de la manana, les enviaria un coche de la policia para recoger a Herr Ganz y llevarlo al Alex para que identificara el cuerpo.

– Gracias por su amabilidad, Kommissar -dijo Frau Ganz, esforzandose por sonreir-. Todo el mundo es muy amable.

Su esposo asintio para mostrar que estaba de acuerdo. Inmovil al lado de la puerta, era evidente que tenia ganas de perdernos de vista.

– Herr Vogelmann no quiso que le dieramos dinero. Y ahora usted va a enviar un coche para mi marido. No puedo expresarle lo mucho que lo agradecemos.

Le estreche la mano compasivamente y luego nos fuimos.

En la farmacia de abajo compre unos sobres de especificos y me trague uno en el coche. Becker me miro con repugnancia.

– Joder, no se como puede hacerlo -dijo estremeciendose.

– Asi hace efecto mas rapido. Y despues de lo que acabamos de hacer no puedo decir que note mucho el sabor. Detesto dar malas noticias. -Barri la boca con la lengua para recoger los residuos-. Bien, ?que te parece? ?Tienes la misma sensacion que la otra vez?

– Si. El no hacia mas que lanzarle miraditas significativas.

– Tu tambien lo hacias, si a eso vamos -dije moviendo la cabeza asombrado.

Becker sonrio de oreja a oreja.

– No estaba mal, ?eh?

– Supongo que ahora me diras que tal seria en la cama, ?no?

– Mas su tipo que el mio, diria yo, senor.

– ?Ah, si? ?Que te hace decir eso?

– Ya sabe, del tipo que reacciona a la amabilidad.

Me eche a reir, a pesar del dolor de cabeza.

– Mas bien del que reacciona a las malas noticias. Alli estamos nosotros con nuestros pies grandes y nuestras caras largas y lo unico que puede hacer es poner una expresion como si estuviera en mitad del periodo.

– Es enfermera. Estan acostumbradas a las malas noticias.

– Tambien a mi me paso por la cabeza, pero me parece que ella ya habia llorado lo que tenia que llorar, y no hacia mucho. ?Que paso con la madre de Irma Hanke? ?Lloro?

– Joder, no, era mas dura que el judio Suss. Puede que lloriqueara un poquito cuando fui la primera vez, pero me dieron la misma impresion que los Ganz.

Mire el reloj.

– Me parece que necesitamos un trago, ?no crees?

Fuimos hasta el Cafe Kerkau, en la Ale xanderstrasse. Con sus sesenta mesas de billar, era donde iban a descansar muchos de los policias del Alex cuando acababan el servicio.

Compre un par de cervezas y las lleve hasta la mesa donde Becker estaba practicando algunas jugadas.

– ?Juega? -pregunto.

– ?Me estas poniendo a prueba? Esta era mi sala de estar.

Cogi un taco y observe como Becker golpeaba la bola blanca. Dio contra la roja, reboto contra la banda y dio de lleno contra la otra bola blanca.

– ?Le hace una apuesta?

– No despues de ver eso. Tienes mucho que aprender en cuanto a lanzar el cebo. Ahora bien, si hubieras fallado…

– Fue un tiro con suerte, eso es todo -insistio Becker. Se inclino hacia adelante y emboco un golpe tremendo que fallo por medio metro.

Chasquee la lengua.

– Lo que tienes en la mano es un taco de billar, no un baston de ciego. Deja de tratar de darme lecciones, ?quieres? Mira, si eso te hace feliz, apostaremos cinco marcos el juego.

Sonrio ligeramente y se encogio de hombros.

– ?Veinte puntos le va bien?

Gane la serie y perdi el tiro inicial. Despues de eso fue como si hiciera de canguro. Becker no habia estado en los boy scouts cuando era joven, de eso no habia ninguna duda. Despues de cuatro partidas, tire un billete de veinte en el tapete y pedi clemencia. Becker me lo devolvio.

– Esta bien -dijo-. Ha dejado que le enganara.

– Eso es otra cosa que tienes que aprender. Una apuesta es una apuesta. Nunca juegues por dinero si no piensas coger el dinero. Alguien que te perdona la deuda puede esperar que tu se la perdones a el. Hace que la gente se ponga nerviosa, eso es lo que pasa.

– Me parece un buen consejo -dijo, y se embolso el billete.

– Es como en los negocios -continue-. Nunca trabajes gratis. Si no vas a aceptar dinero por tu trabajo, entonces es que no vale mucho. -Devolvi el taco al soporte y me acabe la cerveza-. No confies nunca en alguien que se contenta con hacer el trabajo por nada.

– ?Es eso lo que aprendio como detective privado?

– No, es lo que aprendi como hombre de negocios. Pero ya que lo mencionas, no me gusta que un detective privado intente encontrar a una chica desaparecida y luego se niegue a aceptar sus honorarios.

– ?Rolf Vogelmann? Pero es que no la encontro.

– Dejame que te diga algo. En estos dias desaparece mucha gente en esta ciudad y por muchas razones diferentes. Encontrar a una es la excepcion, no la regla. Si yo hubiera roto la factura de cada cliente decepcionado que he tenido, ahora estaria fregando platos. Cuando eres un detective privado, no queda lugar para los sentimientos. El que no cobra, no come.

– Puede que ese Vogelmann sea mas generoso que usted, senor.

Negue con la cabeza.

– No veo como se lo puede permitir -dije, desdoblando el anuncio de Vogelmann para volver a mirarlo-. No con estos gastos generales.

16. Martes, 18 de octubre

Era ella, sin duda. Era imposible confundir aquella cabeza dorada y aquellas piernas esculturales. Mire como salia con dificultad por la puerta giratoria del Ka-De-We, cargada de paquetes y bolsas, con aspecto de estar haciendo sus compras de Navidad en el ultimo minuto. Llamo a un taxi, se le cayo una bolsa, se inclino para recogerla y levanto la mirada para notar que el chofer no la habia visto. Era dificil entender como habia podido ser asi. A Hildegard Steininger se la veria incluso con la cabeza metida en un saco. Tenia el mismo aspecto que si viviera en un salon de belleza.

Desde dentro del coche, la oi maldecir y, acercandome al bordillo, baje la ventanilla del pasajero.

– ?Necesita que la lleve a algun sitio?

Seguia mirando alrededor en busca de un taxi cuando respondio:

– No, gracias -dijo, como si la hubiera acorralado en una fiesta y estuviera mirando por encima de mi hombro para ver si se acercaba alguien mas interesante.

No habia nadie mas, asi que se acordo de sonreir, una sonrisa breve, y luego anadio:

– Bueno, si esta seguro de que no es una molestia…

Baje para ayudarla a cargar las compras en el coche. Sombrererias, zapaterias, una perfumeria, un elegante disenador de moda de la Fri edrichstrasse y la famosa tienda de alimentacion del Ka-De-We. Pense que era la clase de mujer a quien un talonario de cheques es el mejor remedio para cualquier cosa que la preocupe. Pero bien mirado, hay muchas mujeres asi.

– No es ninguna molestia en absoluto -dije, siguiendo sus piernas con la mirada mientras se balanceaban al subir al coche, disfrutando durante un breve momento de la vision de la parte superior de sus medias y de sus ligas. «Olvidalo -me dije-. Es una mujer demasiado cara. Ademas, tiene otras cosas en que pensar; por ejemplo, si los zapatos hacen conjunto con el bolso y que le habra pasado a su hijastra desaparecida.»

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