siempre se quitaba el sombrero ante una mujer bonita; el problema es que nunca se limitaba solo al sombrero.
– Un don Juan, ?eh?
– Si, aunque se llamaba Phil y era de Filadelfia.
Dave sonrio.
– ?Quien le escribe los dialogos? -pregunto-. Me encanta la manera que tiene de hablar.
– Un hombrecito, con una vieja Remington, aqui arriba en mi cabeza; se parece un poco a William Holden.
– William Holden. Antes era grande.
– Sigue siendo grande -declaro Kate, con fingida solemnidad-. Son sus arterias lo que se ha encogido.
Le gustaba que a el le gustara su forma de hablar. Howard nunca habia apreciado su ingenio. Siempre era demasiado rapida para el y eso era algo que el odiaba. A veces, era demasiado rapida incluso para ella misma, y decia cosas, cosas divertidas que luego lamentaba haber dicho. Si su boca hubiera sido una pistola, habria sido Sundance Kid. Pero, en su opinion, no era que Howard careciera de ingenio o inteligencia; era simplemente que se tomaba a si mismo demasiado en serio. «Es bueno que tu y yo tengamos el mismo sentido del humor -le habia dicho una vez-. El unico problema es que yo tengo el 95 % del total.»
Desde luego, el sentido del humor de Dave no tenia nada de malo. A Kate tambien le gustaba mucho la forma en que el hablaba.
– A usted tampoco se le da mal. Despues de todo, lleva a Van Morrison en la maleta. Siempre me ha gustado Van, el Hombre. * ?De donde eres, Van?
Dave sonrio y aparto la mirada un momento.
– No importa -respondio-. Lo que de verdad importa es adonde vas y como llegas hasta alli.
– Aja; asi que eres de Miami -dijo Kate.
Dave se echo a reir.
– Todo el mundo se vuelve timido cuando tiene que reconocer que es de Miami -explico Kate.
– Tienes razon -dijo-. Es como decir que naciste en un supermercado K-Mart.
– Apenas se te nota el acento -observo Kate.
Desde que empezo a estudiar ruso, Dave se habia esforzado, tambien, por perfeccionar la manera en que hablaba ingles. Por utilizar conjunciones y preposiciones; salvo cuando hablaba con Al. No parecia importar gran cosa la manera en que uno hablara con Al.
– Eso -respondio- es porque lo restregue hasta que desaparecio.
– Alguien que se perfecciona a si mismo, ?eh?
– ?No lo hacemos todos? ?Y que hay de ti? ?De donde eres? ?O tambien te sientes timida?
– Yo y la timidez nunca nos hemos llevado muy bien. Ella y su hermana mansa nunca me gustaron.
– Asi que no crees que los mansos heredaran la tierra.
– Si lo hacen sera porque tienen un buen abogado. En realidad soy de la Space Coast. Suena mejor que decir que soy de Titusville, ?no? Si Miami es un K-Mart, no se donde deja eso a Titusville.
Penso en la cuestion durante un momento.
– Una tienda de cosas de segunda mano organizada por la iglesia con fines beneficos, probablemente. De verdad, lo unico bueno de Titusville es la vista del edificio de ensamblaje de los co hetes a unas veinte millas. Mas o menos, yo creci con el programa espacial. Cuando era nina queria ser astronauta. La primera mujer de Estados Unidos en pisar la luna. Y ahora tripulo yates de lujo -dijo sonriendo y encogiendose de hombros-. Un paso logico en mi carrera -anadio, despues de acabarse la bebida y lamerse los labios.
– ?Quieres un poco mas? -pregunto Dave-. He preparado una jarra entera, por si cambiabas de opinion sobre lo de tomar solo uno.
– Un hombre que conoce la psicologia femenina -respondio Kate, alargandole el vaso-. ?Lo anadimos a la lista de tus habilidades?
Dave cogio los vasos, puso sal en el borde y luego volvio a llenarlos hasta arriba.
– ?Quien lleva la cuenta?
Kate espero hasta que Dave se hubo sentado de nuevo, lo miro directamente a los grandes ojos castanos y le respondio con una franqueza que encontro casi tonificante.
– Yo.
Luego levanto el vaso antes de que el se le acercara demasiado, tratando de controlar lo que pasaba el mayor tiempo posible.
– Bueno, asi es como llegue a ser capitana de un yate. ?Como llegaste tu a ser propietario? Quiero decir, este es un barco muy caro.
– Normalmente se lo que me gusta -dijo Dave, con lo que confiaba que sonara como modestia evasiva-. Asi que, si puedo, voy y lo consigo.
– ?Vas a por todo lo que te gusta?
– No, no todo. Pero es asi como elegiria a una mujer.
– Haces que suene igual que elegir una corbata.
– Elegir una corbata es un asunto serio -dijo Dave-. Puede que la lleves colgada alrededor del cuello doce horas al dia.
– ?Doce horas al dia? Suena como si trabajaras en algo de alta presion. ?Que haces exactamente para ganarte la vida?
– ?Exactamente? -pregunto Dave sonriendo-. Un poco de esto, un poco de aquello.
– Suena como si fuera un trabajo realmente agradable. ?Cual de los dos es mas rentable?
– Por lo general, aquello.
– Es lo que yo pensaba.
– Trabajo en el Centro Financiero del Sudeste, en el bulevar Biscayne.
– Ya. El edificio mas alto de Florida.
– Tiene que serlo, para que quepan todas las historias que tengo que contarles a mis clientes.
– O sea que eres un mentiroso experimentado, ?es eso lo que me estas diciendo?
– Experimentado no. Perfecto.
– Tiene que irte bien -dijo Kate sonriendo.
Dave adopto un aire evasivo.
– Quiero decir -prosiguio Kate-, ya hemos establecido que este barco no es exactamente la Chalupa John B. Un yate como este debe costar sus buenos tres millones. Eso es un monton de historias. Incluso para alguien del Centro Financiero.
– ?Tu que harias si tuvieras tres millones de dolares? -pregunto Dave dejando el vaso en la mesa.
– ?Que es esto,
– He dicho tres millones.
– Bueno, naturalmente habria algunos cambios.
Dave se deslizo por el sofa y le rodeo los hombros con el brazo.
– ?Donde nos habiamos quedado con el gambito de rey? – dijo. Y luego la beso.
Kate penso que se podia saber mucho de un hombre por la forma en que besaba. A veces se podia saber lo que habia tomado para cenar. Pero casi siempre podias decir si querias acostarte con el. En el mismo momento en que el puso los labios sobre los suyos Kate supo que queria sentirlos tambien en otras partes de su cuerpo. Cuando el se aparto para observar su reaccion, dijo:
– Me parece que el gambito ha sido aceptado, solo que la reina blanca esta mal situada aqui. Tendria que moverse si quiere evitar el mate.
Kate puso su Margarita en la mesa, le rodeo el cuello con la mano y atrajo de nuevo su boca a la de ella, como si ya se hubiera vuelto adicta a su efecto narcotico. Sonadora, cerro los ojos y se entrego a la borrachera de sus labios, que todavia tenian rastros de la sal cristalina del vaso. El ultimo hombre que la habia besado habia sido Nick Hemmings, el oficial de enlace britanico. Un tipo agradable, pero no muy bueno besando. Y antes de eso Howard, claro, que besaba como una almeja. Pero esto, esto era un autentico zumbido, con un alto potencial de adiccion. Un beso de 200 dolares la onza, con un efecto igual que si lo estuviera absorbiendo por las dilatadas ventanas de la nariz y, al cabo de unos segundos, lo sintiera cosquilleandole en los dedos de los pies.
– Mmmm -dijo, con ganas de mas, y recorrio la calida mejilla y la caliente oreja de Dave con sus encendidos
