– Tenemos la fotografia que nos dio en el expediente -dije-. Por eso estamos bastante seguros de que es ella. Pero nos ahorraria tiempo disponer de alguna mas.
– ?Les ahorraria tiempo? -Otto Schwartz fruncio el ceno-. No entiendo. Esta muerta, ?no?
– Nos ahorraria tiempo en la busqueda del asesino -dije friamente-. Alguien puede haberla visto con el.
– Voy a ver si encuentro alguna -dijo Fray Schwartz, que acto seguido salio de la habitacion, bastante serena y no mas disgustada que si le hubiera dicho que Hitler no venia a tomar el te.
– Parece que su esposa se lo ha tomado muy bien -comente.
– Mi esposa es enfermera en el Charite. Supongo que esta acostumbrada a recibir malas noticias. Ademas, ya nos esperabamos lo peor.
– ?De verdad, senor? -pregunte con incredulidad. En ese instante me volvi hacia Grund, que me clavo una mirada torva y luego la aparto.
– Hemos sentido mucho su perdida, senor -dijo Grund a Schwartz-. Lo sentimos mucho. Por cierto, no es necesario que vengan manana a la jefatura de policia. Si manana no les parece oportuno, pueden venir en cualquier otro momento.
– Gracias, sargento, pero manana esta bien.
– Mas vale pasar pronto los malos tragos -dijo Grund-. Seguramente sera mejor asi. Y asi podra llorar la perdida.
– Si. Gracias, sargento.
– ?Que clase de discapacidad tenia su hija? -pregunte.
– Era espastica. Solo tenia afectado el lado izquierdo del cuerpo. Le costaba caminar. Tambien tenia ataques esporadicos, espasmos y otros movimientos involuntarios. Tampoco oia muy bien.
Schwartz se acerco al aparador y, prescindiendo de la Biblia, apoyo la mano con carino en el ejemplar abierto del libro de Hitler, como si las calidas palabras del Fuhrer sobre el movimiento nacionalsocialista le infundiesen algun consuelo espiritual y filosofico.
– ?Y que capacidad de comprension tenia? -pregunte.
– No tenia ningun defecto mental, si se refiere a eso.
– Si, eso es lo que queria decir. -Hice una pausa-. y me pregunto si podria explicarnos como es que llevaba encima quinientos marcos.
– ?Quinientos marcos?
– En el bolsillo del abrigo.
– Tiene que haber algun error -dijo Schwartz, negando con la cabeza.
– No, senor, no hay ningun error.
– ?Donde iba a conseguir Anita quinientos marcos? Alguien se los habra metido ahi.
– Supongo que es posible, senor -dije, asintiendo-. ?Tiene mas hijos, Herr Schwartz?
– Gracias a Dios, no -respondio, sorprendido de que le hiciera semejante pregunta-. ?Como nos ibamos a arriesgar a tener otro hijo como Anita? -Suspiro profundamente y un olor fetido impregno de pronto el aire-. No, ya nos bastaba con cuidarla a ella. No fue facil, se lo aseguro. No fue facil, ya lo creo que no.
Por fin volvio Fray Schwartz con varias fotografias, antiguas y bastante desvaidas. Una estaba doblada por el borde, como si alguien la hubiera manipulado con cierto descuido.
– Esto es todo lo que he podido encontrar -anuncio, todavia con gran entereza.
– ?Esto es todo, dice?
– Si, son todas las que hay -respondio sin inmutarse.
– Gracias, Frau Schwartz. Muchas gracias. -Asenti de manera cortante-. Bien, sera mejor que volvamos a la comisaria. Hasta manana.
Schwartz se encamino hacia la puerta.
– De acuerdo, senor. Los acompanamos hasta la puerta.
Salimos del apartamento y bajamos las escaleras hasta la calle.
Seguia abierto el cafe Kerkau, justo debajo del apartamento, pero me apetecia algo mas fuerte que un cafe. Arranque el motor de dos cilindros del coche y nos dirigimos hacia el este por Unter den Linden.
– Despues de esto necesito una copa -dije al cabo de unos minutos.
– Que suerte que no te hayas tomado una copa antes -observo Grund.
– ?Que quieres decir?
– Quiero decir que has estado un poco brusco con ellos.
– Hizo un gesto negativo con la cabeza-. Podrias haberselo dicho con un poco mas de delicadeza. Se lo soltaste a lo bestia, como un punado de arena a los ojos.
– Vamos al Resi -dije-. Un sitio donde haya mucha gente.
– Si, claro, como tienes tanto don de gentes -dijo Grund con amargura-. ?Los trataste asi, como si no tuvieran sentimientos, solo porque el era soldado de las tropas de asalto?
– ?No viste la insignia del cuello? Vigesimo Primer Batallon.
Es el mismo batallon de las SA al que pertenecia Walter Grabsch. ?Te acuerdas de Walter Grabsch? El que mato a Emil Kuhfeld.
– No es eso lo que dijo el policia municipal. ?Y todos los polis asesinados por comunistas? Los dos capitanes de policia, Anlauf y Lenck. Y no te olvides de Paul Zankert. ?Que pasa? ?Esos no cuentan, o que?
– Yo no los conocia. Pero si conocia a Emil Kuhfeld. Era un buen poli.
– Tambien Anlauf y Lenck.
– Y detesto a los cabrones que los asesinaron tanto como al hombre que mato a Emil. Para mi, la unica diferencia entre los rojos y los nazis es que los rojos no van uniformados. Si tuvieran uniforme, me costaria mucho menos odiarlos nada mas verlos, igual que odio a Schwartz.
– Bueno, al menos lo reconoces, cabron insensible.
– Si, lo reconozco. Estuve un poco fuera de lugar. Pero podria haber sido mucho peor. Si no le detuve por llevar el uniforme de las SA fue precisamente por compasion.
– ?Que gesto de generosidad, senor!
– Suponiendo que alguno de los dos tuviese sentimientos. Cosa que dudo mucho. ?Tu la viste?
– ?En que te basas para decir eso?
– Venga ya, Heinrich. Conoces la escena tan bien como yo. Tu hija ha muerto. La han asesinado, Panuelo al canto. ?Estan seguros? Si, totalmente seguros.
– La mujer es enfermera. Sabe encajar los golpes.
– Y un huevo. ?Tu la has visto? No le temblaron ni las tetas cuando le dije que habia muerto su hija. Y tenia buenas tetas, por cierto. Daba gusto mirarlas. Pero ni se inmutaron cuando se lo dije. Dime si es mentira, Heinrich. Y dime si es mentira que no habia fotografias de Anita Schwartz en el aparador. Dime si es mentira que la madre se paso al menos diez minutos intentando encontrar alguna. Y dime si es mentira que me dio todas las fotografias de su hija.
– ?Y que?
– ?Tu no te quedarias al menos con una fotografia para recordar a tu hija muerta? ?Por si algun poli idiota como tu las perdiera?
– Ella sabe que se las vamos a devolver. No le busques tres pies al gato.
– No, no, Heinrich, la gente no es asi. La madre se habria guardado una. Por lo menos una. Pero ella me las dio todas. Es lo que dijo. Se lo pregunte y me lo confirmo. La oiste perfectamente y no solo eso. Ademas, las fotos no estan en muy buen estado. Es como si las hubieran guardado en una caja vieja de zapatos. Si un comunista te mata esta noche y alguien me pide una foto tuya para el periodico de la policia, yo no tardo ni veinte segundos en darle una de buena calidad, enmarcada y todo. Y no tengo ningun parentesco contigo. Gracias a Dios.
– ?Que estas intentando decirme?
Pare el coche cerca del casino Residenz. Pasaba de la media noche, pero todavia entraba mucha gente en el local. Probablemente algunos eran polis. El Resi era popular entre los Kripo de Alex, y no solo por su proximidad.
– Lo que intento decirte es lo mismo que dijiste tu antes en el parque.
– ?Que dije yo en el parque?
– Que a lo mejor los dos se alegran de que la chica haya muerto. Que seguramente piensan que es mejor para ella. Y, lo que es mas importante, consideran que tambien es mejor para ellos.
