a fondo. Pase la mano por un bronce de
– ?Ha visto lo que sus botas han hecho en mi suelo limpio? -dijo senalando varias marcas negras que habia dejado con los tacones.
Chasquee la lengua con una teatral falta de sinceridad.
– Puede que consiga convencer a su ama para que compre otro nuevo -dije.
Estoy seguro de que solto un taco entre dientes antes de decirme que la siguiera.
Recorrimos el mismo pasillo, que ahora habia rebajado su lugubre aspecto con un par de capas de pintura, hasta las dobles puertas de la sala de estar-despacho.
– ?No tiene telefono? -dijo a traves del humo del cigarrillo con un vozarron resonante como una sirena en la niebla. Oi que soltaba una risita cloqueante-. Seguro que en otros tiempos fue cobrador de morosos o algo por el estilo. -Al darse cuenta de lo que habia dicho, se llevo las manos a las carrilludas y colgantes mejillas-. Oh, Dios, no le he pagado la factura, ?verdad? -Se echo a reir de nuevo y se levanto-. Lo siento muchisimo.
– No tiene importancia -dije, mirando como iba hasta el escritorio y cogia el talonario de cheques.
– Y ademas, no le he dado las gracias por la rapidez con que resolvio las cosas. Les he dicho a todos mis amigos lo bien que trabaja. -Me entrego el cheque-. He anadido algo extra. No puedo decirle lo aliviada que me senti por librarme de aquel hombre horrible. En su carta me decia que parecia que se habia colgado,
Volvio a reirse, a carcajadas, como una actriz aficionada que actua con un vigor excesivo para ser creible. Sus dientes tambien eran falsos.
– Esa es una manera de verlo -dije.
No tenia ningun sentido contarle que sospechaba que Heydrich habia dado ordenes de que mataran a Klaus He-ring a fin de acelerar mi incorporacion a la Kri po. A los clientes no les gustan mucho los cabos sueltos. A mi tampoco me entusiasman.
En aquel momento recordo que su caso tambien le habia costado la vida a Bruno Stahlecker. Dejo apagar sus carcajadas y, con una expresion mas seria en la cara, puso manos a la obra para expresar sus condolencias; algo que tambien incluia el talonario. Por un momento tuve intencion de decir algo noble relativo a los azares de la profesion, pero luego pense en la viuda de Bruno y deje que acabara de rellenar el cheque.
– Muy generoso -dije-. Me encargare de que llegue a su esposa y su familia.
– Por favor, hagalo -dijo-. Y si hay algo mas que yo pueda hacer por ellos, me lo hara saber, ?verdad?
Le dije que si.
– Hay algo que usted puede hacer por mi,
– Si, por supuesto, lo habia olvidado.
Pero ?que es lo que habia dicho? ?Era posible que se refiriera a que las cartas que yo tenia todavia en la carpeta en el despacho eran las unicas que quedaban? ?O queria decir que Reinhart ya tenia las demas? En tal caso, ?como habian llegado a sus manos? Lo cierto es que yo no habia conseguido encontrar ninguna carta mas al registrar el piso de Hering. ?Donde habian ido a parar?
– Las traere yo mismo -dije-. Por suerte ha recuperado las demas.
– Si, ?verdad?
Estaba claro, si que las tenia el.
Empece a ir hacia la puerta.
– Bueno, sera mejor que me vaya,
– De nada.
Frunci el entrecejo como si se me acabara de ocurrir algo.
– Hay algo que me intriga -dije-. Algo que queria preguntarle. ?Que interes tiene su editorial en la agencia de detectives de Rolf Vogelmann?
– ?Rolf Vogelmann? -repitio incomoda.
– Si. Vera, me entere por casualidad de que la Edi torial Lange financia la campana de publicidad de Rolf Vogelmann desde julio de este ano. Sencillamente, me preguntaba por que me habia contratado a mi cuando podria haberlo contratado a el con mas razon.
– Me temo que no tengo ni la mas remota idea.
Me encogi de hombros y me permiti esbozar una sonrisa.
– Bueno, como le decia, solo me intrigaba, nada mas. No tiene importancia. ?Firma usted todos los cheques de su empresa,
Claramente incomoda,
– Reinhart tiene poderes de firma en una cuenta bancaria limitada que se supone que cubre sus gastos como director de la empresa. No obstante, no sabria como explicar a que viene esto,
– Bueno, puede que se haya cansado de la astrologia. Puede que haya decidido convertirse en detective privado. A decir verdad,
– Este seguro de que se lo preguntare cuando lo vea. Estoy en deuda con usted por la informacion. ?Le importaria decirme donde la ha conseguido?
– ?La informacion? Lo siento, una regla que obedezco estrictamente es la de la confidencialidad. Estoy seguro de que lo comprendera.
Asintio secamente y me deseo buenas noches.
De vuelta al vestibulo, el caldero negro seguia preocupada por su suelo.
– ?Sabe que le recomendaria? -dije.
– ?Que? -pregunto hurana.
– Creo que tendria que ir a visitar al hijo de
17. Viernes, 21 de octubre
Cuando le sugeri la idea a Hildegard Steininger, se mostro poco entusiasmada.
– A ver si lo entiendo bien… ?Quiere hacerse pasar por mi marido?
– Exacto.
– En primer lugar, mi marido ha muerto, y en segundo lugar, usted no se parece a el en nada,
– En primer lugar, cuento con que ese hombre no sepa que el verdadero
– Pero, vamos a ver, exactamente ?quien es ese Rolf Vogelmann?
– Una investigacion como esta no es mas que la busqueda de un patron, un factor comun. Aqui el factor comun que hemos descubierto es que Vogelmann fue contratado por los padres de otras dos chicas.
