– ?De donde sacas eso?
– Es un principio nazi, ?no? Los tullidos son un despilfarro que pagamos con todos nuestros impuestos. Supuse que de ahi venia toda esa mierda de la pureza racial que comentabas. -Encendi un cigarro-. Te apuesto lo que quieras a que Hitler apreciaria mas a Otto Schwartz si no tuviera una hija coja.
Entramos en el Resi. El portero nos conocia de vista y nos saludo cuando pasamos por delante de la taquilla. Los polis no pagabamos en los clubes de alterne de Berlin. Estaban mas necesitados de nosotros que nosotros de ellos. Sobre todo si habia mas de mil personas en el local, como ocurria en el Resi. Nos sentamos en un pequeno reservado del paraiso y pedimos unas cervezas. El club estaba lleno de compartimentos, cabinas y sotanos privados, todos ellos provistos de telefonos que alentaban a los clientes a flirtear a una distancia prudente. Estos telefonos eran tambien una de las razones por las que los detectives de Alex frecuentaban el local. A los informantes les gustaban los telefonos. Y a las putas tambien. En cuanto nos sentamos en la mesa, sono el nuestro. Conteste yo.
– ?Gunther? -dijo una voz masculina-. Soy Bruno. Estoy aqui abajo junto a la barra, delante del puesto de tiro al blanco.
– Me asome por la barandilla del paraiso y vi a Stahlecker haciendome senas. Le salude con la mano.
– Para tener un solo ojo, no te desenvuelves nada mal.
– Hemos sancionado al
– Bruno dice que te da las gracias. Han sancionado al
– Me alegro -dijo Grund.
– Al salir de Alex me encontre con Isidor -dijo Bruno-. Me dijo que te dijese, si te veia, que quiere verte a primera hora.
Isidor era el apodo del subdirector de policia, el doctor Bernard Weiss. Asi lo llamaban tambien en el
– ?Te dijo de que queria hablar? -pregunte, aunque me parecia que ya sabia la respuesta.
– No.
– ?Que hora es la primera para Izzi ultimamente?
– Las ocho.
– ?Ya me quede sin noche! -exclame, mirando el reloj.
Era un hombre bajito con bigote, nariz larguirucha, gafas redondas y pelo oscuro peinado hacia atras en una cabeza sesuda. Vestia un traje de tres piezas bien cortado, polainas y, en invierno, abrigo con cuello de piel. El caricaturesco doctor Bernard Weiss, cuya judeidad era exagerada por sus enemigos, tenia un aspecto peculiar entre los policias de Berlin. Heimannsberg, que era mucho mas alto que el, respondia mas al estereotipo de alto cargo policial. El aspecto fisico de Izzy se asemejaba mas al de un abogado; de hecho, habia sido juez en los tribunales de Berlin. Pero tenia experiencia militar y volvio de la Gran Guerra con una Cruz de Hierro de primera clase. Izzy hacia todo lo posible por parecer un detective duro e insensible, pero no lo conseguia. Ni siquiera llevaba pistola, y eso que un dia fue agredido por un poli uniformado de derechas, que declaro haber confundido al subdirector de policia con un comunista. Izzy preferia combatir con el habla, que era un arma formidable cuando la desplegaba. Su sarcasmo era tan caustico como un electrolito y, rodeado por hombres de menores capacidades intelectuales que las suyas, generalmente despilfarraba ese recurso. Por eso no era muy querido. Tal circunstancia le traeria sin cuidado a casi todos los hombres de su posicion, pero, dado que no habia ningun hombre de su posicion que fuera tambien judio, seguramente a el debiera importarle mas. Su falta de popularidad lo hacia vulnerable. Pero a mi me caia bien, y yo tambien a el. Mas que a ningun otro hombre en Alemania, se atribuia a Izzy la modernizacion del cuerpo policial. Gran parte de este impulso tenia su origen en el asesinato del ministro de Asuntos Exteriores, Walter Rathenau.
Se decia que todo el mundo en Alemania sabia exactamente donde se encontraba el 24 de junio de 1922 cuando recibio la noticia de que Rathenau, que era judio, fue asesinado por un grupo derechista. Yo estaba en el Romanisches Cafe, sumido en el alcohol, lamentandome todavia por la muerte de mi esposa, que habia ocurrido tres meses antes. El asesinato de Rathenau me impulso a ingresar en la policia de Berlin. Izzy lo sabia. Si no me equivoco, era uno de los motivos por los que le caia bien.
Su despacho parecia el de un profesor universitario. Se sentaba delante de una gran libreria llena de libros legales y forenses, uno de ellos escrito por el. En la pared habia un mapa de Berlin con chinchetas rojas y marrones que indicaban los estallidos de violencia politica. Parecia un mapa aquejado de sarampion; con tantas chinchetas. En su mesa habia dos telefonos, varias pilas de papeles y un cenicero donde depositaba la ceniza de los puros Black Wisdom, que era su unico lujo aparente.
Yo sabia que se encontraba sometido a una enorme presion, porque la Republica en si se hallaba sometida a una enorme presion. Despues de las elecciones de marzo, los nazis habian duplicado su fuerza en el Reichstag y ahora eran el segundo partido mas importante del pais, con once millones y medio de votos. El canciller, Heinrich Bruning, intentaba sanear la economia, pero con casi seis millones de desempleados era casi una mision imposible. Parecia improbable que Bruning lograse sobrevivir, ahora que se habia reabierto la legislatura en el Reichstag. Hindenburg seguia siendo presidente de la Republica de Weimar y lider del partido principal, el SPD. Pero el viejo aristocrata sentia poca simpatia por Bruning. Y si Bruning se iba, ?quien vendria despues? ?Schleicher? ?Papen? ?Groner? ?Hitler? Alemania se quedaba sin hombres fuertes, capaces de dirigir el pais.
Sin levantar la vista de lo que estaba escribiendo con su Pelikan negra, Izzy me indico por senas que me sentase en una silla. De vez en cuando dejaba la pluma y se llevaba el puro a la boca, y a mi me divertia la vaga esperanza de que se metiera la pluma en la boca e intentase escribir con el puro.
– Debemos seguir cumpliendo con nuestro deber de policias, aunque algunos nos lo pongan dificil -dijo con voz profunda e intensa como una cerveza rubia oscurecida por malta de color: una Dunkel o una Bock. Dejo la pluma y, reclinandose en la silla giratoria chirriante, me miro fijamente con un ojo tan afilado como el pincho de un Pickelhaube-. ?No esta de acuerdo, Bernie?
– Si, senor.
– Los berlineses todavia no han perdonado a su cuerpo policial por lo ocurrido en 1918, cuando la jefatura de Alex se rindio a la anarquia y la revolucion sin un solo disparo.
– No, senor. Pero ?que podian hacer?
– Podrian haber defendido la ley, Bernie, en lugar de salvar su propio pellejo. Debemos respetar y defender siempre la ley.
– Y si los nazis toman el poder, ?que? Utilizaran la ley y la policia para sus propios fines.
– Que es exactamente lo que hicieron los socialistas independientes en 1918 cuando estaba Emil Eichhorn al frente de la policia. Sobrevivimos a eso. Sobreviviremos tambien a los nazis.
– Es posible.
– Hay que tener fe, Bernie -dijo-. Si los nazis llegan al poder, tenemos que confiar en que, con el tiempo, el proceso parlamentario restaure la sensatez en Alemania.
– Espero que tenga razon, senor.
En aquel momento, justo cuando empezaba a pensar que Izzy me habia llamado para darme una clase de ciencia politica, fue al grano.
– Un filosofo ingles llamado Jeremy Bentham dijo en una ocasion que la publicidad es el alma de la justicia. Asi sucede, de modo meridianamente claro, en el caso de Anita Schwartz. Parafraseando una frase de otro jurista ingles, la investigacion de su asesinato no solo debe continuar, sino que la opinion publica debe ver que avanza energicamente. Le dire por que. Helga Schwartz, la madre de la chica asesinada, es prima de Kurt Daluege. De modo que este es un caso importante, Bernie. Y quiero que sepa que lo ultimo que queremos, ahora mismo, es que el doctor Goebbels declare en las paginas de su diario chabacano, pero influyente pese a todo, que la investigacion se esta desarrollando de modo incompetente, o que damos largas al asunto porque tenemos que afilar el hacha antinazi. Debemos dejar al margen todos los prejuicios personales. ?Me he explicado con claridad, Bernie?
– Si, senor. -Aunque no tuviera un doctorado en jurisprudencia como Bernard Weiss, no necesitaba que me lo explicasen con puntos y comas. Kurt Daluege era un heroe de guerra condecorado. Aquel ex lider de las SA en Berlin, por aquel entonces formaba parte de las SS y era el numero dos de Goebbels. Ademas, ocupaba un cargo de mayor relevancia para nuestros intereses, y es que era diputado del NSDAP en el Parlamento del Estado Prusiano, al que la policia berlinesa debia lealtad ante todo. Daluege podia traernos problemas politicos. Con
