– Entonces, practicamente somos vecinos. Yo estoy en la suite del hotel Nacional. ?Puedes venir aqui a las nueve?

Pense en unas cuantas excusas para no ir, pero ninguna me parecio lo suficientemente aceptable para un gangster como Meyer Lansky, conque le dije:

– Claro, ?por que no? No me sentaria mal un paseo por la orilla del mar.

– Hazme un favor, de paso.

– Creia que ya me lo habia pedido.

– De camino hacia aqui, traeme dos paquetes de Parliament, haz el favor. Se nos han terminado en el hotel.

Eche a andar por el Malecon en direccion oeste, compre el tabaco de Lansky y entre en el mayor hotel de La Habana. Se parecia mas a una catedral que la propia catedral de Empedrado. El vestibulo era mas grande que la nave de San Cristobal; el bello artesonado del techo habria sido la envidia de muchos «palacios» medievales. Ademas, olia mucho mejor que la catedral, porque el denso trafico era de seres humanos aseados e incluso perfumados, aunque, a mi experto entender, se notaba una gran escasez de empleados, como indicaban las largas colas de clientes en los mostradores de recepcion, caja y conserjeria: parecian colas de las ventanillas de una estacion de tren. En alguna parte, alguien tocaba un piano pequeno, que me recordo a una clase de danza de una escuela de ballet para ninas. A lo largo del vestibulo habia cuatro relojes de pendulo. Cada uno marcaba una hora distinta y tocaban las campanadas uno detras de otro, como si el tiempo fuese un concepto elastico en La Habana. Cerca de las puertas del ascensor habia una pared decorada con un cuadro del presidente y su mujer, a tamano natural, ambos vestidos de blanco, ella, con un traje sastre de falda y chaqueta y el, con un uniforme militar tropical. Parecian los Peron en version recorte de presupuesto.

Subi al ultimo piso del edificio en el ascensor. En contraste con el ambiente de estacion de tren del vestibulo, en el piso de ejecutivos reinaba un silencio sepulcral. Es muy posible que estuviera incluso mas silencioso, puesto que en los sepulcros no suele haber moqueta de a diez dolares el metro cuadrado. Todas las puertas de las suites eran de lamas abatibles, para facilitar la ventilacion del aire o del humo de los puros. Todo el piso olia a humidificador de plantacion de tabaco.

Solo la suite de Lansky tenia portero propio. Era un hombre alto, llevaba mangas cuadradas y tenia un pecho como una carreta. Me acerque andando por el pasillo, mas silencioso que Hiawatha, se volvio a mirarme y me deje cachear; parecia que estuviera buscando su caja de cerillas en mis bolsillos. Como no la encontro, me abrio la puerta de una suite del tamano de una sala de billar, no habia nadie y todo estaba en silencio, pero, en vez de recibirme otro judio con la membrana pituitaria hiperactiva, me recibio una mujer menuda y pelirroja de ojos verdes y unos cuarenta anos que parecia una peluquera neoyorquina y hablaba igual. Me sonrio cordialmente, me dijo que se llamaba Teddy y que era la mujer de Meyer Lansky; me invito a pasar a la sala de estar, que tenia una serie de puertaventanas correderas; daban a un gran balcon que rodeaba toda la sala.

Lansky estaba sentado en un sillon de mimbre, a oscuras, mirando el mar, como Canuto.

– Ahora no se ve desde aqui -dijo-. El mar. Sin embargo, se huele y se oye. Escucha, ?oyes el rumor?

Levanto el dedo como llamandome la atencion sobre el canto de un jilguero en Berkeley Street.

Preste atencion. A mi, que tengo un oido poco fiable, me sonaba muy parecido al mar.

– Fijate como suena al acercarse y retirarse de la playa y vuelta a empezar. En este misero mundo, todo cambia, menos ese sonido. Hace miles de anos que suena exactamente igual. Nunca me canso de oirlo. -Suspiro-. Y, a veces, ?casi todo lo demas me harta tanto…! ?Te pasa alguna vez, Gunther? ?Te hartas de todo?

– ?Hartarme? Mister Lansky, a veces estoy tan harto de todo que me parece que estoy muerto. Si no fuera porque duermo bien, la vida se me haria insoportable.

Le di el tabaco. Iba a sacarse la cartera del bolsillo, pero se lo impedi.

– Quedeselo -le dije-. Me gusta que me deba usted dinero. Me parece mas seguro que a la inversa.

Lansky sonrio.

– ?Un trago?

– No, gracias. Prefiero estar despejado para hablar de negocios con Lucifer.

– ?Eso le parezco?

Me encogi de hombros.

– Cada cual se conoce a si mismo. -Me quede mirandolo mientras encendia un cigarrillo y anadi-: Porque me ha llamado para eso, ?no? Para hablar de negocios. No creo que quiera ponerse a recordar lo buen chico que era Max.

Lansky me clavo una mirada escrutadora.

– Antes de morir, Max me hablo de ti. Me conto todo lo que sabia. Voy a ir al grano, Gunther. Max queria que trabajases con el por tres motivos. Eres ex policia, entiendes de hoteles y no perteneces a ninguna de las familias que hacen negocios aqui, en La Habana. Por dos de esos motivos y uno mio propio creo que eres el hombre adecuado para averiguar quien mato a Max. Dejame hablar, por favor. Lo unico que no podemos permitirnos en esta ciudad es una guerra entre familias. Ya tenemos suficiente con los rebeldes, no necesitamos mas problemas. No podemos confiar en que la policia investigue el caso como es debido. Seguro que ya lo sabias, por tu conversacion de esta manana con el capitan Sanchez. La verdad es que no es mal policia, no, en absoluto, pero me gusto lo que le dijiste. Tambien me asombra que no te dejes intimidar facilmente, al menos, por la policia… ni por mi ni por mis socios.

»El caso es que he hablado con algunos de los caballeros a los que conociste la otra noche y todos estamos de acuerdo en que no queremos que te pongas a dirigir el Saratoga, como te habia ofrecido Max. Queremos que investigues su muerte. El capitan Sanchez te prestara toda la ayuda que precises, pero tienes carta blanca, como se suele decir. Lo unico que queremos es evitar enfrentamientos entre nosotros. Si lo haces, Gunther, si investigas esa muerte, te debere mucho mas que dos paquetes de tabaco. En primer lugar, te pagare lo que te iba a pagar Max y, en segundo, sere amigo tuyo. Piensalo antes de decirme que no. Puedo ser muy buen amigo de quien me hace un buen servicio. En resumen, mis socios y yo estamos de acuerdo. Eres libre de ir donde quieras y de hablar con quien quieras: con los jefes, con los soldados… dondequiera que te lleven las pruebas. Sanchez no se interpondra. Si le dices que salte, te preguntara hasta que altura.

– Hace mucho tiempo que deje la investigacion, Mister Lansky.

– No lo dudo.

– Tampoco soy tan diplomatico como entonces. No soy Dag Hammarskjold. Y supongamos por un momento que descubro al homicida. ?Que pasara entonces? ?Lo ha pensado ya?

– Esa preocupacion dejamela a mi, Gunther. Tu procura hablar con todo el mundo y sacar a cada cual su coartada: Norman Rothman y Lefty Clark en el Sans Souci. Santo Trafficante, el del Tropicana y mi propia gente: los hermanos Cellini, del Montmartre, Joe Stassi, Tom McGinty, Charlie White, Joe Rivers, Eddie Levinson, Moe Dalitz, Sam Tucker, Vincent Alo… Sin olvidar a los cubanos, claro: Amadeo Barletta y Amleto Battisti (que no son familia), en el hotel Sevilla. Tranquilo, te dare una lista que te servira de guia. Una lista de sospechosos, si lo prefieres, con mi nombre en primer lugar.

– Sera larga.

– No lo dudes. Tienes que hacerlo a conciencia y, para que todo el mundo vea que es justo, no podemos dejar fuera a nadie. Que se vea que se cumple la Justicia, por asi decir. -Tiro el cigarrillo por el balcon-. Entonces, ?lo vas a hacer?

Asenti. Todavia no se me habia ocurrido ninguna excusa suficientemente aceptable para ese hombrecillo, sobre todo desde que me habia ofrecido su amistad. Mas la otra cara de la moneda.

– Puedes empezar ya.

– Probablemente sera lo mejor.

– ?Que es lo primero que vas a hacer?

Me encogi de hombros.

– Supongo que volver al Saratoga, averiguar si alguien vio algo, volver al lugar de los hechos, hablar con Waxey…

– Para eso, tendras que localizarlo -dijo Lansky-. Waxey ha desaparecido del mapa. Esta manana acompano a la chica a su casa y no lo hemos vuelto a ver. -Se encogio de hombros-. A lo mejor se presenta en el funeral.

– ?Cuando se celebra?

– Pasado manana, en el cementerio judio de Guanabacoa.

– Lo conozco.

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