Islas Canarias. Y al hacerlo, yo y mi barco no quedamos en muy buena posicion con los principales gerifaltes del gobierno local. ?Comprende lo que quiero decir?

– Si, senor.

Jellicoe echo otra mirada al mapa.

– No podemos en modo alguno acercarnos alli.

– No, senor.

– Esto es lo que vamos a hacer, segundo oficial. Ya he visto este tipo de cosas antes. La tormenta se habra disipado en gran parte cuando nos alcance, creame. No, vamos a mantener nuestro rumbo original. No obstante y para mayor seguridad, digale al jefe de maquinas que nos de la maxima potencia. Procuraremos distanciarnos del Louise. Es probable que tengamos un mar algo agitado, pero nada que no podamos manejar. ?Sabe, segundo?, al contrario de lo que cree la opinion publica, el mejor sitio para estar durante una tempestad es en el mar. Cuando el huracan Bertha alcanzo la costa de Estados Unidos, los jefes de la armada ordenaron que sus buques salieran a mar abierta, para evitar que se estrellaran contra los muros del muelle. Eso significa algo.

– ?Y que hay de las senoras del Jade, senor?

– ?Que pasa con ellas?

– Esta noche es el coctel, senor.

– Ah, eso -Jellicoe echo otra mirada al mapa meteorologico y sacudio la cabeza-. Probablemente, habra terminado para cuando el mar empiece a embravecerse.

– Puede que no esten acostumbradas a este tipo de cosas, senor. Quiero decir que va a ponerse bastante movido.

– Oh, no creo que tenga que preocuparse de la capitana Dana y de su tripulacion. Estoy seguro de que habran capeado mas de una borrasca en su vida.

– Si, senor, pero un barco como ese… Tendran estabilizadores, supongo. Pero no les serviran de mucho mientras esten a bordo del Duke, senor. El unico estabilizador que tenemos aqui es el cafe del cocinero.

– Eso es todo, senor Niven. Sera mejor que diga a la tripulacion que se pongan el uniforme azul. Va a hacer mas frio. Y ordene al timonel que mantenga un rumbo estable.

– Si, senor -Niven empezo a alejarse, sacudiendo la cabeza-. ?Un rumbo estable? Y como mierda vamos a conseguir un rumbo estable.

– ?Algo que anadir, senor Niven?

– No, senor.

– Entonces haga lo que le he dicho.

Jellicoe observo como se retiraba su segundo oficial. Con calma, plego la tumbona, recogio la nevera, la novela y el mapa del tiempo. De camino hacia su camarote, iba riendose, feliz, entre dientes. Parecia que, despues de todo, los supernumos iban a gustar del autentico sabor del Atlantico.

Kate habia ido hasta la popa del buque para ver mas de cerca al Britannia y a su tripulacion, asi como para estudiar si podia colocar otro aparato de escucha en el casco.

No se veia por ninguna parte al capitan, Nicky Vallbona, ni al otro tripulante, un tipo llamado Webb Garwood, ni a la amiga de Vallbona, Gay Gilmore. Kate se paseo arriba y abajo por el borde del dique flotante, pasando al lado del Britannia un par de veces, fingiendo un gran interes por las torres de maquinas y la popa abierta del Duke, pero no habia nada que ver salvo un monton de gaviotas que se alimentaban de los desechos que flotaban en la estela de la embarcacion. El Britannia parecia tan normal como los demas barcos del transporte, incluyendo el Carrera.

Kate miro a ambos lados y luego puso una rodilla en tierra para atarse el cordon del zapato. El micro no era mayor que un audifono y fue cosa facil inclinarse y pegarlo al techo de la cabina de popa del barco. Ya se estaba alejando cuando la voz de un hombre a su espalda le hizo detenerse.

– Hablame -decia el hombre-. No te quedes ahi, de pie. Quiero decir, ?has pensado alguna vez en tener ninos, por ejemplo?

Casi esperando encontrarse con Howard de pie detras de ella, Kate miro hacia atras. No habia nadie a la vista.

– Tu reloj biologico -decia la voz-, bueno, no se detiene, ?verdad carino? Quiero decir, si lo dejas hasta que ya hayas cumplido los treinta, entonces concebir es mucho mas dificil.

Kate se dio cuenta de que la voz procedia de una ventana abierta cerca de la proa del Britannia. ?Quien necesitaba micros cuando habia ventanas abiertas? No es que hubiera nada en esta conversacion que fuera de especial interes para el FBI. Podria haber sido Howard el que hablaba. ?Cuantas veces le habia oido hacer esos mismos comentarios?

– ?Y a ti que te importa? -respondio la voz de la mujer. Tenia acento de Nueva Zelanda. Eran Gay Gilmore y Nicky Vallbona los que hablaban.

– ?Que a mi que me importa? Carino, pensaba que esa era una de las razones por las que ibamos a casarnos; para tener ninos.

– ?De verdad? Bueno, pues ya te puedes ir haciendo a la idea, companero. El unico reloj biologico que tengo es el que me dice cuando es hora de echar otro polvo. Y no tiene nada que ver con tener ninos. Es solo que me gusta mucho mas follar que la idea de tener ninos.

– Pero, ?y el instinto maternal?

– ?Que pasa con el?

– Todas las mujeres lo tienen.

– Y una mierda.

Kate permanecio donde estaba, fascinada. Era como oir a unos actores leyendo un dialogo que ella hubiera escrito. Secretos de un matrimonio o algo por el estilo. Por el momento, le gustaba la actriz que la interpretaba a ella.

– Mira, Nick, tengo otros planes, ?vale? Si acaso tengo algo de instinto maternal, queda satisfecho cuando me lames los pezones y cuando yo me acuerdo del cumpleanos de mi madre.

Kate estuvo a punto de aplaudir; tenia que recordar esa frase.

– La maternidad no es para mi, lo tengo claro. Ya tengo bastantes problemas solo con cuidar de mi misma.

– No puedo entender que haya una mujer que no quiera tener hijos -gimio Nicky protestando.

Hubo un corto silencio durante el cual Kate penso en lo que tenia en comun con Gay. Una cosa por lo menos: su decision de no tener hijos. Se pregunto cuanto sabia Gay de la droga escondida en los depositos de combustible del barco. Esperaba que no supiera nada; empezaba a simpatizar con ella. Lo suficiente como para ayudarla cuando llegara el momento de la redada. Seria una lastima que Gay tuviera que ir a prision. Por el contrario, la reaccion de Nicky Vallbona habia sido como la de Howard: egoista y poco razonable.

– Nicky -decia Gay-, no creo que te hayas parado a pensarlo realmente. Tu y yo no estamos hechos para criar hijos. No estaria bien. Cuando lleguemos a Europa, cuando todo esto haya terminado, tendremos montones de dinero. ?Por que no nos limitamos a hacer lo que mejor se nos da? Divertirnos. Pasarlo bien. Solo nosotros dos. Sin preocupaciones.

– Si, vale. Supongo que tienes razon, carino. Mierda, ni siquiera se por que he hablado de esto. Pero se acabo, no volvere a mencionarlo. Lo prometo.

Kate se alejo, triste. Triste por que su propio marido no se hubiera mostrado tan comprensivo sobre la cuestion de los hijos como un traficante de droga; y triste al saber que Gay si que estaba enterada del asunto de la droga. A Gay le seria mucho mas facil no tener hijos cuando estuviera en prision.

A veces el trabajo te planteaba situaciones que resultaba dificil prever. Como descubrir que los traficantes de drogas podian tener las mismas conversaciones sobre cosas corrientes que cualquier persona respetuosa de la ley.

Kent Bowen acababa de desconectar la radio, despues de recibir la informacion que habia pedido sobre Dave Delanotov -por lo menos en parte-, cuando el en persona llamo a la puerta corredera de cristal de la cabina del Carrera.

– Hola, ?que tal? -dijo Dave-. Espero no molestar.

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