del Gran Rabino.

Despues de casi una hora, Heydrich emergio finalmente de las dos dobles puertas que habia frente mi. Llevaba un maletin y despidio a su asistente de las SS cuando me vio.

– Kommissar Gunther -dijo, y parecio encontrar un tanto divertido el sonido de mi rango en sus oidos. Me pidio que le acompanara a lo largo de la galeria-. He pensado que podriamos volver a pasear por el jardin, como la otra vez. ?Le importa acompanarme de vuelta a la Wil helmstrasse?

Pasamos por una arcada y luego bajamos por otra impresionante escalinata hasta el ala sur, de mala fama, donde lo que antes fueron talleres de escultura eran ahora celdas de la Ges tapo. Tenia buenas razones para recordarlas, ya que en una ocasion yo mismo habia estado detenido alli, de modo que me senti muy aliviado cuando cruzamos una puerta y nos encontramos al aire libre otra vez. Con Heydrich nunca se sabia.

Se detuvo un momento, mirando su Rolex. Empece a decir algo, pero levanto el dedo indice y, casi como un conspirador, se lo llevo a los delgados labios. Nos quedamos alli, de pie, esperando, algo de lo que yo no tenia ni idea.

Al cabo de un minuto o algo asi, sono una descarga de disparos, que resono por todo el parque. Y luego otra y otra mas. Heydrich comprobo el reloj de nuevo, asintio y sonrio.

– ?Continuamos? -dijo caminando por el sendero de grava.

– ?Eso ha sido en mi honor? -dije, sabiendo muy bien que asi era.

– ?El peloton de fusilamiento? -Solto una risita-. No, no, Kommissar Gunther, tiene usted mucha imaginacion. Y ademas, no creo en absoluto que usted necesite precisamente una demostracion practica del poder. Resulta que soy un fanatico de la puntualidad. Se dice que es una virtud de los reyes, pero para un policia es simplemente el marchamo de la eficacia administrativa. Despues de todo, si el Fuhrer puede hacer que los trenes sean puntuales, lo menos que yo tendria que poder hacer es asegurarme de que unos cuantos sacerdotes son liquidados exactamente a la hora fijada.

Asi que despues de todo era una leccion practica, pense. Era el modo en que Heydrich me hacia saber que conocia mi desacuerdo con el Sturmbannfuhrer Roth, del 4B 1.

– ?Que ha pasado con los fusilamientos al alba?

– Los vecinos se quejaron.

– Ha dicho sacerdotes, ?verdad?

– La Ig lesia catolica representa una conspiracion internacional, del mismo calibre que el comunismo o el judaismo, Gunther. Lutero encabezo una Reforma, el Fuhrer encabezara otra. Abolira la autoridad de Roma sobre los catolicos alemanes, tanto si los sacerdotes se lo permiten como si no. Pero ese es un asunto diferente, que sera mejor dejar a los que estan versados en su ejecucion. No, yo queria verlo por cierto problema que tengo, y es que estoy sometido a un cierto grado de presion por parte de Goebbels y sus escritorzuelos de Muratti para que se de publicidad a ese caso en el que usted esta trabajando. No estoy muy seguro de cuanto tiempo mas podre retrasarlo.

– Cuando me dieron este caso, general -dije, encendiendo un cigarrillo-, yo estaba en contra de que se prohibiera la publicidad. Ahora estoy convencido de que publicidad es exactamente lo que nuestro asesino ha estado buscando todo el tiempo.

– Si, Nebe me ha dicho que esta usted trabajando sobre la teoria de que podria tratarse de algun tipo de conspiracion tramada por Streicher y sus amigos apaleadores de judios para hacer caer un pogromo sobre las cabezas de la comunidad judia de la capital.

– Suena a fantasia, general, pero solo si no se conoce a Streicher.

Se detuvo y, metiendo las manos en lo mas hondo de los bolsillos del pantalon, cabeceo.

– No hay nada de ese cerdo bavaro que pueda sorprenderme. -Dio una patada a una paloma con la punta de la bota y fallo-. Pero quiero saber mas.

– Una chica ha identificado una fotografia de Streicher como, posiblemente, el hombre que trato de hacerla subir a su coche al salir de la misma escuela de donde desaparecio otra chica la semana pasada. Cree que el hombre podria tener acento bavaro. El sargento de guardia que contesto a una llamada anonima informandonos con exactitud de donde podriamos encontrar el cuerpo de otra chica desaparecida dijo que el informador tenia acento de Baviera. Luego tenemos el motivo: el mes pasado la gente de Nuremberg redujo a cenizas la sinagoga de la ciudad. Pero aqui, en Berlin, lo unico que hay son unas cuantas ventanas rotas y algunas agresiones, como mucho. A Streicher le encantaria ver que los judios de Berlin reciben algo como lo que les dieron en Nuremberg. Y ademas, la obsesion de Der Sturmer con el asesinato ritual me lleva a compararla con el modus operandi del asesino. Si a todo esto anadimos la reputacion de Streicher, empieza a parecer que tenemos algo.

Heydrich apreto el paso, adelantandose, con los brazos rigidos a los lados como si estuviera cabalgando en la Es cuela de Equitacion de Viena, y luego se volvio para mirarme. Sonreia con entusiasmo.

– Conozco una persona que estaria encantada de ver la caida de Streicher. Ese cabron imbecil ha estado haciendo discursos casi acusando al primer ministro de impotencia. Goering esta furioso. Pero lo que usted tiene todavia no es suficiente, ?verdad?

– No, senor. Para empezar, mi testigo es una chica judia. -Heydrich solto un grunido-. Y, claro esta, el resto es en gran parte mera teoria.

– Pese a todo, me gusta su teoria, Gunther. Me gusta mucho.

– Me gustaria recordarle, general, que necesite seis meses para atrapar a Gormann, el Estrangulador. No llevo ni siquiera un mes trabajando en este caso.

– No disponemos de seis meses, me temo. Mire, deme una prueba, por pequena que sea, para poder librarme de Goebbels. Pero necesito algo pronto, Gunther. Tiene otro mes, seis semanas como maximo. ?Me he expresado con claridad?

– Si, senor.

– Bien, ?en que puedo ayudarle?

– Haciendo que la Ges tapo vigile durante las veinticuatro horas del dia a Julius Streicher -dije-. Una investigacion secreta completa de todas sus actividades y sus socios conocidos.

Heydrich cruzo los brazos y apoyo la larga barbilla en la mano.

– Tendre que hablar con Himmler de eso. Pero no tendria que haber problemas. El Reichsfuhrer odia la corrupcion incluso mas de lo que odia a los judios.

– Bueno, eso es reconfortante sin ninguna duda, senor.

Seguimos andando hacia el Prinz Albrecht Palais.

– Por cierto -dijo, segun nos acercabamos a su propio cuartel general-, acabo de recibir una noticia importante que nos afecta a todos. Los britanicos y los franceses han firmado un acuerdo en Munich. El Fuhrer ha conseguido los Sudetes. -Movio la cabeza maravillado-. Un milagro, ?no es verdad?

– Si que lo es -murmure.

– Bueno, ?no lo comprende? No va a haber guerra. Por lo menos, no de momento.

Sonrei torpemente.

– Si, son realmente buenas noticias.

Lo comprendia perfectamente. No iba a haber guerra. No iba a haber ninguna senal de los britanicos, y sin esa senal no iba a haber tampoco ningun putsch del ejercito.

Segunda parte

15. Lunes, 17 de octubre

La familia Ganz, o lo que quedaba de ella despues de una segunda llamada anonima al Alex informandonos de donde podiamos encontrar el cuerpo de Liza Ganz, vivian al sur de Wittenau, en un pequeno piso en la Bir

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