amigos asi, podia traer problemas hasta a los monjes benedictinos retirados en un hospicio. La gente bien informada de Berlin decia que, si los nazis llegaban al poder, preveian poner a Daluege a cargo del cuerpo policial de Berlin. No es que tuviera experiencia en la materia. Ni siquiera era abogado. Lo que si tenia era experiencia en hacer exactamente lo que le pedian Hitler y Goebbels. Y supuse que lo mismo cabria decir de su pariente politico, Otto Schwartz.

– Por eso he convocado una conferencia de prensa para esta tarde -dijo Izzy-. Asi podra decirle a la prensa que nos estamos tomando este caso muy serio. Que estamos investigando todas las pistas posibles. Que no descansaremos hasta que se detenga al asesino. Bueno, ya sabe lo que tiene que decir. Ya se ha encargado de dar muchas otras conferencias de prensa. Hasta lo hizo bastante bien en alguna ocasion.

– Gracias, senor.

– Sin embargo, tiene usted un ingenio natural que mas le valdria controlar en algunas ocasiones. Sobre todo en un caso politico como este.

– ?Eso es lo que es, senor?

– A mi me lo parece, ?no cree usted?

– Si, senor.

– Ernst Gennat y yo asistiremos a la conferencia, por supuesto. Pero se trata de su investigacion y su conferencia. Si nos preguntan, Ernst y yo nos limitaremos a atestiguar su competencia. La impresionante reputacion del comisario Gunther, su extraordinaria perseverancia, su perspicacia psicologica, su magnifico historial. Las tipicas pamplinas.

– Gracias por su confianza, senor.

– Bueno -dijo Izzy, con los labios fruncidos, saboreando su propia inteligencia como si fuese una bola de matza recien hecha-. ?Y que ha averiguado hasta ahora?

– No gran cosa. No la mataron en el parque, eso es seguro. Hoy mismo sabremos mas cosas sobre la causa de la muerte. No es facil saber si el movil del crimen fue la lascivia o no. Eso explicaria que le hayan extirpado todos los organos sexuales y todo lo que tenian alrededor. Aparentemente, eso parece el rasgo mas llamativo del caso. Pero tambien es curiosa la reaccion de Herr y Frau Schwartz. Anoche, ninguno de los dos se disgusto mucho cuando les dije que su hija habia muerto.

– Dios, espero que no este insinuando que la mataron ellos.

– Es posible que no los este juzgando bien, senor -dije, despues de pensar unos instantes-. Pero la chica era discapacitada. De algun modo, tuve la sensacion de que se alegraban de librarse de ella, eso es todo. Es posible.

– Confio en que no mencione nada de eso en la conferencia de prensa.

– Sabe que nunca haria algo asi.

– Es cierto, algunos nazis tienen ideas despiadadas sobre el tratamiento de los mas desvalidos de la sociedad, sobre la gente que esta fisica y mentalmente discapacitada. Sin embargo, ni siquiera los nazis son tan tontos para pensar que eso les dara votos en las elecciones. Nadie va a votar a un partido politico que abogue por el exterminio de los enfermos y minusvalidos, despues de una guerra que dejo miles de hombres discapacitados.

– No, supongo que no, senor. -Encendi un cigarrillo-. Y hay otra cosa. La chica asesinada llevaba encima quinientos marcos. Es mucho mas dinero del que tenia yo a su edad.

– Si, tiene razon. ?Le ha preguntado por ello a los padres?

– Me sugirieron que debia de ser un error.

– Tengo entendido que el dinero tiende a desaparecer de los bolsillos de los muertos. Lo contrario me parece un poco raro.

– Si, senor.

– Pregunte a los vecinos, Bernie. Hable con sus companeras del colegio. Averigue que clase de chica era Anita Schwartz,

– Si, senor.

– Y Bernie, comprese una corbata nueva. Esa parece que se le ha sumergido en la sopa.

– Si, senor.

Antes de la conferencia de prensa, me corte el pelo en KaDeWe. Ni Henry Ford habria conseguido un corte aleman con mayor diligencia. Habia diez sillas y entre y sali en menos de veinte minutos. La KaDeWe no estaba exactamente a un paso de Alex, pero era un buen lugar para cortarse el pelo y comprarse una corbata nueva.

Como siempre, la conferencia se celebro en el Museo de la Policia de Alex. Fue idea de Gennat despues de la Exposicion de la Policia de 1926, para que el Kripo se presentase ante el mundo entre las fotografias, los cuchillos, los tubos de ensayo, las huellas, los frascos de veneno, los revolveres, la soga y los botones que se exponian como pruebas del exito de la investigacion criminal. La apariencia de modernidad que pretendiamos transmitir al mundo habria sido mayor si las vitrinas que contenian este surtido de desechos forenses, asi como las pesadas cortinas que cubrian los ventanales de la sala de exposiciones, no hubieran estado tan sucias. Hasta la fotografia mas reciente, de Ernst Gennat, parecia que llevaba alli un siglo.

Unos veinte periodistas y fotografos se congregaron entre nuestros triunfos anteriores. Me sente entre Weiss y Gennat, como si nos hubiesen colocado en orden ascendente de tamano, ante una mesa de la que habian retirado una seleccion de armas curiosas empleadas en asesinatos. En presencia de los periodistas berlineses, solicite la colaboracion de cualquier testigo que hubiera visto a algun hombre sospechoso en el parque de Friedrichschain la noche del crimen, y asegure a la poblacion de Berlin que estabamos haciendo todo lo posible para atrapar al asesino de Anita Schwartz, lo cual, por supuesto, era algo que estaba decidido a hacer a toda costa. Las cosas iban bastante bien hasta que pronuncie las tipicas frases manidas sobre los agresores sexuales conocidos que ibamos a interrogar. En aquel momento, Fritz Allgeier, periodista del Der Angriff, un especimen bizco de barba gris y brazos mas largos que las piernas -dificilmente perteneciente a la Raza Superior-, dijo que el pueblo aleman queria saber, para empezar, por que andaban sueltos por las calles con total impunidad algunos agresores sexuales conocidos.

Posteriormente, tal como queria Weiss, intente que mis comentarios fuesen algo mas diplomaticos.

– Tengo entendido, Herr Allgeier, que Alemania tiene todavia un Codigo Penal por el que la gente comparece ante los tribunales, es juzgada y, si se le declara culpable, cumple una pena de carcel. Despues de pagar la deuda a la sociedad, sale en libertad.

– A lo mejor no deberian salir nunca -dijo-. Seria mejor para los alemanes que los llamados «agresores conocidos» volviesen a la carcel lo antes posible. Si estuvieran en la carcel no habria ocurrido nunca un crimen como este.

– Es posible. No me corresponde a mi decirlo. ?Pero que le lleva a pensar a alguien como usted puede hablar en nombre del pueblo aleman, Allgeier? Pero si usted era un turco que trabajaba de trilero ilegal en las calles de Moabit. El pueblo aleman puede preguntarse tambien como ha llegado a periodista.

A varios periodistas de diarios no nazis les hizo mucha gracia mi comentario. Habria salido airoso si lo hubiese dejado ahi. Pero no. Aquel tema me encendia.

Alemania siempre habia castigado con pena de muerte los asesinatos, pero los periodicos -los periodicos no nazis- habian llevado a cabo, durante varios anos, una energica campana contra la guillotina. Sin embargo, recientemente, esos mismos periodicos habian cedido a la influencia nazi y evitaban publicar editoriales donde se exigiese la conmutacion de la pena de los asesinos, de manera que el verdugo del estado, Johann Reichhart, habia vuelto a trabajar. Su victima mas reciente habia sido el canibal y asesino en serie Georg Haarmann. A muchos polis, entre los cuales me contaba, no nos gustaba la guillotina. Sobre todo desde que el agente responsable de la investigacion estaba obligado a asistir a las ejecuciones de los asesinos que habia detenido.

– Lo cierto es que siempre hemos confiado en conocidos delincuentes para que nos proporcionasen informacion -declare-. Ha habido asesinos que han colaborado con nosotros mientras cumplian penas de carcel. Por supuesto, eso era antes de que empezasemos a ejecutarlos otra vez. Es dificil convencer a un hombre de que hable con nosotros si le han cortado la cabeza.

Weiss se levanto y, con una sonrisa forzada, anuncio que la rueda de prensa se habia acabado. Al salir no dijo nada. Solo me sonrio con tristeza. Lo cual era peor que un latigazo de su lengua.

– Buen trabajo, Bernie -dijo Gennat-. Te van a despellejar, hijo.

– Solo los periodicos fascistas.

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