipo de cosas no importa tanto. Me mantenia precariamente al borde de un lago de autocompasion cuando alguien llamo a la puerta y Korsch entro en la habitacion.

– Gottfried Bautz ha sido asesinado, senor -dijo inmediatamente.

– Si, ya lo se. Becker dijo que habias ido a echar una ojeada. ?Que ha pasado?

Korsch se sento en la silla que antes habia ocupado Becker. Parecia mas animado de lo que nunca lo habia visto antes, y estaba claro que algo le tenia muy excitado.

– Alguien penso que su cerebro necesitaba airearse un poco, asi que le proporcionaron un respiradero especial. Un trabajo muy pulcro. Entre los ojos. El forense que enviaron cree que con un arma bastante pequena. Probablemente, una seis milimetros. -Se removio en la silla-. Pero la parte interesante es esta, senor: el que lo elimino primero lo dejo frio de un punetazo. Gottfried tenia la mandibula partida limpiamente en dos y una punta de cigarrillo en la boca. Como si lo hubiera partido por la mitad de un mordisco. -Se detuvo, esperando que asimilara un poco lo que me decia-. La otra mitad estaba en el suelo.

– ?El punetazo del cigarrillo?

– Eso parece, senor.

– ?Estas pensando lo mismo que yo?

Korsch asintio lentamente.

– Me temo que si, senor. Y hay algo mas. Deubel lleva una Little Tom de seis tiros en el bolsillo de la chaqueta. Dice que es por si alguna vez pierde su Walther. Una Little Tom dispara el mismo tipo de bala que mato al checo.

– ?De verdad? -Enarque las cejas-. Deubel siempre estuvo seguro de que incluso si no tenia nada que ver con nuestro caso, el sitio de Bautz era la carcel.

– Trato de convencer a Becker para que hablara con algunos de sus amigos de Antivicio. Queria que los convenciera para que le pusieran la etiqueta roja a Bautz con cualquier pretexto y lo enviaran a un campo de concentracion. Pero Becker no quiso saber nada de eso. Dijo que no podian hacerlo, ni siquiera con la declaracion de la prostituta a la que intento rajar.

– Me alegro de saberlo. ?Por que no me informaron de nada de esto antes? -Korsch se encogio de hombros-. ?Has comentado algo de esto al equipo que investiga la muerte de Bautz? Me refiero al punetazo del cigarrillo y a la pistola de Deubel.

– Todavia no, senor.

– Entonces nos encargaremos nosotros mismos.

– ?Que va a hacer?

– Eso dependera de si sigue teniendo la pistola o no. Si tu hubieras agujereado a Bautz, ?que harias con ella?

– Buscaria la fundicion de hierro mas cercana.

– Exacto. Asi que si no me puede mostrar esa pistola para que la examine, entonces lo apartare de esta investigacion. Puede que no fuera suficiente para un tribunal, pero lo sera para mi. En mi equipo no hay lugar para los asesinos.

Korsch se rasco la nariz, pensativo, evitando la tentacion de hurgarsela.

– Supongo que no tienes idea de donde esta el inspector Deubel, ?verdad?

– ?Alguien me busca?

Deubel entro por la puerta con aire despreocupado. La peste a cerveza que lo acompanaba era suficiente para explicar donde habia estado. De la comisura del labio le colgaba un cigarrillo sin encender. Clavo los ojos, agresivo, en Korsch y luego, con una aversion vacilante, en mi. Estaba borracho.

– He estado en el Cafe Kerkau -dijo con una boca que se negaba a moverse como el habria esperado-. No pasa nada, ?sabe? No pasa nada, no estoy de servicio. Por lo menos, no durante otra hora. Estare bien para entonces. No se preocupe por mi. Puedo cuidar de mi mismo.

– ?De que mas has estado cuidando?

Se enderezo como una marioneta de la que tiran hacia atras para ponerla recta sobre las vacilantes piernas.

– He estado haciendo preguntas en la estacion donde desaparecio la Ste ininger.

– No me refiero a eso.

– ?No? ?No? Bueno, pues, ?a que se refiere, Kommissar?

– Alguien ha asesinado a Gottfried Bautz.

– ?Que? ?A ese checo cabron? -Solto una carcajada que era en parte eructo y en parte salivazo.

– Tenia la mandibula partida, y el extremo de un cigarrillo en la boca.

– ?Y eso que tiene que ver conmigo?

– Es una de tus especialidades, ?no? El punetazo del cigarrillo. Te lo he oido contar a ti mismo.

– No lo tengo patentado, Gunther. -Dio una larga calada al cigarrillo apagado y entrecerro los nublados ojos-. ?Me esta acusando de cargarmelo?

– ?Puedo ver su pistola, inspector Deubel?

Durante unos segundos Deubel permanecio alli, de pie, despectivo, antes de llevar la mano a su sobaquera. Detras de el, Korsch acerco lentamente la mano a su propia pistola y mantuvo la mano sobre la culata hasta que Deubel dejo la Wal ther PPK encima de la mesa. La cogi y oli el canon, observando su cara para ver si mostraba alguna senal de saber que a Bautz lo habian matado con un arma de mucho menor calibre.

– Lo mataron de un disparo, ?eh? -dijo con una sonrisa.

– Mas bien lo ejecutaron -dije-. Parece que alguien le metio un tiro entre los ojos mientras estaba inconsciente.

– Me deja de una pieza -dijo Deubel moviendo la cabeza lentamente.

– No lo creo.

– Esta meando fuera de tiesto, Gunther, y confiando en que las salpicaduras me ensucien el jodido pantalon. Claro que no me gustaba esa mierda de checo, igual que odio a cualquier pervertido que toca a los ninos y hace dano a las mujeres. Pero eso no significa que haya tenido algo que ver con su asesinato.

– Hay una manera facil de convencerme de ello.

– ?Ah, si? ?Y cual es?

– Ensename esa pistolita de liguero que tienes. La Lit tle Tom.

Deubel levanto las manos con aire inocente.

– ?Que pistolita de liguero? No tengo ninguna pistola asi. El unico hierro que llevo es el que esta encima de la mesa.

– Todos los que han trabajado contigo saben lo de esa pistola. Has alardeado de ella muchas veces. Muestramela y estaras limpio, pero si no la tienes, entonces tendre que pensar que has tenido que deshacerte de ella.

– ?De que esta hablando? Como he dicho, no tengo…

Korsch se puso de pie y dijo:

– Vamos, Eb. Tu mismo me ensenaste esa pistola hace solo un par de dias. Incluso dijiste que nunca ibas sin ella.

– Tu, cabron de mierda, te pones de su lado en contra de uno de los tuyos, ?eh? ?No te das cuenta? El no es uno de los nuestros. Es uno de esos espias de mierda de Heydrich. Le importa una mierda la Kri po.

– Yo no lo veo asi -dijo Korsch con voz tranquila-. Entonces, ?que? ?Vamos a ver esa pistola o no?

Deubel nego con la cabeza, sonrio y me apunto con el dedo, amenazador.

– No puede probar nada. Nada de nada. Y lo sabe, ?verdad?

Aparte la silla hacia atras con la parte posterior de las piernas. Tenia que estar de pie para decir lo que iba a decir.

– Puede que no. De todos modos, estas fuera de este caso. A mi, particularmente, me importa un comino lo que te pase, Deubel. Por mi puedes arrastrarte de nuevo al estercolero del que hayas salido. Soy muy exigente en cuanto a la gente con la que trabajo. No me gustan los asesinos.

Deubel mostro los amarillentos dientes aun mas. Su sonrisa parecia el teclado de un viejo piano muy desafinado. Subiendose los lustrosos pantalones de franela, cuadro los hombros y saco la barriga en mi direccion. Apenas pude resistir la tentacion de darle un buen punetazo en ella, pero le habria ido muy bien que yo empezara

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