Lavado, afeitado y vestido con ropa limpia, entre en el Adlon una vez mas y me recibieron con sorpresa y alegria, por no hablar tambien de cierto recelo. No era raro que el personal se tomase unos dias de asueto por su cuenta y luego volviera con excusas parecidas a la mia. A veces incluso era verdad. Behlert me saludo como a un gato aventurero que volviera a casa tras una ausencia de varios dias con sus noches: entre contento y desdenoso.

– ?Donde se habia metido? -dijo como reganandome-. Estabamos muy preocupados por usted, Herr Gunther. Gracias a Dios, el sargento de investigacion Stahlecker ha podido hacerse cargo de algunos de sus deberes.

– Bien, me alegro.

– Pero ni el pudo averiguar lo que le habia pasado a usted. En la comisaria de Alexanderplatz nadie sabia nada, tampoco. No es propio de usted desaparecer sin mas. ?Que le ha pasado?

– He estado en otro hotel, Georg -le dije-, el que lleva la policia en Potsdam. No me gusto nada, ni pizca. Estoy pensando en acercarme a la agencia de viajes MER de Unter den Linden a decirles que lo borren de la lista de alojamientos recomendados de Potsdam. Se duerme mucho mejor en el rio y la verdad es que casi termino en el agua.

Behlert, incomodo, echo una mirada al monumental vestibulo.

– Por favor, Herr Gunther, baje la voz, que pueden oirnos y entonces, los dos tendriamos problemas con la policia.

– No me habria pasado nada de no haber sido por la contribucion de uno de nuestros clientes, Georg.

– ?A quien se refiere?

Podia haberle dicho el nombre de Max Reles, pero no vi motivo para explicarle todo con pelos y senales. Como la mayoria de los berlineses que acataban la ley, Behlert preferia saber lo menos posible sobre las cosas que podian acarrearle problemas y yo se lo respetaba hasta cierto punto. Teniendo en cuenta mis ultimas experiencias, probablemente fuese lo mas prudente, conque respondi:

– A Frau Charalambides, por supuesto. Ya sabe que ha contratado mis servicios, para que la ayude a escribir su articulo.

– Si, lo sabia, aunque no puedo decir que me parezca bien. En mi opinion, Frau Adlon no debio pedirselo, lo puso a usted en un verdadero compromiso.

Me encogi de hombros.

– Eso no tiene remedio, ya no. ?Esta ella en el hotel?

– No. -Me miro de una manera rara-. Creo que seria mejor que hablase usted con Frau Adlon. Por cierto, esta misma manana ha preguntado por usted. Creo que esta arriba, en su apartamento.

– ?Le ha pasado algo a Frau Charalambides?

– Esta bien, se lo aseguro. ?Llamo a Frau Adlon y le propongo una cita con usted?

Ya me habia ido a toda prisa escaleras arriba con la sensacion de que pasaba algo malo.

Llame a la puerta del apartamento de Hedda y, al oir su voz, gire el pomo y la abri. Estaba sentada en el sofa, fumando y leyendo un ejemplar de la revista Fortune, cosa muy apropiada, puesto que la suya era considerable. Al verme, tiro la Fortune al suelo y se levanto. Parecia que se le habia quitado un peso de encima.

– Gracias a Dios que esta usted bien -dijo-. Nos tenia muy preocupados.

Cerre la puerta.

– ?Donde esta ella?

– No hace falta que se ponga asi, Bernie, las cosas no son asi ni mucho menos. Se ha ido de Alemania y ha prometido no escribir el articulo sobre las Olimpiadas. Es el precio que ha pagado por sacarlo de la carcel y, posiblemente, tambien por que no vuelvan a encerrarlo.

– Ya. -Me acerque al aparador y cogi una licorera-. ?Le importa? He tenido una semana… de aupa.

– Por favor. Sirvase usted mismo.

Hedda fue a su escritorio y levanto la tapa.

Me servi un vaso bastante generoso… de lo que fuese, no me importaba, y me lo bebi como una medicina prescrita por mi mismo. Sabia fatal, por eso me prescribi otra dosis y me la lleve al sofa.

– Le ha dejado esto.

Hedda me paso un sobre del Adlon y me lo guarde en el bolsillo.

– Se ha metido usted en este lio por mi culpa.

Negue con un movimiento de cabeza.

– Yo sabia lo que hacia, incluso sabia a ciencia cierta que era una imprudencia.

– Noreen siempre ha producido ese efecto en la gente -dijo Hedda-. Cuando eramos jovenes, casi siempre me pillaban a mi, cada vez que nos saltabamos el reglamento de la escuela, pero ella se libraba, aunque no me importaba y siempre estaba dispuesta a volver a las andadas. Tenia que haberlo avisado, tal vez, no lo se; puede que si. Sigo teniendo la sensacion de que me toca a mi quedarme atras a recoger los platos rotos y a pedir perdon.

– Yo sabia donde me metia -repeti sin entusiasmo.

– Noreen bebe demasiado -dijo, a modo de explicacion-. Y Nick, su marido, tambien: los dos. Supongo que le conto lo de su marido.

– Algo.

– Noreen bebe, pero parece que no le haga ningun efecto. Bebe todo el mundo que la rodea y a todos les afecta mucho. Eso es lo que le ha pasado al pobre Nick. ?Dios! No bebia una gota hasta que la conocio.

– Es una mujer muy embriagadora. -Intente sonreir, pero no me salio bien-. Supongo que, para superarlo, primero tendre que pasar la resaca.

Hedda asintio.

– Tomese unos dias de vacaciones, ?no le apetece? El resto de la semana, si lo desea. Seguro que despues de pasar cinco noches en la carcel le conviene un descanso. Lo sustituira su amigo Herr Stahlecker. -Asintio-. Todo ha salido bien, con el aqui. No tiene tanta experiencia como usted, pero…

– A lo mejor me tomo unos dias. Gracias. -Termine el segundo trago. No me supo mejor que el primero-. ?Por casualidad Max Reles sigue en el hotel?

– Si, eso creo, ?por que?

– Por nada.

– Me dijo que le habia devuelto usted el objeto que le habian robado. Estaba muy satisfecho.

Asenti.

– A lo mejor me marcho a algun sitio, puede que a Wurzburgo.

– ?Tiene familia alli?

– No, pero siempre he tenido ganas de conocerlo. Es la capital de Franconia, ya sabe. Por otra parte, esta en la otra punta de Alemania, respecto a Hamburgo.

No nombre al doctor Rubusch ni le dije que el era de alli y por eso queria ir yo.

– Alojese en el hotel Palace Russia House -me dijo-. Creo que es el mejor hotel del estado. Descanse, recupere horas de sueno. Tiene cara de cansado. Tumbese a la bartola. Si quiere, llamo al director del hotel y le pido que le haga un precio especial.

– Gracias. Si, asi lo hare.

Omiti que no tenia la menor intencion de tumbarme a la bartola, sobre todo ahora que Noreen habia desaparecido de mi vida para siempre.

26

Sali del Adlon y me fui andando hacia el este, en direccion al Alex. La estacion de tren estaba atestada de agentes de las SS y otra banda militar se preparaba para recibir a algun bonzo prepotente del gobierno. Hay momentos en los que juraria que tenemos mas bandas militares que los franceses y los ingleses juntos. A lo mejor es solo una forma de curarse en salud de muchos alemanes. Nadie va a acusarte de no ser patriota si tocas la corneta o la tuba, al menos en Alemania.

A pesar del ambientazo que habia alrededor de la estacion, tuve que arrancarme de alli y entre en el Alex.

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