– Bien, al principio la investigacion era autentica. Pero luego descubrio que Weisthor era un impostor, que estaba utilizando su llamada clarividencia ancestral como medio para destacar la importancia de sus antepasados a ojos de Himmler. Pero para entonces era demasiado tarde y no habia precio alguno que Lanz no estuviera dispuesto a pagar para conseguir su Instituto.
– ?Para que necesita un Instituto? Ya tiene la clinica, ?no?
– Eso no le basta. En su propio terreno quiere ser recordado en la misma categoria que Freud y Jung.
– ?Y que hay de Otto Rahn?
– Muy dotado academicamente, pero poco mas que un fanatico sin escrupulos. Fue carcelero en Dachau durante un tiempo. Esa es la clase de hombre que es. -Se detuvo y se mordio las unas-. ?Me puede dar uno de esos cigarrillos, por favor?
Le lance el paquete y observe como encendia uno con una mano que temblaba como si tuviera una fiebre muy alta. Al ver como lo fumaba, se habria pensado que era pura proteina.
– ?Eso es todo?
Nego con la cabeza.
– Kindermann sigue teniendo el historial medico de Weisthor, en el que se demuestra su demencia. Lanz solia decir que era su seguro para garantizar la lealtad de Weisthor. Vera, Himmler no puede tolerar las enfermedades mentales. Por no se que tonteria de la salud racial. Asi que si llegara a conseguir ese historial, entonces…
– Entonces el juego se habria acabado definitivamente.
– Asi que, ?cual es el plan, senor?
– Himmler, Heydrich, Nebe… todos se han ido a ese Tribunal de Honor de las SS en Wewelsburg.
– ?Donde cono esta Wewelsburg? -pregunto Becker.
– Cerca de Paderborn -dijo Korsch.
– Me propongo seguirlos hasta alli. Ver si puedo dejar al descubierto a Weisthor y aclarar todo ese sucio asunto delante de Himmler. Me llevare a Lange, solo para que sirva de evidencia.
Korsch se levanto y se dirigio a la puerta.
– De acuerdo, senor. Voy a buscar el coche.
– Me temo que no. Quiero que los dos os quedeis aqui.
Becker gimio sonoramente.
– Pero eso es ridiculo, de verdad, senor. Es ganas de meterse en lios.
– Puede que no resulte de la forma que pienso. No olvideis que ese tipo, Weisthor, es amigo de Himmler. Dudo que el
Korsch intercambio una mirada con Becker y luego replico:
– Venga, senor, no nos venga con historias. Eso que esta planeando es peligroso. Nosotros lo sabemos y usted tambien lo sabe.
– No solo eso -dicho Becker-, ademas, ?como va a llegar hasta alli con un prisionero? ?Quien conducira?
– Exacto, senor. Son mas de trescientos kilometros hasta Wewelsburg.
– Llevare un coche oficial.
– Suponga que Lange trata de hacer algo durante el viaje.
– Ira esposado, asi que dudo que me cause problemas. -Hice un gesto con la cabeza y cogi el sombrero y la chaqueta del perchero-. Lo siento, chicos, pero asi es como lo voy a hacer.
Me dirigi hacia la puerta.
– Senor -dijo Korsch, y me tendio la mano. Se la estreche y despues estreche la de Becker. Luego fui a recoger a mi prisionero.
La clinica de Kindermann tenia el mismo aspecto pulcro y bien cuidado que la primera vez que estuve alli, a finales de agosto. Si acaso, parecia mas tranquila sin grajos en los arboles y sin botes que los espantaran en el lago. Solo se oia el sonido del viento y las hojas muertas que llevaba a traves del sendero como si fueran langostas voladoras.
Puse la mano al final de la espalda de Lange y lo empuje con firmeza hacia la puerta principal.
– Esto es muy violento -dijo-, venir aqui, esposado, como si fuera un delincuente cualquiera. Aqui me conocen, ?sabe?
– Un delincuente cualquiera, eso es lo que eres, Lange. ?Quieres que te tape tu fea cabeza con una toalla? -Lo empuje de nuevo-. Escucha, solo mi bondad natural me impide hacerte entrar ahi con la polla colgando por fuera de los pantalones.
– ?Y mis derechos civiles?
– Joder, ?donde has estado estos ultimos cinco anos? Esto es la Ale mania nazi, no la antigua Atenas. Ahora cierra esa boca de mierda.
Nos encontramos con una enfermera en el vestibulo. Empezo a saludar a Lange y entonces vio las esposas. Le puse la placa delante de la asustada cara.
– Policia -dije-. Tengo una orden para registrar las oficinas del doctor Kindermann.
Era verdad, la habia firmado yo mismo. Solo que la enfermera habia ido al mismo campamento de vacaciones que Lange.
– No creo que pueda entrar ahi de esa manera -dijo-. Tendre que…
– Senora, hace solo unas semanas esa pequena esvastica que ve en mi identificacion fue considerada suficiente autoridad para que las tropas alemanas invadieran los Sudetes. Asi que puede apostar a que me permitira entrar en los calzoncillos del buen doctor si asi me apetece. -Empuje de nuevo a Lange-. Vamos, Reinhart, muestrame el camino.
El despacho de Kindermann estaba en la parte de atras de la clinica. Si fuera un piso en la ciudad, se habria pensado que tiraba a pequeno, pero como sala privada de un medico era perfecta. Habia un divan largo y bajo, un bonito escritorio de madera de nogal, un par de grandes cuadros de pintura moderna del tipo que parece mostrar el interior del cerebro de un mono y los suficientes libros de encuadernacion cara como para explicar la escasez de piel para zapatos que sufria el pais.
– Sientate donde pueda vigilarte, Reinhart -dije-. Y no hagas movimientos bruscos. Me asusto con facilidad y entonces me pongo violento para disimular mi incomodidad. ?Cual es el termino que usan los loqueros para eso? -Habia un archivador de gran tamano al lado de la ventana. Lo abri y empece a ojear las carpetas de Kindermann-. Conducta compensatoria -dije-; son dos palabras, pero me parece que se dice asi.
»?Sabes?, no te creerias algunos de los nombres que tu amigo Kindermann ha mencionado. Este archivo parece la lista de invitados a la noche de gala de la Can cilleria del Reich. Espera un momento, esta parece ser tu carpeta. -La cogi y se la tire encima de las piernas-. ?Por que no miras lo que escribio sobre ti, Reinhart? Puede que te explique por que te viste mezclado con esos cabrones.
Se quedo mirando fijamente la carpeta sin abrir.
– En realidad es muy sencillo -dijo en voz baja-. Como le explique antes, me interese en las ciencias psiquicas a raiz de mi amistad con el doctor Kindermann.
Levanto la cara hacia mi, desafiante.
– Te dire como te liaste con ellos -dije sonriendole-. Estabas aburrido. Con todo tu dinero, no sabes que hacer. Ese es el problema de los de tu clase, esa clase que ha nacido nadando en dinero. Nunca aprendeis el valor que tiene. Ellos sabian eso y te hicieron actuar como Juan el Tonto.
– No funcionara, Gunther. Lo que esta diciendo es basura.
– ?De verdad? Entonces es que has leido el informe y lo sabes seguro.
– Un paciente no debe leer nunca las notas que toma su medico. Seria poco etico incluso que abriera la carpeta.
– Se me ocurre que has visto mucho mas de tu querido doctor que las notas, Reinhart. Y Kindermann aprendio etica con la San ta Inquisicion.
