una pelea asi.

– Tiene que abrir los ojos, Gunther. Dese una vuelta por las celdas y las salas de interrogatorio y vea lo que esta pasando en este sitio. ?Exigente en cuanto a la gente con la que trabaja? Pobre cerdo asqueroso. En este edificio hay personas a las que se les estan dando palizas hasta matarlas. Probablemente ahora mismo, mientras hablamos. ?De verdad cree que a alguien le importa un carajo lo que le pase a un mierda de pervertido? El deposito esta lleno de ellos.

Me oi contestar, con lo que incluso a mi me parecio una rematada ingenuidad.

– A alguien tiene que importarle un carajo, de lo contrario no somos mejores que los criminales. No puedo impedir que otros lleven los zapatos llenos de mierda, pero si que puedo limpiar los mios. Desde el principio sabias que asi era como yo queria que fuese, pero tuviste que hacerlo a tu manera, a la manera de la Ges tapo, que dice que una mujer es una bruja si flota y que es inocente si se hunde hasta el fondo. Ahora sal de mi vista antes de que me sienta tentado de comprobar si mis influencias con Heydrich llegan hasta echarte de la Kri po de una patada en el culo.

Deubel solto una risita burlona.

– Eres un puto maricon -dijo, y despues de clavarle la mirada a Korsch hasta que su pestilente aliento a borracho le obligo a apartarse, se fue dando bandazos.

Korsch meneo la cabeza.

– Nunca me habia gustado ese cabron, pero no creia que fuera… -dijo volviendo a menar la cabeza.

Me deje caer en la silla y alargue la mano hacia el cajon del escritorio y la botella que guardaba alli.

– Por desgracia, tiene razon -dije, llenando un par de vasos. Respondi a la intrigada mirada de Korsch con una amarga sonrisa-. Acusar a un policia de Berlin de asesinato… -Solte una carcajada-. Joder, es lo mismo que tratar de detener a alguien por estar borracho en la fiesta de la cerveza de Munich.

13. Domingo, 25 de septiembre

– ?Esta Herr Hirsch en casa?

El anciano que habia abierto la puerta se enderezo y luego asintio.

– Yo soy Herr Hirsch -dijo.

– ?Es usted el padre de Sarah Hirsch?

– Si, ?quien es usted?

Debia de tener por lo menos setenta anos, era calvo, con el pelo blanco largo, cubriendole el cuello de la camisa, y no muy alto, encorvado incluso. Era dificil imaginar que aquel hombre fuera el padre de una chica de quince anos. Le mostre mi placa.

– Policia -dije-. Por favor, no se alarme. No estoy aqui para causarle ningun problema. Solo querria interrogar a su hija. Quiza pueda describir a un hombre, un criminal.

Recuperando un poco el color despues de ver mis credenciales, Herr Hirsch se aparto a un lado y me hizo entrar sin decir nada en un recibidor lleno de jarrones chinos, bronces, fuentes con un dibujo azul e intrincadas tallas en madera de balsa guardadas en vitrinas. Las admire mientras el cerraba y echaba la llave a la puerta y me comentaba que en su juventud habia estado en la armada alemana y habia viajado por Extremo Oriente. Consciente ahora del delicioso olor que llenaba la casa, me disculpe y dije que esperaba no interrumpir la comida de la familia.

– Todavia falta bastante para que nos sentemos a comer -dijo el anciano-. Mi esposa y mi hija aun estan en la cocina.

Sonrio nerviosamente, sin duda poco acostumbrado a que los funcionarios publicos fueran corteses con el, y me acompano a la sala.

– Bueno, ha dicho que deseaba hablar con mi hija Sarah, que quiza ella podria identificar a un criminal.

– Exacto -dije-. Una de las chicas de la escuela de su hija ha desaparecido. Es muy posible que la hayan raptado. Uno de mis hombres, al interrogar a las chicas de la clase de su hija, descubrio que hace varias semanas Sarah fue abordaba por un extrano. Me gustaria ver si recuerda algo de el. Si usted lo permite.

– Por supuesto. Ire a buscarla -dijo y salio de la habitacion.

Era evidente que a la familia le gustaba la musica. Al lado de un reluciente Bechstein negro habia varios estuches de instrumentos y una serie de atriles. Junto a la ventana que daba a un amplio jardin habia un arpa, y en la mayoria de las fotos de familia que habia en el aparador aparecia una nina tocando el violin. Incluso el oleo que habia sobre la chimenea representaba algo musical, un recital de piano, creia. Estaba de pie, mirandolo y tratando de imaginar la melodia, cuando volvio Herr Hirsch con su esposa y su hija.

Frau Hirsch era mucho mas alta y joven que su marido, puede que no pasara de los cincuenta anos y era una mujer esbelta y elegante, con un collar de perlas. Se seco las manos en el delantal y luego rodeo los hombros de su hija con el brazo como si quisiera insistir en sus derechos como madre frente a cualquier posible interferencia por parte de un Estado declaradamente hostil hacia los de su raza.

– Mi marido dice que ha desaparecido una chica de la clase de Sarah -dijo con calma-. ?De quien se trata?

– De Emmeline Steininger -dije.

Frau Hirsch hizo que su hija se volviera hacia ella.

– Sarah -dijo rinendola-, ?por que no nos habias dijo que una de tus amigas habia desaparecido?

Sara, una adolescente con exceso de peso, pero sana y atractiva, que no podia encajar menos en el estereotipo racista que Streicher tenia de los judios, ya que era rubia y de ojos azules, hizo un gesto de impaciencia con la cabeza, como un pequeno poni rebelde.

– Se ha escapado, eso es todo. Siempre hablaba de hacerlo. No es que me importe mucho lo que le pueda haber pasado. Emmeline Steininger no era amiga mia. Siempre estaba hablando mal de los judios. La odio y no me importa que su padre haya muerto.

– Ya basta -dijo su padre con firmeza, probablemente no muy contento de oir hablar de padres que habian muerto-. No importa lo que dijera. Si sabes algo que pueda ayudar al Kommissar a encontrarla, tienes que decirselo. ?Esta claro?

Sarah hizo una mueca.

– Si, papa -dijo, bostezando y dejandose caer en un sillon.

– ?Sarah, por favor! -dijo la madre. Me sonrio, nerviosa-. Normalmente no se comporta asi, Kommissar. Le ruego que la disculpe.

– No tiene importancia -dije con una sonrisa y sentandome en el taburete que habia delante del sillon.

– El viernes, cuando uno de mis hombres hablo contigo, Sarah, le dijiste que recordabas haber visto a un hombre rondando cerca de la escuela, hace unos dos meses. ?Es asi? -Asintio-. Entonces me gustaria que procuraras contarme todo lo que recuerdes de el.

Se mordisqueo una una un momento y luego la observo pensativamente.

– Bueno, hace bastante tiempo de eso -dijo.

– Cualquier cosa que puedas recordar me sera de ayuda. Por ejemplo, ?que momento del dia era?

Saque el cuaderno y me lo puse sobre las rodillas.

– Era la hora de irse a casa. Como de costumbre, yo iba a ir a casa sola. -Arrugo la nariz al recordarlo-. De cualquier modo, aquel coche estaba alli, cerca de la escuela.

– ?Que clase de coche?

Se encogio de hombros.

– No conozco marcas de coches ni nada de eso. Pero era uno grande, negro, con chofer.

– ?Fue el chofer quien hablo contigo?

– No, habia otro hombre en el asiento de atras. Pense que eran policias. El que estaba sentado detras tenia la ventanilla bajada y me llamo cuando cruce la verja. Yo iba sola. La mayoria de las demas chicas ya se habian marchado. Me pidio que me acercara y cuando lo hice me dijo que era… -Se sonrojo un poco y se detuvo.

– Sigue -dije.

– … que era muy guapa, y que estaba seguro de que mis padres estaban muy orgullosos de tener una hija como yo. -Miro, incomoda, a sus padres-. No me lo estoy inventando -dijo con algo que se parecia a la diversion-.

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