Dave se limitaba a repetir lo que le habia dicho Al, con los ojos saliendosele de las orbitas, despues de recoger el ejemplar de Rachel de Two Years before the Mast.

– Por cierto, que dan una fiesta esta noche, a las ocho. Todos estamos invitados. Me extrana que no se hayan enterado.

– Oh, es que no hemos sido muy sociables hasta ahora. Antes paso una chavala, pero estabamos todos todavia en la cama. Tomamos unas cuantas copas anoche -Sonrio como arrepentido-. Mas de unas cuantas. Ey, ?quiere tomar algo? -dijo mostrandose algo mas amigable.

– Claro, ?por que no?

– Suba a bordo, amigo. Suba a bordo del Baby Doc.

Esto era mejor de lo que Dave podia haber esperado. Salto al barco, al lado del tipo de los tatuajes, y lo siguio por la cubierta.

– Baby Doc -dijo-. ?Que era, el yate de la familia Duvalier o algo asi?

– En absoluto. El propietario tiene una especie de clinica de fertilidad en Ginebra. Gana dinero a espuertas con las mujeres que no pueden tener hijos. Y con otras cosas de ginecologia. No creo que haya oido hablar nunca de la familia Duvalier ni de los Tonton Macoutes. En realidad no creo que supiera siquiera que Haiti existia. No hasta que empezo navegar por el Caribe -El hombre se rio y le dio una Bud fria a Dave-. Claro que alli lo descubrio muy rapido. Esta pensando en reacondicionar el barco en Europa. Y le cambiara el nombre al mismo tiempo, creo. Si tiene algo de sentido comun. Imbecil de mierda.

Dave sonrio y echo una ojeada al destartalado interior, preguntandose cuanto dinero podia haber escondido dentro de los gastados muebles de piel. Dos sofas grandes y dos sillones a juego. El resto de la sala tenia un aspecto apropiadamente clinico. Como la sala de descanso de los personajes de Urgencias. Habian inventado una buena historia y no habia duda de que habian escogido el barco adecuado. El hombre, que le dijo a Dave que se llamaba Keach, no habia exagerado. El Baby Doc necesitaba una puesta a punto completa. Y sacar los aditamientos interiores no iba a representar un gran gasto.

Dave cogio la cerveza y se dejo caer en el sofa, esperando notar una cierta incomodidad en su trasero o en la cara de Keach. El sofa se notaba bastante firme. Quizas demasiado firme, pensandolo bien. Mas como una silla de oficina que como un comodo sofa. Las costuras de la vieja piel se veian demasiado inmaculadas, como si fueran nuevas. Como si alguien hubiera cosido algo por la parte de dentro de la piel. Dinero. Entretanto la cara de Keach, con sus ojos hinchados -como si hubiera encajado unos cuantos punetazos en su tiempo- y su lugubre boca, permanecia inexpresiva.

Dave reconocio la mirada. Era esa mirada fija, penetrante, blindada, que llegabas a tener cuando estabas en el trullo. La clase de mirada que decia «no me toques las pelotas o hare que te cagues a hostias». Asi que Keach era un ex preso, como el mismo. Dave se pregunto si el tipo se oleria que el tambien lo era.

– Vamos -dijo Keach con calma-. Salgamos afuera. Me puede ensenar cual es su barco.

Dave se quedo en el Baby Doc otros quince minutos y conocio a otro de los tripulantes, un negro con aspecto de maton y un corte de pelo a lo Keith Haring y con una cosa tan granitica que parecia que lo habian hecho en la Isla de Pascua. Al ver su propio reflejo en los cristales de las gafas de sol del negro, Dave penso que el parecia un tipo de aspecto bastante corriente. Para nada la clase de tio que guarda una pistola para cualquier posible eventualidad debajo de la cama. Parecia la clase de tio que Kate podria dejar entrar en su vida.

Conseguir que aquellos tios del Baby Doc los dejaran entrar parecia bastante mas dificil.

De vuelta al Juarista, Dave encontro bloqueado el paso por la estrecha pasarela por una figura solitaria que tenia la mirada fija en el mar. Mientras se disculpaba, pasando con dificultad por su lado, se dio cuenta de que la cara le era conocida.

– Eh -dijo-, ?no es usted Calgary Stanford, el actor de cine?

– Si, soy yo.

El tono de Stanford era triste, casi como si ser Calgary Stanford fuera algo demasiado dificil de soportar. O puede que fuera el papel que se decia que estaba preparando. Calgary Stanford era el actor que habia presenciado la ejecucion de Benford Halls el mismo dia en que soltaron a Dave de Homestead. Dave conocia bien los relatos publicados en Premiere, sobre el metodico trabajo de preparacion que algunos actores hacian para meterse en el personaje. En general pensaba que estaba bien que tuvieran que hacer algo de trabajo, quizas incluso soportar algunas dificultades, a cambio del dinero que les pagaban. Pero pensaba que asistir a la ejecucion de alguien era pasarse de los limites y se preguntaba si no habria, antes de que acabara el viaje, alguna manera de saldar cuentas con el actor por cuenta del hombre ejecutado.

– The Cruel Sea, ?eh? -dijo Dave y cuando Stanford lo miro, perplejo, le explico que era un libro.

– Me parece que he visto la pelicula. Britanica, ?verdad?

Dave asintio, preguntandose si los unicos que todavia leian libros eran los tipos que estaban en prision.

– En realidad pensaba que debia de estar alerta a causa del huracan.

– ?Que huracan?

– ?No lo sabe? Dicen que se acerca uno por el Oeste.

Era verdad. Lo habian dicho por radio justo despues de mediodia. Estaba muy por detras de ellos, pero Dave queria asustar un poco al actor.

– Jesucristo.

– A decir verdad, no -dijo Dave-. Se llama Louisa. Pero Jesus podria ser un buen nombre para un huracan, bien pensado. Huracan Jesus, o huracan Mierda Divina o huracan Sagrada Madre de Dios. He conocido a unas cuantas zorras en mi tiempo, buenas para gastar tu dinero y descargar adrenalina, pero ninguna de ellas podia destrozar un lugar como lo hace una verdadera tempestad. O como lo hace un grupo de rock. Huracan Led Zeppelin. Ese es un nombre mejor para un huracan. O huracan Keith Moon. Apuesto a que ese huracan si que podria hacer dano de verdad. No solo la tele o el Rolls Royce acabarian en la piscina, sino todo el jodido hotel.

– ?Han dicho de que nivel es este Louisa? -pregunto Stanford.

– Tres, creo -Dave husmeo el aire. El aliento del actor olia claramente a marihuana. El tio iba un poco colocado. Probablemente habia salido a cubierta para aclararse la cabeza.

– Ese no es el nivel maximo -dijo el actor con su deje gangoso de Los Angeles-. Pero tambien es peligroso. ?Sabia que en un dia un huracan puede liberar tanta energia como 500.000 bombas atomicas?

– ?A que tipo de bomba se refiere? -pregunto Dave-: ?La de Hiroshima o una mas grande?

Calgary Stanford lo penso un momento, parpadeo con fuerza y luego dijo:

– No lo se. Pero sea como sea, es un monton de muertos -Y rompio a reir.

– Parece saber mucho -observo Dave-. De los huracanes, quiero decir.

– Hice una pelicula una vez. Pura mierda. No valia la pena verla. Pero es la clase de informacion que vas recogiendo cuando te metes en un papel -Se callo y volvio a mirar el mar-. Nunca he estado en un autentico huracan. Suena a desmadre -Y rompio a reir otra vez.

– Yo si -dijo Dave-. Era bastante aterrador.

– ?Donde fue?

Habia sido cuando estaba en Homestead. Incluso detras de varios metros de hormigon reforzado, Dave habia creido que se iba a derrumbar el edificio. Por desgracia, no habia sido asi. Pero los reclusos tardaron dias en limpiar los destrozos.

– Miami -dijo.

– Este de ahora, ?donde esta?

– Sobre Cuba. Y se dirige hacia el noroeste. Puede que se extinga antes de alcanzarnos. O puede que el barco lo deje atras.

Stanford resoplo y dijo:

– Bueno, si fuera mi barco, habria una posibilidad -Senalo hacia un yate a motor de lineas aerodinamicas que estaba justo delante del Britannia-. Es ese de ahi. El Comanche. Un depredador de construccion britanica. Tres motores de 846 K. Eso significa cuarenta nudos. Pero tiene ocho mas de reserva.

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