De verdad, eso es lo que dijo.
– Te creo, Sarah -dije-. ?Que mas dijo?
– Hablo con el chofer y le pregunto si yo no era un hermoso ejemplo de las doncellas alemanas o algo estupido por el estilo. -Se echo a reir-. Fue muy divertido. -Capto una mirada de su padre que yo no vi y se calmo de nuevo-. De cualquier modo, fue algo asi. No puedo recordarlo exactamente.
– ?Y el chofer le contesto algo?
– Le dijo a su jefe que podian acompanarme a casa en coche. Entonces el que estaba detras me pregunto si me gustaria. Le dije que nunca habia subido en uno de esos coches grandes y que si que me gustaria…
El padre de Sarah suspiro.
– Pero Sarah, ?cuantas veces te hemos dicho que no…?
– Si no le importa, senor -dije con firmeza-, quizas eso puede esperar hasta despues. -Volvi a mirar a Sarah-. ?Y que paso entonces?
– El hombre me dijo que si respondia correctamente a unas preguntas, me llevaria a dar un paseo, como si fuera una estrella de cine. Bueno, primero me pregunto como me llamaba y cuando se lo dije me miro como si estuviera sorprendido. Por supuesto, fue porque comprendio que era judia, y esa fue su siguiente pregunta, si era judia. Estuve a punto de decirle que no, solo por divertirme, pero me asustaba demasiado que lo averiguara y meterme en problemas, asi que le conteste que si. Entonces se recosto en el asiento y le dijo al chofer que se pusiera en marcha. Ni una palabra mas. Fue muy extrano… como si yo hubiera desaparecido.
– Muy bien, Sarah. Ahora dime, has hablado de que te parecieron policias. ?Llevaban uniforme?
Asintio dubitativa.
– Empecemos por el color del uniforme.
– Una especie de verde, me parece. Ya sabe, como la policia, solo que un poco mas oscuro.
– ?Que tipo de sombrero llevaban? ?Como la gorra de la policia?
– No, eran gorras con visera, mas parecidas a las de un oficial. Papa fue oficial en la armada.
– ?Algo mas? ?Placas, galones, insignias en el cuello de la chaqueta? ?Algo por el estilo?
A todo respondio negando con la cabeza.
– Esta bien. Ahora el hombre con el que hablaste. ?Como era?
Sarah fruncio los labios y luego se tiro de un mechon de pelo. Miro a su padre.
– Mayor que el chofer -dijo-, unos cincuenta y cinco o sesenta anos. De aspecto corpulento, sin mucho pelo, o puede que solo lo llevara rapado, y un pequeno bigote.
– ?Y el otro?
Se encogio de hombros.
– Mas joven. Un poco palido. Rubio. No recuerdo mucho de el.
– Dime que voz tenia, ese hombre del asiento de atras.
– ?Se refiere al acento?
– Si, si puedes.
– No estoy segura -dijo-, me resulta bastante dificil situar los acentos. Oigo que son diferentes, pero no siempre puedo decir de donde es esa persona. -Suspiro profundamente y fruncio el ceno tratando de concentrarse-. Podria haber sido austriaco, pero supongo que tambien podria haber sido de Baviera. Ya sabe, anticuado.
– Austriaco o bavaro -dije, anotandolo en el cuaderno.
Estuve a punto de subrayar «bavaro», pero luego lo pense mejor. No tenia sentido darle mas importancia de la que ella le habia dado, aun si bavaro me convenia mas. En lugar de hacerlo, calle unos segundos, guardando mi ultima pregunta hasta estar seguro de que ella habia acabado su respuesta.
– Ahora piensalo atentamente, Sarah. Estas de pie al lado del coche. La ventanilla esta bajada y estas mirando directamente al coche. Ves al hombre del bigote. ?Que mas ves?
Cerro los ojos con fuerza y pasandose la lengua por el labio inferior se estrujo el cerebro para sacar un ultimo detalle.
– Cigarrillos -dijo al cabo de un minuto-. No como los de papa. -Abrio los ojos y me miro-. Tenian un olor extrano. Dulce y bastante fuerte. Como hojas de laurel o de oregano.
Revise mis notas y cuando estuve seguro de que no le quedaba nada por anadir me levante.
– Gracias Sarah, me has sido de mucha ayuda.
– ?Si? -dijo alegremente- ?De verdad?
– Sin ninguna duda.
Todos sonreimos y durante un momento los cuatro olvidamos quienes y que eramos.
En el coche, mientras me alejaba de casa de los Hirsch, me pregunte si alguno de ellos comprendia que, por una vez, era probable que la raza de Sarah la hubiera beneficiado… que ser judia probablemente le habia salvado la vida.
Estaba contento con lo que habia averiguado. Su descripcion era la primera informacion de verdad en aquel caso. En la cuestion del acento, su descripcion encajaba con la del Tanque, el sargento que habia recibido la llamada anonima. Pero lo mas importante era que significaba que, despues de todo, tendria que conseguir que el general Martin, de Nuremberg, me diera las fechas en las que Streicher habia estado en Berlin.
14. Lunes, 26 de septiembre
Mire por la ventana de mi piso a la parte trasera de los edificios colindantes y al interior de varias salas de estar donde cada familia estaba agrupada, expectante, alrededor de la radio. Desde la ventana de la parte frontal del piso veia que la Fa sanenstrasse estaba desierta. Entre en mi propia sala de estar y me servi un trago. A traves del suelo me llegaba el sonido de musica clasica desde la radio de la pension que habia abajo. Un poco de Beethoven proporcionaba una cierta elegancia a los discursos radiados de los lideres del partido. Es lo que siempre digo: cuanto peor es el cuadro, mas lujoso es el marco.
Por lo general, no suelo escuchar las emisiones del partido; antes escucharia mis propias ventosidades. Pero la de esa noche no era una emision corriente. El
Personalmente, hacia tiempo que habia llegado a la conclusion de que Hitler llevaba anos enganando a todo el mundo con sus discursos sobre la paz. Y habia visto las suficientes peliculas del oeste en el cine para saber que cuando el hombre del sombrero negro se mete con el hombrecito que esta a su lado en el bar, lo que anda buscando es una pelea con el
Con la esperanza de equivocarme, encendi la radio y, como otros 75 millones de alemanes, espere para averiguar que iba a ser de nosotros.
Muchas mujeres dicen que, mientras Goebbels solo seduce, Hitler fascina. Me resulta dificil decir lo que pienso de esto. De todos modos, no se puede negar que los discursos del
Para los que lo escuchabamos desde casa, no habia nada que apreciar, ninguna esperanza en nada de lo que el oportunista numero uno decia. Lo unico era comprender horrorizados que estabamos un poco mas cerca de la guerra que la vispera.
Martes, 27 de septiembre
Aquella tarde hubo un desfile militar en Unter den Linden, un desfile que tenia mas aspecto de una revista de guerra que ninguno de los vistos antes por las calles de Berlin. Era una division mecanizada con todo el
