– Dios, Dave -murmuro-, estas completamente mojado. ?Pasa algo en el barco?
– No.
– Me alegro de que hayas venido.
– Kate, tengo que hablar contigo.
– Te he estado evitando, lo siento. Me arrastrabas. No sabia como reaccionar… ?Como vas vestido? Dejame que encienda la luz.
Pero Dave le impidio moverse y, percibiendo que el no queria luz, empezo a pensar que algo iba mal.
– Quiero que sepas que todo lo que dije lo dije de verdad, lo de que te queria, y que queria casarme contigo.
– Lo se, lo se.
– ?Y?
– ?No podemos hablar de esto despues de hacer el amor?
El suspiro y se aparto de ella en la oscuridad.
– Me gustaria, de verdad que me gustaria. Pero, veras, me voy del barco. Esta noche.
– ?Que te vas? Dave, ?de que estas hablando? ?Que esta pasando?
– Escuchame atentamente. Dos cosas.
Kate estiro el brazo y encendio la luz. De una mirada abarco el chaleco antibalas, la automatica del 45, la metralleta, las miras nocturnas y el walkie-talkie. Parecia una especie de comando. O quizas algo peor.
– Por todos los santos.
Dave se encogio de hombros como disculpandose y dijo:
– Bueno, esto es la primera cosa.
– ?Que cono esta pasando?
Dave empezo a responder, pero ella lo silencio con igual rapidez. Con la boca convertida en una linea de desaprobacion, dijo:
– No, no me lo cuentes. Me parece que puedo adivinarlo. Es pirateria, ?no?
– ?Estas segura de que no quieres cambiar de opinion y venir conmigo? -pregunto Dave.
Kate se rio con desprecio. Solo que el desprecio no era hacia el sino hacia si misma. Que se hubiera demostrado que se habia equivocado con este hombre, el hombre que amaba, y que lo hubiera demostrado nada menos que Kent Bowen. Nunca le permitiria olvidarlo, el hijo de puta. Se oyo a si misma diciendo:
– ?Yo, fugandome con un pirata, un ladron de droga? Creo que no.
– Lo siento -dijo Dave. Asi que habia tenido razon al pensar que habia drogas escondidas en algun lugar del buque. Y eso era lo que ella creia que el planeaba robar-. Lo siento, porque fui sincero en cada palabra que dije.
– Si, eso ya lo dijiste -sonrio con amargura-; dijiste muchas cosas que ahora no significan nada. ?Y yo? Me trague toda la historia del millonario ?eh? Y luego toda esa basura del caballero ladron de joyas. Me hiciste bailar al son que quisiste… ?y como!
– De acuerdo, soy un embustero -admitio Dave-. En este mundo todos pretendemos ser lo que no somos -Se detuvo, esperando que tambien ella le desvelara su engano.
– ?Asi de facil? -dijo ella-. No te enganes, Dave, si es que ese es tu nombre. Tu eres solo otro reincidente de Homestead – Kate sonrio ante la cara de sorpresa de Dave-. Si, lo se todo.
Dave trato de deducir como habria averiguado que era un ex presidiario. Seguia sin estar segura de su nombre pero, de algun modo, podia relacionarlo con Homestead.
– Tienes que tener mas cuidado con los libros que robas.
O sea que era eso. Debia haber algo en uno de sus libros. Un
– Supongo que crees que has calculado todas las eventualidades -Kate bajo lentamente de la cama y se puso de pie-. Bueno, no voy a desearte suerte. A la gente como tu no le interesa dejar las cosas a la suerte. Necesitais algo seguro. Pero hay algo que me gustaria darte, como recuerdo. Algo que haga que te acuerdes de mi; cuando estes encerrado otra vez.
Dave la observo mientras levantaba la colcha con calma, admirando la forma en que mantenia el control. Alli estaba el, armado hasta los dientes, y ella, en pijama, pero todavia buscando la pistola, imperterrita, pensando que aun contaba con una oportunidad de detenerlo; resistiendose a admitir el fracaso. No cabia duda alguna. Habia escogido a alguien realmente especial: Kate Furey era toda una mujer.
Lentamente, Kate saco el cajon de debajo de la cama y dijo:
– Un pequeno recuerdo de nuestro amor. Asi siempre sabras exactamente lo que te perdiste cuando destruiste mi buena opinion de ti, Dave.
Sonriendo, Kate rebusco en el cajon, metiendo la mano hasta el fondo, donde guardaba su placa y la Ladysmith 38. Habia que ver como permanecia alli sentado, con las piernas abiertas, los brazos cruzados, como si ya tuviera el botin en el bolsillo. Lo ultimo que esperaria era que una agente federal bien entrenada sacara un arma y le apuntara directamente a las pelotas.
Dave observaba como su busqueda se iba haciendo cada vez mas frenetica y como la sonrisita astuta desaparecia rapidamente de su cara.
– Parece que te falta algo -dijo. Y sacando la placa del bolsillo de su chaleco de cazador, la abrio con el indice-. ?Es esto lo que esta buscando agente Furey?
Kate se abalanzo tratando de arrebatarle la cartera.
– Tse, tse -dijo Dave, y volvio a meter la cartera en el bolsillo-. Esto y la pistola que lo acompanaba. ?Que habrias hecho si lo hubieras encontrado? ?De verdad me habrias disparado?
Kate volvio a sentarse y cruzo los brazos con calma.
– Nunca lo sabremos, ?verdad?
– Agente Furey. Prefiero ese nombre. Te sienta mucho mejor que Parmenter. Agente Furey suena a algo que el ejercito podria haber utilizado en Vietnam. Quizas un defoliante. No cabe duda de que sacudiste a fondo las hojas de mi arbol; no me importa reconocerlo. Y ahora estan esparcidas por toda la hierba.
– Parmenter es mi nombre de casada.
– ?Esa parte era verdad; lo de que te estabas divorciando?
– Si.
– ?El es tambien del FBI?
– No, es abogado.
Dave asintio con la cabeza.
– ?Cuando lo descubriste? -pregunto Kate.
– Yo podria hacerte la misma pregunta. Pero me temo que no tenemos tiempo -Dave saco un par de esposas de su chaleco y las tiro al suelo-. Solo una muneca, por favor, si no te importa.
– ?Y si me niego a complacerte? ?Crees que podrias disparar contra mi?
– No. Ni siquiera podria apuntar con una pistola al contenido de tu cajon. Pero apuesto a que podria hacerle un bonito agujero en la cabeza a ese jefe tuyo, Kent Bowen.
– Ya somos dos.
– Y Al, bueno, Al es capaz de casi cualquier cosa cuando se trata de los federales.
– Me lo imagino -Kate cerro una esposa en torno a su muneca. Por mucho que le desagradara Kent Bowen, en realidad no tenia estomago para ver como sufria dano alguno.
– Por si te lo estabas preguntando, Bowen y el otro tipo estan esposados en sus lujosos camarotes.
Kate levanto la mano donde llevaba la esposa.
– ?Puedes conseguirme unos pendientes a juego?
Dave senalo el cuarto de bano.
– Entra ahi, por favor.
Kate se levanto y entro. El le dijo que se sentara en el suelo y que abriera el armario que habia debajo del lavabo, donde estaba escondida la grabadora.
– Un bonito aparato de estereo -dijo Dave-. Por cierto, ?detras de quien ibais?
– ?Que? ?Acaso esperas que te senale donde esta la droga? – Kate dio por supuesto que estaba siendo displicente; que era solo otra manera de provocarla-. De ti, ibamos detras de ti y de tu amigo Al.
– No, eso no es verdad -dijo Dave-. Ya he escuchado tu cinta.
