– Todos los periodicos son esencialmente fascistas, Bernie. En todos los paises. Los directores son dictadores. Todo el periodismo es autoritario. Por eso la gente forra jaulas de pajaros con los periodicos.

Gennat tenia razon, como casi siempre. Pero el Tempo, un diario nocturno berlines, me dio buena prensa. Publico una fotografia mia en la que parecia Luis Trenker en La montana sagrada.

Manfred George, director del Tempo, escribio un articulo en el que me describia como uno de los «mejores detectives» de Berlin. Sera que le gusto mi corbata nueva. El resto de los periodicos republicanos eran como un gato que merodea alrededor de la leche: no se atrevian a decir lo que pensaban por miedo a que sus lectores no estuviesen de acuerdo. No lei el Der Angriff. ?Para que? Pero Hans- Joachim Brandt en el Volkischer Beobachter nazi se refirio a mi como un «titere izquierdista liberal». Probablemente la verdad estaba en un punto intermedio entre los dos extremos.

CAPITULO 7

BUENOS AIRES. 1950

Los Von Bader vivian en la zona residencial del Barrio Norte, el barrio de la gente adinerada. La calle Florida, el centro comercial del Barrio Norte, parecia pensado para que la gente con dinero no tuviera que alejarse mucho para gastar. La casa, sita en la calle Arenales, era del mejor estilo frances del siglo XVIII. Mas que una casa, parecia un gran hotel. La fachada tenia columnas jonicas y grandes ventanales. Hasta los aparatos de aire acondicionado tenian un diseno elegante, coherente con el estilo borbonico del entorno urbano. La apariencia formal del interior no era menos francesa, con techos altos y pilastras, chimeneas de marmol, espejos de oro, multitud de muebles dieciochescos y obras de arte caras.

Los Von Bader y su perrito nos recibieron al coronel y a mi en los asientos de un sofa rojo muy mullido. Ella estaba sentada en un extremo del sofa y el en el extremo opuesto. Vestian sus mejores galas, pero de un modo que me hizo pensar que podrian ponerse el mismo atuendo para las labores de jardineria, en el supuesto de que supieran donde se guardaban las tijeras de podar y las palas. Al verlos en aquella pose, me dieron ganas de sujetar la barbilla de la baronesa e inclinarle la cabeza ligeramente hacia su marido para coger mis pinceles e iniciar su retrato. Era escultural y hermosa, con buen cutis y unos dientes perfectos y el pelo como hilo de oro y un cuello como el de la hermana mas alta de la reina Nefertiti. El era simplemente delgado con gafas pero, al contrario que yo, el perro lo preferia a el. La mujer tenia un panuelo en la mano, como si hubiera estado llorando. La actitud que habria adoptado cualquier madre angustiada, supongo. El marido fumaba un cigarrillo y tenia pinta de haber ganado dinero. Dinero a raudales.

El coronel Montalban me los presento. Todos hablamos en aleman como si la reunion se celebrase en alguna hermosa villa de Dahlem. Musite varios sonidos de cortesia. Fabienne habia desaparecido en algun lugar situado entre Arenales y el cementerio de Recoleta, a menos de ochocientos metros de distancia. A menudo iba sola al cementerio para dejar flores en los escalones del panteon familiar de los Von Bader. Era alli donde guardaban los cuerpos, pero no su dinero. Al parecer, Fabienne estaba muy unida a su abuelo, que se encontraba alli enterrado. Me dieron varias fotografias. Fabienne se parecia a cualquier otra chica de catorce anos, rubia, hermosa y rica. En una de las fotografias estaba montada en un pony blanco. Un gaucho sostenia la brida del pony y detras de este trio bucolico habia un rancho con un telon de fondo de eucaliptos.

– Es nuestra segunda residencia para los fines de semana -explico el baron-. En Pilar. Al norte de Buenos Aires.

– Bonita casa -dije, preguntandome a donde irian cuando quisieran disfrutar de unas vacaciones apropiadas para las exigencias de los mas ricos.

– Si. A Fabienne le encanta -dijo la madre.

– Supongo que ya la habran buscado alli y en todas las viviendas de su propiedad.

– Si -dijo el baron-, por supuesto. -Exhalo un suspiro que expresaba algo intermedio entre paciencia y angustia-. Solo tenernos esa segunda residencia, Herr Gunther. No hay mas casas de nuestra propiedad en Argentina. -Hizo un gesto negativo con la cabeza y dio una calada al cigarrillo-. Se creen que soy una especie de judio apestoso y plutocratico. ?Verdad, coronel?

– No hay muchos moishesen esta zona de Buenos Aires -dijo Montalban.

El rostro de la esposa de Von Bader se crispo. Parecia que no le habia gustado aquel comentario, otro de los motivos por los que me cayo mejor que su esposo. Cruzo las largas piernas yaparto la mirada por un instante. Tambien me gustaban sus piernas.

– Es impropio de ella -dijo. Se sono finamente con el panuelo, se lo guardo en la manga del bolsillo y sonrio con valentia. La admire por ello-. Nunca habia hecho nada asi.

– ?Y sus amigas? -pregunte.

– Fabienne no es como la mayoria de las chicas de su edad, Herr Gunther -dijo Von Bader-. Es mas madura, mucho mas sofisticada. Dudo que les haya hecho confidencias.

– Como es natural, las hemos interrogado -anadio el coronel-. No creo que nos sirva de nada volverlas a interrogar. No nos dijeron nada util.

– ?Conocia a la otra chica? -pregunte-. ?A Grete Wohlauf?

– No -dijo Von Bader.

– Me gustaria ver su habitacion, si fuera posible. -Al decir esto, mire a la baronesa. Era mas agradable a la vista que su esposo. Tambien mas agradable al oido.

– Por supuesto -respondio la baronesa. Luego miro a su marido-. ?Te importa ensenarles la habitacion de Fabienne, querido? Me afecta mucho entrar alli por ahora.

Von Bader me guio hasta el ascensor de madera, inserto en un hueco de hierro forjado y rodeado por una escalinata curva de marmol muy empinada. No es muy comun encontrar un ascensor en una vivienda unifamiliar y, al ver mis cejas elocuentemente arqueadas, el baron se sintio obligado a darme una explicacion.

– Durante los ultimos anos de su vida, mi madre iba en silla de ruedas-dijo, como si la construccion de un ascensor fuese una solucion accesible para cualquiera que tuviese un pariente anciano a su cargo.

Entramos los dos en el ascensor, junto con el perro. La proximidad me permitio oler la colonia en el rostro de Von Bader y la brillantina en el pelo canoso, pero el rehuia en todo momento mi mirada. Cada vez que hablaba conmigo, miraba hacia otra parte. Tuve la impresion de que le preocupaba la suerte de su hija, pero, al mismo tiempo, la experiencia de otros casos de desapariciones me permitia distinguir cuando no me decian toda la verdad.

– Montalban dice que en Berlin, antes de la guerra, usted era un importante detective del Kripo, ademas de ejercer en la privada.

Se refirio a mi actividad de detective privado como si fuese un dentista de prestigio. A fin de cuentas, mi profesion tenia bastantes similitudes con la odontologia. A veces sonsacar a un cliente todo lo relevante era como extraerle una muela.

– Tuve mis momentos de Arquimedes -replique-. En el Kripo y por cuenta propia.

– ?Arquimedes?

– Eureka. Lo encontre. -Me encogi de hombros-. Actualmente me parezco mas a un viajante.

– ?Y que vende, en concreto?

– Nada. Nada en absoluto. Ni siquiera ahora. Hare todo lo posible por encontrar a su hija, senor, pero no puedo hacer milagros. Generalmente logro mejores frutos cuando la gente confia en mi lo suficiente para aportarme todos los datos.

Von Bader se sonrojo un poco. Tal vez fue porque forcejeaba para abrir la puerta del ascensor. O quiza no, pero seguia sin mirarme a la cara.

– ?Que le hace pensar que no se los hemos dado? -pregunto.

– Sera una corazonada -respondi.

Asintio como si sopesase alguna clase de oferta, lo cual era extrano, dado que no le habia ofrecido nada.

Al salir del ascensor aparecimos en un pasillo de moqueta gruesa. Al fondo del pasillo el baron abrio una puerta y me hizo pasar al dormitorio de una nina pulcra y ordenada. El papel pintado era de rosas rojas. La cama

Вы читаете Una Llama Misteriosa
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату