aprovechando el ruido, que fue considerable.

Salimos detras del capitan.

– Probablemente trepase desde el octavo piso por el andamio que hay alrededor del anuncio luminoso del hotel.

Meyer Lansky echo un vistazo hacia abajo.

– Es una altura tremenda -murmuro-. ?Que opinas tu, Jake?

Jake Lansky asintio.

– El capitan tiene razon. El tirador tuvo que subir aqui o, si no, tendria una llave, en cuyo caso tendria que haber pasado por donde estaba Waxey, pero eso es menos probable.

– Menos probable -dijo su hermano-, pero no imposible.

Waxey nego rotundamente con un movimiento de cabeza.

– De ninguna manera -murmuro encolerizado.

– A lo mejor te dormiste -dijo el capitan.

Waxey se indigno tanto que Jake Lansky se interpuso entre el capitan y el e intento suavizar la situacion, que se habia puesto muy tensa de pronto. Cualquier cosa que afectase a Waxey podia acarrear mucha tension.

Con una mano firmemente apoyada contra el pecho de Waxey, Jake Lansky dijo:

– Meyer, no te he presentado al capitan Sanchez. El capitan trabaja en la comisaria de la esquina con Zulueta. Capitan Sanchez, le presento a mi hermano, Meyer. Y aqui -dijo, mirandome a mi- el senor…

Titubeo un momento, pero no intentando recordar mi verdadero nombre -entendi que de ese se acordaba-, sino el falso.

– Carlos Hausner -dije.

El capitan asintio y, a continuacion, siguio hablando, dirigiendose siempre a Meyer Lansky.

– Acabo de hablar con el Excelentisimo Senor Presidente hace tan solo unos minutos -dijo-. En primer lugar, senor Lansky, me ha pedido que le transmita sus mas sinceras condolencias por tal dolorosa perdida. Tambien desea comunicarle que la policia de La Habana hara cuanto este en su mano por descubrir al perpetrador de tan odioso crimen.

– Gracias -dijo Lansky.

– Su Excelencia dice que hablo por telefono con el senor Reles anoche, como tenian por costumbre todos los miercoles. La llamada duro exactamente desde las once cuarenta y cinco de la noche hasta las once cincuenta y cinco, lo cual parece corroborar que la muerte se produjo durante los fuegos artificiales, entre las doce y las doce treinta. Lo cierto es que estoy seguro de ello. Permitame que le explique el motivo.

Enseno un proyectil deformado que llevaba en la palma de la mano.

– Lo he sacado de la pared del despacho. Parece una bala del calibre 38. Para disparar una bala asi hace falta un arma que seria muy dificil de silenciar en cualquier circunstancia. Sin embargo, durante el espectaculo de fuegos artificiales pudo haber disparado seis tiros sin que nadie lo oyera.

Meyer Lansky me miro.

– ?Que te parece esa idea? -me pregunto.

– ?A mi?

– Si, a ti. Segun Max, fuiste poli. ?Que clase de policia fuiste, por cierto?

– Un policia honrado.

– ?No, joder! ?En que departamento trabajabas?

– En Homicidios.

– Pues, eso: ?que te parece lo que dice el capitan?

Me encogi de hombros.

– Me parece que estamos dando palos de ciego y que seria mejor que lo examinase un medico, a ver si podemos establecer la hora de la muerte. Es posible que coincida con la de los fuegos artificiales, no lo se, pero encajaria, eso seguro. -Eche un vistazo al suelo de la azotea-. Por aqui no se ven casquillos de bala, por lo tanto, o el homicida utilizo una automatica y los recogio en la oscuridad, lo cual no parece muy probable, o utilizo un revolver. Sea como fuere, lo primero que hay que hacer es encontrar el arma homicida.

Lansky miro al capitan Sanchez.

– Ya la hemos buscado -dijo el capitan.

– ?Ah, si? ?Donde?

– En la azotea, en el atico, en el octavo piso.

– A lo mejor la tiro al parque -dije, senalando el Campo de Marte-. Si se arroja un arma ahi por la noche, es posible que nadie se de cuenta.

– Por otro lado, tambien es posible que se la llevara -dijo el capitan.

– Es posible. Sin embargo, anoche estaba en el casino el coronel Ventura, es decir, que habia policia por todas partes, dentro del hotel y en los alrededores. No me parece plausible que una persona que acaba de matar a otra se arriesgue a tropezar con un policia llevando encima un arma con la que acaba de disparar seis o siete tiros. Sobre todo si era un profesional y, sinceramente, es lo que parece. Hay que tener mucha sangre fria para disparar tantas veces, dar en el blanco unas cuantas y creer que se va a salir indemne. Probablemente, un aficionado se habria asustado y habria fallado mas tiros. Puede que incluso hubiera dejado caer el arma aqui mismo. Segun mi teoria, se deshizo de ella al salir del hotel. Se por experiencia que, en hoteles tan grandes como este, se puede entrar y salir facilmente con cualquier clase de contrabando. Los camareros van y vienen con bandejas tapadas, los mozos trajinan con maletas… El homicida pudo haber tirado el arma a la cesta de la colada.

El capitan Sanchez llamo a uno de sus hombres y le dijo que ordenase registrar el Campo de Marte y las cestas de la lavanderia del hotel.

Volvi al despacho, rodee las manchas de sangre pasando de puntillas y me quede mirando a Max Reles. Vi algo tapado con un panuelo, algo que sangraba y lo habia empapado por completo.

– ?Que es eso? -pregunte al capitan, cuando hubo terminado de impartir ordenes a sus hombres.

– El ojo que le falta. Debio de saltarsele con una de las balas que le atravesaron el craneo.

Asenti.

– Pues el 38 se las traia, porque eso puede hacerlo un 45, pero no un 38. ?Me permite echar un vistazo a la bala, capitan?

Sanchez me la paso.

La mire y asenti.

– No; creo que tiene usted razon, capitan, parece un 38, en efecto, pero, en ese caso, la dispararon a mayor velocidad de lo normal.

– ?Como, por ejemplo?

– No tengo ni idea.

– ?Ha sido usted investigador, senor?

– Hace mucho tiempo. No tenia la menor intencion de insinuar que no supiera usted hacer su trabajo, capitan. Estoy seguro de que tiene sus propios metodos para llevar una investigacion, pero Mister Lansky me pidio mi opinion y se la di.

El capitan Sanchez dio una calada a su pequeno cigarrillo y a continuacion lo tiro al suelo alli mismo, en el lugar de los hechos.

– Ha dicho que el coronel Ventura estaba en el casino anoche -recapitulo-. ?Eso significa que usted tambien?

– Si. Estuve jugando al backgammon hasta las diez cuarenta y cinco; a esa hora subi aqui a tomar un trago con el senor Reles y sus invitados. Mister Lansky y su hermano se encontraban entre ellos, asi como Mister Dalitz, el caballero que esta en la sala, y Waxey. Estuve aqui hasta las once treinta, hora en que nos marchamos todos, porque Reles debia prepararse para hacer la llamada al presidente. Yo habia quedado con mi oponente de la partida de backgammon, el senor Garcia, propietario del teatro Shanghai, en que volveriamos al casino a seguir jugando. Lo espere, pero no volvio. Entre tanto, tome un trago con el senor Nunez, el director del casino. Despues me fui a casa.

– ?Sobre que hora?

– Acababan de dar las doce treinta. De eso estoy seguro porque los fuegos artificiales terminaron unos minutos antes de que cogiese yo el coche.

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