pasma municipal y con el Guia. Ahora, preguntame por que.

– ?Por que?

– Porque su senoria queria ver en accion el hacha que cae.

«El hacha que cae» es el pintoresco nombre que dan los alemanes a la guillotina. Con un gesto de la mano, Otto llamo al camarero por tercera vez.

– ?Has visto una ejecucion con Hitler?

– En efecto.

– En la prensa no han dicho nada de ejecuciones. ?Quien fue?

– Un desgraciado comunista. En realidad no era mas que un crio. El caso es que Hitler asistio y dijo que le habia impresionado mucho. Hasta el punto de que ha ordenado al fabricante de Tegel que construya veinte maquinas nuevas del hacha que cae, una para cada gran ciudad de Alemania. Se marcho con la sonrisa en la boca, cosa que no se puede decir del pobre comunista. Yo no la habia visto nunca, pero, al parecer, a Goering se le ocurrio que nos vendria bien, por no se que de que reconocieramos el peso de la historica mision que nos habiamos propuesto… o una sandez por el estilo. Pues si, el hacha cae con mucho peso, desde luego. ?La has visto tu en funcionamiento alguna vez?

– Una, si. Gormann el Estrangulador.

– ?Ah, vamos! Entonces ya sabes lo que es. -Otto sacudio la cabeza-. ?Dios! No lo olvidare mientras viva. ?Que sonido tan horrible! Aunque el comunista se lo tomo bien. Cuando el chaval vio a Hitler alli, se puso a cantar Bandera roja, hasta que le soltaron un bofeton. Bueno, ahora preguntame por que te cuento todo esto.

– Porque te gusta meter el miedo en el cuerpo a la gente, Otto. Siempre has sido un tipo delicado.

– Bernie, te lo cuento porque la gente como tu tiene que saberlo.

– ?Que quiere decir eso de «la gente como yo»?

– Tienes un pico de oro, hijo, y por eso debes saber que lo de esos cabrones no es un juego. Tienen el poder y pretenden conservarlo a costa de lo que sea. El ano pasado solo hubo cuatro ejecuciones en el Plot. Este ya van doce… y las cosas se estan poniendo peor.

Paso un tren con gran estruendo y dejaron de oirse las conversaciones durante casi un minuto. Hacia el mismo ruido que un hacha muy grande y lenta al caer.

– Eso es lo malo -dije-, que se ponen peor cuando parece imposible. Al menos eso me dijo el tipo del Negociado de Asuntos Judios de la Gestapo. Segun las nuevas leyes que estan elaborando, mi abuela no era suficientemente alemana, aunque a ella no van a afectarla mucho: tambien ha muerto; sin embargo, parece que a mi si, no se si me sigues.

– Como a la vara de Aaron.

– Exactamente, y, como eres experto en falsificacion y falsificadores, pense que tal vez conocieras a alguien que pudiese ayudarme a quitarme la kipa. Creia que para demostrar que soy aleman bastaba con una Cruz de Hierro, pero parece que no.

– Cuando un aleman se pone a pensar en lo que significa ser aleman, empiezan sus peores problemas. -Otto suspiro y se limpio la boca con la mano-. ?Animo, yiddo! No eres el primero que necesita una transfusion aria, como lo llaman ahora. Mi abuelo paterno era gitano, de ahi me viene el atractivo latino que me caracteriza.

– Nunca entendi que tienen en contra de los gitanos.

– Creo que es porque predicen el futuro. Hitler no quiere que sepamos lo que ha planeado para Alemania.

– Sera eso. O el precio de las pinzas de la ropa.

Los gitanos siempre vendian pinzas de la ropa.

Otto saco una bonita Pelikan de oro del bolsillo de la chaqueta y se puso a escribir un nombre y una direccion en un papel.

– Emil es caro, conque procura que la fama de tu tribu en cuestion de regateo no te haga suponer que su trabajo no vale hasta el ultimo centimo, porque lo vale. No te olvides de decirle que vas de mi parte y, en caso de necesidad, recuerdale que la unica razon por la que no esta de planton en el Punetazo es porque se me perdio su expediente, pero que lo perdi en un sitio en el que puedo encontrarlo sin problemas.

El Punetazo era el nombre que la policia y el hampa de Berlin daban al conjunto formado por los juzgados y la carcel de Moabit, un barrio con una gran concentracion de clase obrera. Por eso, un dia alguien tuvo la ocurrencia de decir que esa carcel era «un punetazo imperial en la cara del proletariado berlines». La verdad era que con solo ir alli, el punetazo estaba garantizado sin discriminacion de clase social. Desde luego, era la prision mas severa de la ciudad.

Me conto lo que habia en el expediente de Emil Linthe, para que supiese que decir, llegado el caso.

– Gracias, Otto.

– En cuanto al delito del Adlon -dijo-, ?hay algo que me pueda interesar? ?Por ejemplo, una jovencita guapa que haya querido colocar cheques sin fondos?

– Es cosa de poca monta para un gorila de tu talla. Han robado una caja antigua a un cliente. Por otra parte, creo saber quien ha sido.

– Mejor todavia, asi me llevo los laureles yo. ?Quien fue?

– La taquimecanografa de un Ami fanfarron, una chica judia que se ha ido de Berlin.

– ?Guapa?

– Olvidate de ella, Otto. Se ha ido a Danzig.

– Danzig no esta mal; me apetece un viaje a un sitio bonito. -Habia terminado su copa-. Vamonos, volvamos ahi enfrente y, en cuanto hayas tramitado la denuncia, me pongo en marcha. ?Por que se habra ido a Danzig? Creia que los judios se habian marchado de alli, sobre todo ahora, que son nazis. No les gustan ni los berlineses.

– Como en cualquier otra parte de Alemania. Invitamos a cerveza a todo el pais y siguen aborreciendonos. - Me termine el brandy-. Supongo que siempre nos parece mejor lo ajeno.

– Creia que todo el mundo sabia que Berlin es la ciudad mas tolerante de Alemania; sin ir mas lejos, es la unica capaz de tolerar que el gobierno tenga aqui su sede. Danzig. Me ocupare de ello.

– Pues hay que darse prisa, antes de que comprenda su error y vuelva.

7

La recepcion del Alex parecia la tipica escena de multitudes de los cuadros de El Bosco. Una mujer con cara de Erasmo y un ridiculo sombrero rosa estaba denunciando un allanamiento de morada ante un sargento de turno, cuyas enormes orejas parecian haber pertenecido a otro, antes de que se las cortaran y se las pegaran a el a los lados de su cabeza de perro, con un lapicero en la una y un cigarrillo liado en la otra. Por un pasillo mal iluminado iban empujando a dos matones espectacularmente feos -con la jeta ensangrentada, marcada con el estigma atavico de la delincuencia, y las manos esposadas a la espalda- hacia las celdas y, tal vez, hacia una oferta de trabajo con las SS. Una limpiadora que llevaba un cigarrillo firmemente sujeto en la boca para ahorrarse el mal olor -y ademas necesitaba un buen afeitado- recogia un charco de vomito del suelo de linoleo color cagalera. En una esquina, bajo una telarana enorme, un nino con pinta de perdido y asustado y la cara sucia y lacrimosa se balanceaba sobre los gluteos, seguramente preguntandose si lo soltarian bajo fianza. Un abogado blancucho con ojos de conejo, que llevaba una cartera tan grande como el bien alimentado cerdo con cuyo pellejo la habian fabricado, exigia ver a su cliente, pero nadie lo escuchaba. En alguna parte alguien alegaba el buen caracter que tenia antes y se declaraba inocente de todo. Entre tanto, un poli se habia quitado el chaco negro de cuero y ensenaba a un colega schupo un gran hematoma morado que tenia en la cabeza, afeitada a conciencia: seguramente no fuese mas que un pensamiento que intentaba en vano salir de su embrutecido craneo.

Se me hacia raro estar de nuevo en el Alex. Raro y emocionante. Me imagine que Martin Lutero habria tenido la misma sensacion cuando se presento en la Dieta de Worms para defenderse de las acusaciones de haber estropeado el portico de la iglesia de Wittenberg. ?Cuantas caras conocidas! Algunos me miraron como al hijo prodigo, pero muchos mas, como si fuese un becerro cebado para el sacrificio.

Berlin, Alexanderplatz. Me habria gustado decir un par de cosas a Alfred Doblin.

Otto Trettin me llevo detras del mostrador y dijo a un joven policia de uniforme que se hiciese cargo de mi

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