– ?Alguna objecion?

– Imposible. Resolvio usted el caso y, de paso, ato los cabos sueltos. A eso se le llama trabajo de detective. Si, se entiende que Lansky pensara en usted para resolver el caso, la verdad sea dicha. Es un autentico Nero Wolfe.

– Lo dice como si pensara que lo he cortado a medida, como los sastres.

– Eso ha sido cruel. No he ido al sastre en mi vida, con lo que gano. Tengo una bonita guayabera de lino y eso es todo. Para ocasiones mas formales, me pongo el mejor uniforme disponible.

– ?El que no tiene manchas de sangre?

– No. Me confunde usted con el teniente Quevedo.

– Me alegro de que lo nombre, capitan.

Sanchez sacudio la cabeza.

– Imposible. Quien tiene oidos jamas se alegra de oir ese nombre.

– ?Donde podria encontrarlo?

– Nadie en su sano juicio va a buscar al teniente Quevedo. Es el quien encuentra a quien sea.

– No puede ser tan escurridizo, eso seguro. Lo vi en el entierro, ?se acuerda?

– Es su habitat natural.

– Un hombre alto, con el pelo cortado a cepillo, muy corto, y las facciones muy bien definidas, para ser cubano. Es decir, que parece algo estadounidense.

– Por suerte, a los hombres solo les vemos la cara, no el corazon, ?no le parece?

– De todos modos, segun usted, no trabajo solo a las ordenes de Lansky, sino tambien a las de Quevedo, conque…

– ?Eso dije? Es posible. ?Como describir a un tipo como Meyer Lansky? Es mas escurridizo que una pina en trocitos. Quevedo es otra cosa. Tenemos un dicho: «Es una maravilla que Dios crease al hombre, sobre todo en el caso del teniente Quevedo». Le hable de el en el funeral solo por advertirle de su existencia, como si fuese una serpiente venenosa, para que no se acercase a el.

– Tomo nota.

– Es un alivio.

– De todos modos, me gustaria hablar con el.

– Y a mi me gustaria saber de que. -Se encogio de hombros y, sin ninguna consideracion por el caro humidificador, encendio un cigarrillo.

– Eso es asunto mio.

– Lo cierto es que no, no lo es. -Sonrio-. Es asunto del senor Lopez e incluso, teniendo en cuenta las circunstancias, tambien de la senora Eisner, pero, ?asunto suyo, senor Hausner? No, no me lo parece.

– Ahora es usted quien parece pina en trocitos, capitan.

– Era de esperar. Vera, me licencie en Derecho en septiembre de 1950. Entre mis companeros de promocion se encontraban Fidel Castro y Alfredo Lopez. Al contrario que Fidel, Alfredo y yo no sabiamos nada de politica. En aquella epoca, la universidad estaba muy vinculada al gobierno de Grau San Martin y yo estaba convencido de que, si me hacia policia, podria contribuir a la democratizacion del cuerpo desde dentro. Naturalmente, Fidel no opinaba lo mismo, pero, despues del golpe de Batista, en marzo de 1952, me parecio que estaba perdiendo el tiempo y deje de esforzarme tanto por la defensa del regimen y las instituciones. Procuraria solamente ser buen policia, no un instrumento de la dictadura. ?Es logico, senor?

– Curiosamente, si. Al menos a mi me lo parece.

– Claro, que no es tan facil como decirlo.

– Eso tambien lo se.

– Me he visto en un compromiso conmigo mismo mas de una vez, incluso he llegado a pensar en dejar el ejercito. Sin embargo, fue Alfredo quien me convencio de que podia hacer una labor mas importante si me quedaba en la policia.

Asenti.

– Fui yo -prosiguio- quien informo a Noreen Eisner de la detencion de Alfredo y de quien lo habia hecho. Me pregunto que se podia hacer y le dije que no se me ocurria nada. Sin embargo, como sabra perfectamente, esa mujer no se rinde a la primera y, puesto que me constaba la antigua amistad que hay entre ustedes dos, le aconseje que le pidiera ayuda a usted.

– ?A mi? ?Como demonios se le ocurrio?

– No se lo dije completamente en serio. La verdad es que esa mujer me exaspera y confieso que usted tambien. Me exaspera, si, y tambien le tengo celos.

– ?Celos? ?Por que diablos iba a tener celos de mi?

El capitan Sanchez se removio en la silla y sonrio timidamente.

– Por varios motivos -dijo-. Por como ha resuelto el caso. Por la fe que ese Meyer Lansky parece tener en sus cualidades. Por el bonito apartamento del Malecon. Por su coche. Por su dinero. Eso no lo olvidemos. Si, lo reconozco abiertamente, tenia celos de usted, pero no tantos como para permitir que haga lo que esta pensando, porque tambien reconozco abiertamente que me cae usted muy bien, Hausner, y bajo ningun concepto podria permitir que se metiese en la boca del lobo. -Sacudio la cabeza-. Dije a Noreen Eisner que el consejo no iba en serio, pero, por lo visto, no me hizo caso y fue a pedirle ayuda.

– Puede que no sea la primera vez que me meto en la boca del lobo -dije.

– Puede, pero no es el mismo lobo. No hay dos lobos iguales.

– Somos amigos, ?no?

– Si, eso creo. Sin embargo, como decia Fidel, no se puede confiar en una persona solo porque sea amigo. Es un buen consejo, procure no olvidarlo.

Asenti.

– Ah, por supuesto. Y lo se, creame. Por lo general, lo que mejor se me da es cuidarme del numero uno. Soy experto en supervivencia. Sin embargo, de vez en cuando me da el estupido impulso de hacer algo bueno por alguien, como su amigo Alfredo Lopez, sin ir mas lejos. Hace un tiempo que no hago nada tan desinteresadamente.

– Entiendo o, al menos, me parece que empiezo a entender. Cree que si lo ayuda a el le hace un favor a ella, ?no?

– Mas o menos. Quiza.

– ?Y que cree que puede decir a un hombre como Quevedo para convencerlo de que suelte a Lopez?

– Eso queda entre el y yo y lo que, un tanto ridiculamente, llame en otra epoca «mi conciencia».

Sanchez suspiro.

– No pensaba que fuese tan romantico, pero me parece que lo es.

– Se le ha olvidado decir «idiota», ?no? Aunque se parece mas a lo que los franceses llaman «existencial». Despues de tantos anos, todavia no reconozco completamente mi insignificancia. Sigo creyendo que puedo hacer algo por cambiar algunas cosas. Que absurdo, ?verdad?

– Conozco a Alfredo Lopez desde 1945 -dijo Sanchez-. Es un hombre bastante honrado, pero lo que no entiendo es que Noreen Eisner lo prefiera a el, antes que a un hombre como usted.

– Puede que sea eso lo que quiero demostrarle a Noreen.

– Todo es posible. Supongo.

– No se, puede que sea el mejor que yo.

– No, solo mas joven.

21

El edificio del SIM, situado en el centro de Marianao, parecia de Beau Geste: una plaza fuerte de tebeo, blanca, de dos pisos, en la que quiza se encontrase, destacandose contra el cielo, una compania de legionarios muertos, apuntalados a lo largo de las almenas. Resultaba curioso alli, entre las escuelas, hospitales y comodas viviendas que caracterizaban el lugar.

Aparque unas calles mas alla y volvi andando hasta la entrada, donde habia un perro tumbado en el cesped.

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