– De nada. ?Que es lo que quiere hacer? ?Hablar con su preparador personal o algo asi? -Ross lo condujo fuera del salon de oficiales-. Despues de esa cena probablemente necesitara un par de horas extra de gimnasia.

– Si que era un tanto pesada -admitio Dave, pensando en lo mucho que le habia recordado la bazofia que les daban en Homestead.

– Lo que sobra lo empleamos como lastre.

Siguieron hasta una cabina situada al lado del puente, donde un hombre delgado, con aspecto desnutrido y con el pelo mas rojo que Dave hubiera visto, excepto en perros, estaba sentado frente a una serie de transmisores-receptores y altavoces. En la mano tenia el auricular de un telefono digital y a su lado, en la mesa, habia una hoja de papel cubierta de nombres de equipos y resultados.

– Este es Jock.

El pelirrojo levanto los ojos y saludo con la cabeza.

– Es escoces, asi que no espere entender una maldita palabra de lo que diga.

Jock volvio a colocar el auricular en su sitio y se recosto en la silla de plastico.

– ?Como le ha ido al Arsenal, Jock?

– Perdieron, tres a cero.

– Cabrones -Ross suspiro y miro hacia otro lado, furioso-. Jock, este es el senor Delanotov, uno de nuestros supernumos. Tiene un problema con su VHF.

Dave contesto unas cuantas preguntas basicas sobre el sistema de VHF a bordo del Juarista y, mientras, iba pensando cual seria el mejor medio de inutilizar la radio del buque. El marino que habia en el retrocedia ante la idea de disparar una bala contra la radio y dejar a un centenar de personas abandonadas en el oceano sin ningun medio de comunicacion. Pero no veia otra alternativa. Por lo menos, eso era lo que le parecia hasta que, al dar un paso atras para dejar pasar a Ross, el bolsillo de los pantalones se le engancho en la pesada puerta de acero y se desgarro.

– Lo siento -dijo Ross.

Pero Dave estaba mas interesado por el descubrimiento de que la puerta tenia una llave que por cualquier disculpa. Lo unico que tenia que hacer era robar la llave y esconderla en algun sitio.

Jock se inclino hacia delante en la silla, frunciendo el ceno desconcertado cuando, a traves del altavoz, llego un sonido parecido a un aparato de fax transmitiendo.

– ?Que raro! Ahi esta de nuevo -dijo.

– ?El que? -pregunto Ross.

– Ese sonido. Uno de los supernumos debe estar transmitiendo una senal utilizando un scrambler digital.

– ?Y?

– Pues que no es muy normal, eso es todo.

– ?Por que canal? -pregunto Dave, curioso.

Jock le dio al boton de sonido en el transmisor-receptor para tratar de limpiar el ruido ambiental de fondo.

– Parece estar entre frecuencias -dijo sacudiendo la cabeza.

– Quienquiera que sea probablemente esta tratando de sostener una conversacion sobre un asunto privado - dijo Ross encogiendose de hombros-. Hay un monton de cabrones entrometidos por ahi. Nunca se sabe quien puede estar escuchandote. Lo lei el otro dia en el periodico. Cada vez hay mas espionaje industrial.

– Eso es cierto -dijo Jock con un acento mas espeso que el pure de patatas-. Pero lo digital es algo muy sofisticado -dijo mirando acusador a Dave-. Incluso para un supernumo multimillonario. Normalmente, solo los militares y los servicios de inteligencia utilizan esa clase de juguetes.

– ?Estas seguro de que viene del Duke? -pregunto Dave.

– Positivo. Mira la fuerza de la senal. Estamos justo encima. Y, ademas, la VHF tiene un alcance muy corto. Maximo cincuenta millas. Si alguien esta emitiendo, es para alguien que esta bastante cerca.

– ?Puedes establecer la posicion? -pregunto Dave.

– Con este equipo no.

Jock cogio un cigarrillo a medio fumar y dio unas caladas hasta devolverlo a la vida.

– Hay otra posibilidad -anadio-, si la senal no procede realmente del buque.

Dio otra chupada al cigarrillo, lo apago en un platillo y empezo a liar otro.

– Bueno, espero que no tengamos que quitarnos la ropa interior para que nos lo cuentes.

Jock lamio el papel de fumar.

– Es posible, he dicho solo posible, ?eh?, que estemos encima de un submarino -se puso el cigarrillo en la boca y encendio una cerilla-. Esos cabrones se dedican a toda suerte de jueguecitos estupidos. Si es un submarino, probablemente nos este usando para un ejercicio. En este mismo momento podria estar haciendo ver que nos dispara un torpedo.

– Es una idea reconfortante ahora que nos preparamos para irnos a dormir -dijo Dave.

– Si -dijo Ross-. Y pensar que es para ayudarnos a todos a dormir tranquilamente en nuestras camas por lo que hacen todas esas cosas estupidas…

A bordo del Carrera, Kate finalizo su conversacion con el primer oficial del Galveston, el submarino de ataque clase 688 que, como acababan de informarle, estaba a 60 metros por debajo de los cascos gemelos del Duke. Se sentia mucho mejor sabiendo que tenia compania, aunque solo fuera hasta el mar de los Sargazos. Despues, les esperaban varios cientos de millas a traves de la depresion de Cabo Verde antes de que pudieran contar con su nueva escolta, un submarino nuclear frances, en otro hito bajo las aguas, la meseta del Gran Meteoro.

Estaba sentada con Sam Brockman detras de las cortinas corridas y las puertas cerradas del salon de la timonera. Brockman estaba pendiente del grafico electronico, mas por costumbre que por necesidad. Era un hombre alto -demasiado alto para estar verdaderamente comodo en el yate: con su metro noventa y cinco, siempre andaba rozando con su pelo gris acero los techos forrados de gamuza del Carrera- y tenia el aspecto de alguien que ya lo ha visto todo. A Kate le caia bien; su aire tranquilo le inspiraba una gran confianza, y admiraba su sentido del deber, pero por encima de todo le gustaba que compartiera su baja opinion de Kent Bowen.

– ?Donde esta su excelencia? -pregunto Kate.

– Dormido. En su camarote. Hizo buenas migas con la cerveza durante el partido por la tele. Y hemos de contar, ademas, el vino que trasego en la cena. Diria que hoy ha bebido tanto como ha respirado. Parece que va a representar el papel de un gato gordo y perezoso hasta el ultimo pelo del bigote, Kate. No tanto su sentido del deber como por la influencia del alcohol. Me sorprende que se las haya arreglado para mantener la boca tan bien cerrada. Hasta ahora.

– No tendria que haberselo sugerido nunca -dijo Kate-. Tienes razon, Sam; esta actuando como si fuera Donald Trump. Esa idea de ser propietario se le ha subido a la cabeza.

– No es solo la cabeza. ?Viste el otro dia como se lanzaba encima de la capitana del Jade? -Sam sonrio-. Me pregunto por que.

– Oh vamos Sam, tu no, por favor. Lo que lleva bajo el polo son tetas, no manzanas de oro.

– No me fije mucho en sus tetas, pero adoro el culo de esa mujer.

– ?Sam!

– El aire de mar le hace cosas extranas a la gente -explico-. Habra todo tipo de historias antes de que acabe el viaje. Ya veras como no me equivoco.

– Espero que tengas razon. Me vendria bien un poco de accion. La oficina de Miami ha estado un poco aburrida ultimamente. Bowen se encarga de ello. Es el jefe mas aburrido para el que he trabajado nunca.

– No tienes que preocuparte. Hiciste bien, creeme; representa el papel de propietario gilipollas y bobo a la perfeccion. Y te lo dice uno que sabe: he trabajado para muchos. Durante las vacaciones de la universidad, solia enrolarme en yates. Trabaje para un cretino, heredero de una fortuna en compresas higienicas, en particular que tenia una goleta de tres mastiles clasica. Sesenta metros de eslora, construida en 1927, una autentica belleza. Su avion privado lo llevo hasta donde estaba el yate, en Tierra de Fuego, en Argentina. Esto fue solo despues de que le telegrafiaramos para asegurarle que hacia un tiempo absolutamente tranquilo. Lo recogimos y paso cuarenta y ocho horas a bordo, doblando el Cabo de Hornos solo para poder fardar de que lo habia hecho ante sus colegas

Вы читаете Plan Quinquenal
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату