sangre fria no es cosa que pueda hacer cualquiera, ?no te parece?

Noreen asintio y miro a lo lejos. Tiro al suelo el segundo cigarrillo a medio fumar y encendio el tercero. Habia algo mas que le preocupaba.

– Te aseguro que no voy a echarle la culpa a ella.

– Gracias. Te lo agradezco. Es una putita, tienes razon, pero es mia y hare lo que sea por protegerla.

– Lo se. -Tire el puro a la fuente. Dio a una ninfa en el culo y cayo al agua-. ?De verdad era eso lo que querias decirme?

– Si -contesto, y se quedo pensando un momento-. Bueno, pero hay mas. ?Maldita sea! Tienes razon. -Se mordio los nudillos-. No se por que intento enganarte, siquiera. A veces me parece que me conoces mejor que yo misma.

– Siempre es una posibilidad.

Tiro el tercer cigarrillo, abrio el bolso, saco un panuelito que hacia juego y se sono la nariz.

– El otro dia -dijo-, cuando estabas en casa y me viste llegar de Playa Mayor con Fredo… supongo que adivinarias que nos vemos de vez en cuando, que nos hemos… que somos intimos.

– Ultimamente procuro no adivinar mucho, sobre todo de cosas de las que no se absolutamente nada.

– A Fredo le caes bien, Bernie. Te esta muy agradecido, por lo de la noche de los panfletos.

– ?Ah, si! Ya lo se. Me lo dijo el.

– Le salvaste la vida. En aquel momento no me di cuenta ni te lo agradeci como es debido. Hiciste una cosa muy arriesgada. -Cerro los ojos brevemente-. No he venido a verte por Dinah. Bueno, puede que quisiera oirtelo decir a ti tambien, pero estaba segura de que no ha sido ella. Lo habria sabido. Las madres sabemos esas cosas. No habria podido ocultarmelo.

– Entonces, ?para que has venido?

– Es por Fredo. Lo ha detenido el SIM, la policia secreta, acusado de ayudar a Aureliano Sanchez Arango, el anterior ministro de Educacion en el gobierno de Prio, a entrar ilegalmente en el pais.

– ?Y es cierto?

– No, desde luego. Sin embargo, cuando lo detuvieron, estaba con una persona de la AAA, la Asociacion de Amigos de Aureliano. Es uno de los principales grupos de oposicion de Cuba, pero Fredo es leal a Castro y a los rebeldes de la isla de Pinos.

– Bueno, seguro que, tan pronto como les cuente todo eso, lo mandaran a casa de mil amores.

No le gusto la broma.

– No tiene ninguna gracia -dijo-. De todas maneras, lo pueden torturar para que les diga donde esta escondido Aureliano y seria una desgracia por partida doble, porque, por supuesto, el no sabe nada.

– Estoy de acuerdo, pero sigo sin entender que puedo hacer yo.

– Le salvaste la vida una vez, Bernie. A lo mejor puedes volver a hacerlo.

– Claro, para que se quede el contigo, en vez de yo.

– ?Es eso lo que quieres, Bernie?

– ?A ti que te parece? -Me encogi de hombros-. ?Por que no? No es tan raro, habida cuenta de las circunstancias. ?O se te ha olvidado?

– Bernie, eso paso hace veinte anos. No soy la que era entonces, seguro que lo ves claramente.

– A veces la vida nos trata asi.

– ?Puedes hacer algo por el?

– ?Por que crees que existe siquiera la menor posibilidad?

– Porque conoces al capitan Sanchez. Dicen que sois amigos.

– ?Quien lo dice? -Sacudi la cabeza con exasperacion-. Mira, aunque fuesemos amigos, cosa de la que no estoy nada seguro, Sanchez es policia y tu misma me has dicho que a Lopez lo ha detenido el SIM, es decir, que Lopez no tiene nada que ver.

– El hombre que lo detuvo asistio al funeral de Max Reles -dijo Noreen-. El teniente Quevedo. Quiza, si se lo pidieras, el capitan Sanchez hablaria con el. Podria interceder por Fredo.

– ?Y que le diria?

– No se, pero a lo mejor se te ocurre algo.

– Noreen, es un caso imposible.

– ?No eran los que mejor se te daban?

Sacudi la cabeza y me aparte.

– ?Te acuerdas de la carta que te escribi cuando me marche de Berlin?

– La verdad es que no. Como muy bien has dicho, eso paso hace mucho tiempo.

– Si, si que te acuerdas. Dije que eras mi caballero celestial.

– Eso es del argumento de Tannhauser, Noreen, no soy yo.

– Te decia que buscaras siempre la verdad y acudieras en auxilio de quienes te necesitasen, porque es lo que se debe hacer, aunque resulte peligroso. Bien, ahora te lo pido.

– No tienes derecho. No hay nada que hacer. Yo tambien he cambiado, por si no te has dado cuenta.

– No lo creo.

– Mucho mas de lo que te imaginas. ?Caballero celestial, dices? -Me eche a reir-. Querras decir caballero infernal. Durante la guerra, me reclutaron las SS porque habia sido policia. ?Te lo habia dicho? He manchado mucho la armadura, Noreen. No sabes hasta que punto.

– Hiciste lo que tenias que hacer, estoy segura, pero por dentro, seguro que sigues siendo el mismo de siempre.

– Dime una cosa, ?por que tendria yo que hacer algo por Lopez? Ya tengo bastante con lo mio. No puedo ayudarlo, eso es verdad, pero, ?por que iba a molestarme siquiera en intentarlo?

– Porque la vida es eso. -Me cogio la mano y me escruto buscando… no se que-. La vida es eso, ?no? Buscar la verdad, socorrer a quienes creemos que no podemos ayudar en nada, pero intentarlo a pesar de todo.

Me sonroje de rabia.

– Me tomas por santo o algo asi, Noreen. Un santo de los que aceptan el martirio, siempre y cuando no se les tuerza el halo en la fotografia. Si voy a arrojarme a los leones, quiero ser mucho mas que un recuerdo en las oraciones dominicales de una lechera. Nunca me han gustado los gestos inutiles, por eso he conservado la vida tanto tiempo, encanto. Y ahi no termina la cosa. Hablas de la verdad como si tuviese algun sentido, pero cuando me la tiras a la cara no es mas que un punado de arena. No es la verdad en absoluto. Al menos, no la que yo quisiera oir. No la tuya. No nos enganemos, ?de acuerdo? No voy a hacer el primo por ti, Noreen, al menos hasta que estes dispuesta a dejar de tratarme como si lo fuera.

Noreen puso cara de pez tropical, con los ojos fuera de las orbitas y la boca abierta, y sacudio la cabeza.

– Te aseguro que no tengo la menor idea de a que te refieres.

A continuacion, se echo a reir en mi cara con unas carcajadas discordantes y, sin darme tiempo a decir otra palabra, dio media vuelta y se alejo rapidamente hacia el aparcamiento.

Entre otra vez en el Tropicana.

Los Cellini no me dieron gran cosa. Dar no era su fuerte, como tampoco responder preguntas. Las costumbres arraigadas tardan en morir, supongo. Repitieron una y otra vez lo mucho que sentian la muerte de un tipo tan estupendo como Max y lo dispuestos que estaban a cooperar en la investigacion de Lansky, aunque, al mismo tiempo, no tenian la menor idea de nada de lo que les pregunte. Si les hubiese preguntado el nombre de pila de Al Capone, seguro que se habrian encogido de hombros y habrian dicho que no lo sabian. Probablemente, incluso habrian negado que lo tuviese.

Llegue tarde a casa y me estaba esperando el capitan Lopez. Se habia servido un trago, me habia cogido un puro y estaba leyendo en mi sillon predilecto.

– Parece que ultimamente me aprecia toda clase de gente -dije-. No paran de dejarse caer por aqui, como si esto fuera un club.

– No sea asi -dijo Sanchez-. Usted y yo somos amigos. Por otra parte, me hizo pasar la senora… Yara, ?no es eso?

Eche un vistazo al apartamento, a ver si la veia, pero, evidentemente, se habia marchado.

Lopez se encogio de hombros como disculpandose.

– Creo que le di miedo.

– Supongo que estara acostumbrado a eso, capitan.

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