cementerio se encontraba en la carretera de Santa Fe, al otro lado de una impresionante verja de entrada. No era exactamente el Monte de los Olivos, pero las tumbas, todas de marmol blanco, se encontraban en un suave altozano que dominaba una plantacion de mangos. Incluso habia un pequeno monumento a las victimas judias de la Segunda Guerra Mundial en el cual, se decia, habian enterrado pastillas de jabon, como simbolo de su supuesto destino fatal.

Habria podido contar a quien me hubiese escuchado que la extendida creencia de que los cientificos nazis habian fabricado jabon con cadaveres de judios era absolutamente falsa. La costumbre de llamarlos «jabon» se debia simplemente a una broma de muy mal gusto que circulaba entre los agentes de las SS, una forma mas de deshumanizar -y, algunas veces, amenazar- a sus victimas mas numerosas. Sin embargo, puesto que, de manera regular y con fines industriales, se habia utilizado cabello humano procedente de los internos de campos de concentracion, habria sido mas adecuado aplicarles el epiteto de «fieltro»: fieltro para coches, para relleno de tejados, para alfombras y en la industria de la automocion.

Eso no lo querian oir las personas que iban llegando al funeral de Max Reles.

En cuanto a mi, me quede un tanto perplejo cuando, a la entrada de Guanabacoa, me ofrecieron una kipa. No es que no tuviese intencion de cubrirme la cabeza en un entierro judio, puesto que ya llevaba puesto el sombrero. Lo que me extrano fue la persona que las repartia. Era Szymon Woytak, el polaco cadaverico de la tienda de recuerdos nazis de Maurique. El ya se habia puesto una kipa, detalle que, sumado a su presencia en el funeral, me parecio una pista inequivoca de que tambien era judio.

– ?Quien esta despachando en la tienda? -le pregunte.

Se encogio de hombros.

– Cuando tengo que ayudar a mi hermano, siempre cierro un par de horas. Es el rabino que va a leer el kaddish por su amigo Max Reles.

– ?Y usted que hace, vende los programas del espectaculo?

– Soy el cantor. Canto los salmos y lo que solicite la familia del difunto.

– ?Tambien la cancion del Horst Wessel?

Woytak sonrio pacientemente y entrego una kipa a la persona que venia detras de mi.

– Mire -dijo-, hay que ganarse la vida de alguna manera, ?verdad?

La familia no asistio, a menos que se considerase como tal al hampa judia de La Habana, naturalmente. Los principales allegados parecian ser los hermanos Lansky; tambien asistieron Teddy (la mujer de Meyer), Moe Dalitz, Norman Rothman, Eddie Levinson, Morris Kleinman y Sam Tucker. Habia tambien muchos gentiles, aparte de mi, como Santo Trafficante, Vincent Alo, Tom McGinty y los hermanos Cellini, por nombrar solo a unos pocos. Lo que me parecio interesante -y tambien habria podido interesar a teoricos de la raza del Tercer Reich como Alfred Rosenberg- era lo judios que parecian todos solo por llevar una kipa.

Ademas, acudieron al acto varios representantes del gobierno y de la policia, entre ellos, el capitan Sanchez. Batista no se presento a las exequias de su antiguo socio por miedo a que lo asesinaran. Eso fue lo que me dijo Sanchez despues.

Noreen y Dinah tampoco. Ni las esperaba. La ausencia de Noreen tenia una explicacion facil: siempre habia temido y detestado a Reles a partes iguales. Dinah habia vuelto ya a los Estados Unidos. Puesto que era el mayor deseo de su madre, supuse que en esos momentos estaria demasiado contenta para asistir a un entierro. Por lo que yo sabia, se habria ido a la playa con Lopez otra vez, pero eso no era asunto mio… o eso me decia a mi mismo una y otra vez.

Mientras los portadores del feretro se acercaban a la fosa a paso titubeante con su carga, el capitan Sanchez se me acerco por detras. Todavia no eramos amigos, pero empezaba a caerme bien.

– ?Como se titula esa opera alemana en la que la victima senala al autor de su muerte con el dedo?

– Gotterdamerung -dije-. El ocaso de los dioses.

– A lo mejor tenemos suerte. A ver si Max Reles nos lo senala con el dedo.

– ?Como se lo tomaria un tribunal de justicia?

– Estamos en Cuba, amigo mio -dijo Sanchez-. En este pais, la gente sigue creyendo en el Baron Samedi. - Bajo la voz-. Y, hablando del senor vudu de la muerte, hoy tambien tenemos aqui, entre nosotros, a nuestro propio ser del mundo invisible. El que acompana a las almas del mundo de los vivos al cementerio. Por no hablar de dos de sus mas siniestras personificaciones. ?Ve al hombre de uniforme marron claro que parece el general Franco de joven? Es el coronel Antonio Blanco Rio, jefe del servicio secreto del ejercito cubano. Creame, senor, ese hombre ha hecho desaparecer mas almas en Cuba que cualquier espiritu vudu. El que esta a su izquierda es el coronel Mariano Faget, del ejercito. Durante la guerra, era el jefe de una unidad de contraespionaje que descubrio a varios agentes nazis que pasaban a sus submarinos informacion sobre los movimientos de los cubanos y estadounidenses.

– ?Y que les paso?

– Acabaron ante un peloton de fusilamiento.

– Interesante. ?Y el tercer hombre?

– Es un oficial de enlace de Faget con la CIA, el teniente Jose Castano Quevedo. Un elemento peligrosisimo.

– ?Y que pintan aqui, exactamente?

– Han venido a dar el pesame. Lo cierto es que, de vez en cuando, el presidente pedia a su amigo Max que recompensase a esos hombres haciendoles ganar en el casino. En realidad, casi nunca tienen que molestarse siquiera en jugar. Se limitan a entrar en el salon prive del Saratoga o de cualquier otro casino, por cierto; recogen unos cuantos punados de fichas y las cambian por dinero. Por supuesto, el senor Reles cuidaba muy bien a esa clase de clientes y es de creer que su muerte les haya afectado mucho personalmente. Por ese motivo tambien tienen mucho interes en el progreso de su investigacion.

– ?Ah, si?

– No lo dude. Aunque usted lo ignore, no esta trabajando solo por cuenta de Meyer Lansky, sino tambien de esos hombres.

– Ah, cuanto me alegro de saberlo.

– Con quien mas cuidado debe tener es con el teniente Quevedo. Es muy ambicioso, una cualidad muy mala para los policias cubanos.

– ?Usted no lo es, capitan Sanchez?

– Tengo intencion de serlo, pero ahora mismo, no. Lo sere despues de las elecciones de octubre. Hasta que sepa quien las gana, me conformo con muy poco en mi carrera. Por cierto, el teniente me ha pedido que le espie a usted.

– ?Que presuntuoso, siendo usted capitan!

– En Cuba, el grado no da categoria. Por ejemplo, el jefe de la Policia Nacional es el general Canizares, pero todo el mundo sabe que el poder lo tienen Blanco Rio y el coronel Piedra, el jefe de nuestro Departamento de Investigacion. De la misma manera, antes de llegar a la presidencia, Batista era el hombre mas poderoso de la isla. Actualmente, el poder esta en manos del ejercito y de la policia, por eso le preocupa tanto al presidente que lo puedan asesinar. En cierto modo, en eso consiste su trabajo, en llamar la atencion para que no la llamen otros. A veces es mejor aparentar lo que no se es. ?No cree?

– Capitan, en eso ha consistido mi vida.

18

Un par de dias despues, me encontraba en el Tropicana viendo el espectaculo mientras esperaba para hablar con los hermanos Cellini. Dominaban el escenario las carnes desnudas. En grandes cantidades. Intentaban cubrirlas con el encanto de lentejuelas y triangulos estrategicamente situados, pero sin resultado: seguia siendo lomo con queso, lo cocinaran como lo cocinasen. En general, daba la impresion de que los chicos habrian estado mucho mas animados vestidos de coctel. Las chicas tampoco parecian contentas, en su mayoria. Sonreian, desde luego, pero las sonrisas de sus rigidas caritas no podian ser mas postizas, como puestas de fabrica. Entre tanto, bailaban con la alegria de vivir de ninas que saben que el menor fallo coreografico significa el regreso a Matanzas o cualquiera que fuese su misero pueblo de origen.

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