infaustamente famoso de todos. Hace solo cuatro anos, comparecio ante un comite del Senado que investigaba las redes del crimen organizado en los Estados Unidos. Max tambien, por eso se trasladaron a Cuba.
»Se con certeza que ha matado a seis personas, pero apuesto a que han sido muchas mas, gente que le irritaba o que le debia dinero o, sencillamente, que le estorbaba. Tambien me habria matado a mi, pero encontre la manera de impedirselo. Descubri un secreto suyo, una cosa que nadie debia saber. A Max lo han matado a tiros, pero el tenia un arma secreta, un picahielo que clavaba a la gente por el oido. Ya ves la clase de hombre que era, Dinah. Un gangster podrido y quitavidas, como otros tantos de los que montan hoteles y casinos aqui, en La Habana; probablemente cualquiera de ellos tuviera motivos para desear que desapareciese del mapa.
»Conque ya sabes, deja de decir sandeces contra tu madre. Te aseguro que no ha tenido nada que ver con la muerte de Max. O cierras el pico o conseguiras que la maten por tu culpa. Y a ti tambien, si, por casualidad, te metes en medio. No digas a nadie lo que me has dicho a mi. ?Entendido?
Enfurrunada, asintio.
Senale el vaso que tenia al lado del brazo.
– ?Estas bebiendo eso?
Lo miro y nego con un movimiento de cabeza.
– No, el whisky ni siquiera me gusta.
Alargue el brazo y lo cogi.
– ?Te importa?
Me eche todo el contenido en la boca y lo paladee antes de tragarmelo poco a poco.
– Hablo mas de la cuenta -dije-, pero esto ayuda, te lo aseguro.
– De acuerdo -dijo ella-. Es cierto. Sospechaba lo que era, pero me asustaba dejarlo. Me asustaba que pudiese hacer una tonteria. Al principio, solo era por divertirme un poco. Aqui me aburria. Max me presentaba a gente a la que yo solo conocia por la prensa: Frank Sinatra, Nat King Cole… ?Se lo imagina? -Asintio-. Es verdad, y todo lo que me ha contado… me lo olia.
– Todos nos equivocamos. Bien sabe Dios que yo he cometido unos cuantos errores. -Habia un paquete de tabaco en la maleta, encima de la ropa. Lo cogi-. ?Te importa? Lo he dejado, pero en este momento me vendria bien un cigarrillo.
– Adelante.
Lo encendi rapidamente y me trague el humo antes emprenderla con el whisky.
– ?Adonde piensas ir?
– A los Estados Unidos. A la Universidad Brown de Rhode Island, como queria mi madre. Supongo.
– ?Y lo de cantar?
– Supongo que se lo conto Max, ?no?
– La verdad es que si. Por lo visto, creia que tenias mucho talento.
Dinah sonrio con tristeza.
– No se cantar -dijo-, aunque parece que Max pensaba lo contrario, no se por que. Supongo que me creia la mejor para cualquier cosa, incluso para cantar, pero lo cierto es que ni canto ni actuo. Durante un tiempo fue divertido fingir que podia, pero en el fondo sabia perfectamente que eran castillos en el aire.
Entro un coche por el camino. Mire por la ventana, que estaba abierta, y vi aparcar al Pontiac al lado del Oldsmobile. Se abrieron las portezuelas y se apearon un hombre y una mujer. No iban vestidos de playa, pero de ahi venian, precisamente, no hacia falta ser detective para darse cuenta. Alfredo Lopez llevaba arena casi hasta las rodillas, asi como en los hombros, mientras que Noreen la llevaba por todas partes. No me vieron. Estaban muy encandilados, sonriendose y sacudiendose la arena mientras subian los peldanos hacia la puerta principal. Cuando Noreen me vio en la ventana, se le quebro la sonrisa un poco. Quiza se ruborizase. Puede que si.
Baje al vestibulo y nos encontramos en el momento en que entraban por la puerta. Su sonrisa se habia transformado en expresion de culpabilidad, pero eso no tenia nada que ver con la muerte de Max Reles. De eso estaba seguro.
– Bernie -dijo ella, cohibida-, ?que agradable sorpresa!
– Si tu lo dices…
Se acerco al carrito de las bebidas y empezo a prepararse un trago largo. Lopez parecia acobardado, fumaba un cigarrillo y fingia que leia una revista de un revistero tan grande como un quiosco de prensa.
– ?Que te trae por aqui? -pregunto ella.
Hasta el momento, se las habia arreglado muy bien para no mirarme a los ojos. Tampoco es que yo se lo facilitara, exactamente, pero ambos sabiamos que yo sabia lo que habian estado haciendo Lopez y ella. En realidad, hasta se olia en el aire, como la fritanga. Pense en darle una breve explicacion y largarme cuanto antes.
– He venido a ver que tal estaba Dinah -dije.
– ?Por que no iba a estar bien? ?Ha pasado algo? -Noreen me miraba; la preocupacion por su hija le hizo superar momentaneamente la verguenza-. ?Donde esta? ?Se encuentra bien?
– Esta bien -dije-; es Max Reles el que no se encuentra en su mejor momento ahora mismo, teniendo en cuenta que anoche le metieron siete balas en el cuerpo. El caso es que ha muerto.
Noreen dejo de prepararse la bebida.
– Ya -dijo-. Pobre Max -entonces hizo una mueca-. ?Que cosas digo! Estoy hecha una autentica hipocrita, ?como si de verdad lamentase su muerte! Tampoco me sorprende nada, teniendo en cuenta quien era. -Sacudio la cabeza-. Siento parecer tan insensible. ?Como se lo ha tomado Dinah? ?Ay, Senor! ?No estaria con el, verdad, cuando lo…?
– No, ella no estaba -dije-, no le ha pasado nada. Esta empezando a superarlo, como puedes suponer.
– ?Tiene la policia alguna idea sobre quien ha podido ser? -pregunto Lopez.
– Muy buena pregunta, si senor -dije-. Tengo la impresion de que esperan que el caso se resuelva solo. O bien, que lo resuelva cualquier otro.
Lopez asintio.
– Si, seguro que tienes razon, naturalmente. El ejercito de La Habana no puede ponerse a indagar a fondo, porque se arriesga a levantar todas las liebres, si, por casualidad, el autor del homicidio resulta ser otro gangster de la ciudad. En Cuba nunca ha habido guerra entre los hampones, al menos, no han matado a ningun capitoste. Me imagino que lo ultimo que desea Batista es una guerra de mafiosos a la puerta de su casa. -Sonrio-. Si, me complace decir que la politica va a complicar el asunto perversamente.
Tal como resultaron las cosas, el asunto se complico mucho mas aun.
15
Llegue a casa sobre las siete y cene el plato frio que me habia dejado Yara preparado y tapado. Mientras comia, ojee el periodico de la tarde. Habia una bonita foto de Marta, la mujer del presidente, inaugurando una escuela en Boyeros, y algo sobre la proxima visita de George Smathers, un senador de los Estados Unidos; sin embargo, de Max Reles, ni una palabra, ni siquiera en la seccion de defunciones. Despues de comer me prepare un trago, cosa que no me dio mucho trabajo. Solo me servi vodka de la nevera en un vaso limpio y me lo bebi. Me disponia a ocupar el lugar del amigo muerto de Montaigne -me parecio una buena definicion de «lector»- cuando sono el telefono, lo cual me hizo pensar que, a veces, el mejor amigo es el amigo muerto.
No era un amigo, sino Meyer Lansky, y, por la voz, parecia disgustado.
– ?Gunther?
– Si.
– ?Donde demonios te habias metido? ?Llevo toda la tarde llamando!
– Fui a ver a Dinah, la chica de Max Reles.
– ?Ah! ?Que tal esta?
– Como dijo usted. Se le pasara.
– Oye, Gunther, quiero hablar contigo, pero no por telefono. No me gustan los telefonos, no me han gustado nunca. Este numero al que te he llamado, el 7-8075, es de Vedado, ?no?
– Si. Vivo en el Malecon.
