– Es de Shakespeare: La Tempestad.

Kate levanto la botella.

– Por que nunca nos encuentren.

– ?Hay alguna probabilidad de eso?

– Realmente, no. Al menos en esta epoca del ano. Pero navegando por los tropicos nunca se sabe.

Se quedaron silenciosos durante un momento, como si se sintieran comodos el uno con el otro, lo bastante como para permanecer alli, sentados, contemplando como la tripulacion del Grand Duke se preparaba para salir del muelle. De vez en cuando, Kate echaba una mirada a popa, donde el Britannia, el barco de Rocky Envigado estaba ya cargado y amarrado. Empezaba a sentirse un poco mas relajada. El Britannia habia sido el ultimo barco en entrar en el Duke y, durante una o dos horas, parecio como si ella y sus dos companeros fueran a zarpar sin que estuviera a bordo el objeto de su mision.

Un remolcador hizo sonar su sirena a babor, se soltaron las amarras del muelle y Kate y Dave oyeron un retumbar sordo a estribor cuando los propulsores de proa y popa empezaron a girar. Solo habia dos cuerdas uniendolos a tierra y al ver que se aflojaban, los hombres del muelle las soltaron del noray y las dejaron caer al agua con reflejos de arcoiris.

– ?Maniobra completa! -grito alguien.

Una vez comprobada la situacion del barco de Rocky, Kate miro a David de reojo mientras el observaba como los propulsores hacian que el barco se alejara. Maxima puntuacion por citar a Shakespeare. Y tenia razon, habia algo rico y extrano en un viaje como aquel. Maxima puntuacion tambien por no estar interesado en el futbol. ?Que importancia tenia un partido cuando se podia contemplar la partida de America por barco? Habia empezado a pensar que los hombres como David Delanotov simplemente no existian. Romanticos, felices de permanecer sentados, en silencio, en lugar de tratar de usar su labia para lograr que te quitaras las bragas. Mientras observaba sus ojos, grandes y castanos, fijos en el lejano horizonte, se pregunto que otras sorpresas le depararia el viaje y cuantas de ellas incluirian a aquel hombre tan apuesto.

14

Algunos de los tripulantes y propietarios de los yates se quedaron en sus propias embarcaciones para cenar. Pero la mayoria fue al bloque de alojamientos de la cubierta de proa, curiosos por ver algo mas del buque y conocer al capitan, a sus oficiales y a la tripulacion. Los oficiales y la tripulacion del Duke comian por separado en comedores diferentes. En la Marina Mercante britanica siempre se habia hecho de esa manera. Jellicoe dio ordenes de que se permitiera a los propietarios y a sus capitanes cenar en el salon de oficiales. Los tripulantes, sin embargo, tendrian que comer con los del Duke en el comedor de la tripulacion. Asi fue como Dave se encontro sentado con Jellicoe, los oficiales que no estaban de servicio y un par de docenas de propietarios y capitanes, entre ellos Al Carnaro, Kate Parmenter y la capitana del Jade, la atractiva Rachel Dana.

– Capitan Jellicoe -dijo Rachel-, me gustaria saber cual es el proposito de los dos canones de bronce que hay en su castillo de proa.

– ?Que cono es un castillo de proa? -murmuro con un grunido Kent Bowen.

– Es la cubierta que hay por encima de la proa del barco – explico Jellicoe, y califico a Bowen como un completo idiota en todo lo referente al mar y la navegacion. Volviendose hacia Rachel, sonrio flematico-. La verdad es que esos canones tienen su pequena historia -dijo-. Vera, cuando volviamos de las Baleares -hizo un gesto con la cabeza hacia Bowen-… Son ese pequeno grupo de islas que incluye Mallorca que es, claro, nuestro destino. Bueno, tuvimos que detenernos para hacer unas reparaciones, muy cerca de Lanzarote -otro cabeceo para Bowen-, que, por supuesto, esta en las Islas Canarias. Como sea, estuvimos anclados cerca de unos acantilados la mayor parte de un dia mientras el primer maquinista trabajaba con las maquinas, y los chicos empezaban a aburrirse. Bien, pues en lo alto de los acantilados habia dos canones para rendir honores y a mi se me ocurrio que una buena manera de evitar que se metieran en problemas era que escalaran hasta la cresta de los acantilados, tal como habia visto hacer en una pelicula y, en lugar de dinamitarlos, los robaran -Jellicoe se iba riendo entre dientes mientras revivia la hazana-. Y eso fue exactamente lo que hicimos. Nos llevo la mayor parte del dia porque, como pueden imaginarse, pesaban bastante. De cualquier modo, funcionan perfectamente. Los disparamos una vez al ano, para conmemorar la victoria del almirante lord Nelson contra los franceses en la batalla de Trafalgar -volvio a cabecear en direccion a Bowen-… Una famosa batalla maritima durante las guerras napoleonicas, el 21 de octubre de 1805, por si le interesa. Se libro al norte de las Canarias, de hecho. Veran, originariamente los canones eran britanicos, de un buque de la escuadra de Nelson que naufrago en Madeira, y se quedaron alli durante un tiempo hasta que el gobernador los perdio en una partida de cartas con el gobernador de Lanzarote. Bueno, o algo por el estilo. Asi que lo unico que hicimos fue recuperar una propiedad britanica. Es lo que Inglaterra espera de nosotros, ?eh, primer oficial?

Bert Ross exhibio una glacial sonrisa y se puso un poco mas del execrable vino blanco que se servia a bordo del Duke.

– ?Que heroico! -dijo Rachel-. Quizas deberia usted hacer una pelicula, capitan.

Kate se pregunto en que clase de pelicula estaria pensando Rachel Dana. Dirigiendose al capitan dijo:

– Capitan Jellicoe, si asi es como consigue que sus hombres no se metan en problemas, me gustaria ver que pasaria si fuera usted quien quisiera causar problemas.

– Vamos, vamos, capitana Parmenter. Fue solo una diversion, eso es todo -Jellicoe miro a Dave-. ?No le parece, senor?

– Seguro que fue un desmadre -dijo Dave, devolviendole la sonrisa y preguntandose como reaccionaria Jellicoe cuando Al y el escenificaran su propia diversion. Y decidio que mal. Jellicoe era la clase de tipo que llamaria «pirateria» a lo que Dave estaba planeando. Bueno, eso no le importaba. Errol Flynn y Tyrone Power siempre le habian gustado. Cuando estuviera escondido en algun lugar, varios millones de dolares mas rico, quizas incluso se dejara crecer un pequeno bigote. Puede que hasta volviera a llevar pendiente. Cuando uno valia varios millones de dolares, podia llevar lo que quisiera y nadie protestaba nunca.

– ?Un desmadre? -dijo Jellicoe-. Si, supongo que lo fue.

– Unas cuantas cervezas de mas es el delirio maximo en el Carrera -dijo Kate sonriendo a Dave.

– Lo mismo en el Juarista -respondio Dave, sonriendo tambien, aunque estaba pensando que lo que le habia pasado a Lou Malta y a su Pepe podria describirse como bastante delirante.

Al, que habia permanecido sensatamente callado durante la cena, se inclino sobre el hombro de Dave y murmuro:

– ?Es ella? ?La muneca con la que estuviste hablando antes?

– Si.

– Guapa, muy guapa. La cuestion es ?tiene una amiga atractiva?

– No, Al -dijo Dave mirando a Al y sacudiendo la cabeza-, la cuestion es ?tengo yo un amigo atractivo?

Despues de cenar, Dave pregunto al primer oficial, Bert Ross, quien de sus oficiales era el radiotelegrafista.

– ?Radiotelegrafista? -Ross sonaba sorprendido.

– Si, es que tengo un micro que todo el rato me corta la comunicacion.

Aunque era verdad, Dave sabia perfectamente como arreglarlo. Su verdadero proposito era averiguar donde estaba la radio del buque. La primera parte de su plan, cuando se pusiera en marcha, requeriria la inmovilizacion del VHF del Duke

– Tenemos un oficial electronico -dijo Ross-. Los radiotelegrafistas desaparecieron al mismo tiempo que los pantalones de campana. Hoy todo son satelites y microchips. Fax, telex, llamadas digitales selectivas, lo que quiera. La mayoria de los chavales de este barco creen que Morse es la capital de Rusia. -Se echo a reir y miro el reloj-. Da la casualidad de que Jock, nuestro especialista en esas cosas, estara ahora hablando por telefono, para saber los resultados del futbol en Inglaterra. Venga, le acompanare.

– Estupendo, gracias.

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