del club de yates, alla en Manhattan. Dos dias despues lo desembarcamos en la costa de Chile y cogio el avion de vuelta a casa. Mamon de mierda. En cuanto llego a Wall Street puso el yate en venta -Sam sacudio la cabeza indignado-. Si, creo que el y Kent Bowen se hubieran llevado de maravilla.

– Eres muy amable al decirlo, Sam.

Sam estiro sus largas piernas y bostezo.

– Hay una cosa en la que Bowen tiene razon. En acostarse temprano. Estoy hecho polvo. ?Te importa si me voy a dormir?

– Claro que no. Yo me voy a quedar un rato a disfrutar del aire nocturno. No se zarpa cada dia en un viaje a traves del Atlantico.

Sam sonrio cortesmente y se puso en pie. No sentia demasiado amor por el oceano. Fort Lauderdale era uno de los destinos mas activos del servicio. El ano anterior habian realizado mas de mil abordajes y Sam no habia trabajado nunca menos de setenta horas a la semana. El lema de los guardacostas era Semper Paratas -siempre en pie- y era de verdad, vaya si era de verdad. Sam no habia estado nunca casado. Nunca habia encontrado el momento, y mucho menos la chica adecuada. Una chica capaz de soportar a un rival como el mar. Kate le gustaba, pero no se enganaba respecto a ella. Era como el, alguien dispuesto a poner su trabajo por encima de cualquier relacion. Y no habia ningun futuro en aquello para ninguno de los dos. Asi que le deseo buenas noches y se fue a su camarote.

Kate volvio a la parte posterior del puente y fijo la mirada en el mar. El buque iba a una velocidad de casi diecisiete nudos, aunque apenas se notaba salvo por el debil ruido y la sorda vibracion de las maquinas. El mismo mar parecia tan tranquilo como si estuvieran navegando por uno de los canales de Lauderdale. Habia luna llena, grande como una pelota de futbol, y solo una ligera y calida brisa soplaba mientras se desplazaban a traves de la noche.

Kate encendio un Doral y deambulo descalza por la cubierta. A la luz de la luna, hubiera podido creerse que todos los barcos estaban hechos de cocaina, tan blancos eran. Un poeta, al menos, habria apreciado la absurda teoria de Kent Bowen. Y era facil pensar en todos los pasajeros como viajeros sobrenaturales de la mitologia griega, o quizas holandeses errantes surcando los mares por toda la eternidad.

Alguien carraspeo y, al volverse hacia estribor del Carrera se encontro frente al capitan del Juarista, iluminado por la luna.

– Hermosa noche -dijo el.

– ?Verdad que si?

Kate apago el cigarrillo. Le parecia que no mostraba su mejor aspecto cuando estaba fumando.

– Podria pedirme que subiera a bordo, si quisiera.

– ?Le apetece una cerveza?

El parecio tomarse esto como una invitacion, porque al momento siguiente saltaba atleticamente desde su puente al de ella.

– ?Oh! -dijo Kate, un poco nerviosa por su proximidad-, aqui esta. Vaya. Vaya.

– Bueno, es una noche maravillosa para bailar a la luz de la luna.

Y para sorpresa de Kate, Dave le rodeo la cintura con el brazo, le cogio la mano derecha con su izquierda, a pesar de que se resistio un poco, y empezo a bailar con ella, cantando suavemente su cancion favorita de Van Morrison, sonriendo cuando sus ojos se encontraban y sin rastro alguno de timidez, como si cantara serenatas a una chica cada noche.

Cuando acabo la cancion y ella estaba segura de que iba a besarla, le solto la mano y se aparto.

Kate solto un suspiro y dijo:

– Ha sido agradable -y sintiendose un tanto escandalizada de si misma anadio-; podria escuchar esa musica toda la noche. -Se volvio para que el no pudiera ver su gesto avergonzado-. Voy a traerle la cerveza.

– No -dijo el-. En realidad no tengo sed. No necesito una cerveza. Estaba pensando -dijo con una sonrisa-, ?que le pareceria ir al cine conmigo esta noche? Hay un pase de El tercer hombre en el Juarista. Es una pequena sala de cine no muy lejos de las Bahamas.

– La conozco -respondio Kate-. Esta justo al lado del Carrera.

– Y despues podriamos llegarnos a un bar que conozco justo al lado. El barman prepara unos Margaritas verdaderamente excelentes.

Kate torcio el gesto, preguntandose por que tendria que haberle recordado de repente el Pier Top, del Hyatt, en Fort Lauderdale.

Dave prosiguio:

– Y luego, si le quedan energias, podemos continuar bailando,

– No se me da muy bien bailar -reconocio Kate. ?No lo decia Howard siempre? Decia que habia visto un libro de numeros aleatorios con mas ritmo que ella.

– Eso no es verdad -dijo Dave-. Conoce todos los movimientos.

– Me parece que se esta describiendo a si mismo.

– Oh, se refiere a movimientos como los del ajedrez.

Ella asintio.

– ?Como en un gambito?

– Don Gary Kasparov -dijo ella.

– Podria ser -concedio Dave-. Solo que un gambito entrana algun tipo de sacrificio.

– Digame pues, ?que tiene que perder?

– Tuve la ingenua idea de expresar sencillamente mis sentimientos tal como se producian. ?Sirve esto?

– Claro. Pero quizas seria mejor que nos saltaramos la pelicula. Podriamos molestar a los otros patrones.

– Bien, ?pero que me dice del Margarita?

– Si cree que sera de ayuda para esa ingenua idea suya… Pero solo uno y recuerde esto: uno, despues tengo que conducir; y dos, me gusta lamerme la sal de los labios yo misma.

Dave la ayudo a pasar a su barco y, mientras Kate paseaba la mirada por el salon, fue abajo para asegurarse de que Al estaba bien dormido. Con la primera chica decente que conocia en cinco anos, lo ultimo que necesitaba era que Al metiera las narices. Detras de la puerta de cedro reluciente, la television seguia en marcha, pero Al estaba roncando con fuerza. Dave volvio al salon para preparar las bebidas.

– Al esta dormido. No nos molestara.

– Cuenteme algo de Al.

– Me parece que podriamos decir que Al es un tipo bastante corriente. Podria ser el vecino de al lado; es decir, si da la casualidad de que vives al lado de un zoo o de una granja de cerdos. Pero es util tenerlo cerca, ?sabe?

Kate se rio. Estaba mirando el acuario de falso cristal de Lalique que rodeaba el sofa y pensando que el interior del barco era mucho menos masculino de lo que habia imaginado. Dejando de lado el cristal, estaban los cojines que habia en el sofa. Nunca habia conocido un hombre que llevara cojines a bordo de un pesquero deportivo.

– Bonito interior -dijo educadamente.

– No esta mal -admitio Dave-. Un poco cursi. No estoy seguro de que el cristal encaje. Asi que estoy pensando en hacer cambios en invierno. Algo mas practico, quizas -anadio dandole el Margarita.

Kate tomo un sorbo.

– Mmmm. Perfecto.

– Asi es como me gustan.

– Perfeccionista.

– Eso explicaria por que me atrae.

– La adulacion es mi cumplido favorito.

– Hubiera dicho que a estas alturas ya estaba acostumbrada.

– En realidad, no. Mi ex marido era un tanto avaro con sus buenas opiniones. Sin embargo, lo compensaba con las malas.

– Esa parte del ex suena bien.

– Esta totalmente fuera de mi vida -mintio Kate-. A pesar de lo poco amante que era de hacer cumplidos,

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