fondos. Entretanto, Hohler fue detenido por uno de mis colegas y condenado a cadena perpetua. Carajudio se sentia muy ofendido porque Goebbels hubiera plasmado al sordido asesino de Eva Zimmer en una cantinela nazi que exaltaba el pasado heroico de Horst Wessel.
Doblamos por Friedrichstrasse y nos dirigimos al Siechen, donde invite a un par de Nurembergs y lo observe mas atentamente. Tenia el rostro demacrado y anguloso, como un garabato que hubiera dibujado Pitagoras en un pergamino antes de formular su teorema.
– ?Que puedo hacer por usted, Herr Gunther?
– Necesito pedirte un favor, Carajudio. Quiero que alguien entre en la consulta de un medico en el Hospital Estatal. Alguien inteligente, que sepa leer y escribir y no sea codicioso. No quiero que robe absolutamente nada.
– Me parece muy bien, porque yo ya me he retirado. Ya no robo.Y no voy por ahi allanando la propiedad privada. Desde que apunalaron a Eva ya no me dedico a eso.
– Mira, lo unico que quiero es que abras un dossier y copies unos datos. Podria hacerlo una secretaria con una llave, pero yo no tengo llave. Para un hombre con tu experiencia, no puede ser mas sencillo. -Bebi un trago de cerveza y deje que Carajudio se explayase conmigo como la espuma de su vaso intacto.
– ?No me ha oido, comisario? Estoy retirado. La carcel me reformo. Cuelguese usted la medalla.
– ?Que medalla? No puedo darte ninguna medalla, Carajudio, Pero si haces lo que te pido, si copias unos nombres de unos dossieres del hospital, te dare otra cosa.
– No quiero su dinero, guripa.
– Jamas te insultaria ofreciendote pasta. No, esto es mucho mejor que el dinero. Hasta es algo patriotico; suponiendo que creas en la Republica, claro.
– Pues no, que casualidad. Fue la Republica la que me mando al trullo.
– Vale, pues llamalo venganza, si quieres. Venganza por Eva. -Bebi otro sorbo para hacerle esperar.
– Desembuche.
– ?Te apetece joder a Joey Goebbels?
– Soy todo oidos.
– Joey el Cojo vive en el numero tres de la Reichskanzlerplatz. En el apartamento de la esquina, planta baja, lado este. Hay una panda de matones de las SA justo delante, asi que andate con ojo. Pero no tienen visibilidad al otro lado 'de la esquina, que es adonde da el bano de Joey, Uno de los soportes del marco de la ventana esta roto. Te puedes colar en un abrir y cerrar de ojos. Sera coser y cantar para un hombre como tu, Carajudio. Yo mismo me cole por alli hace un par de horas. Es un fanatico. ?Sabes que tiene una fotografia de Hitler en la banera? De todos modos, el apartamento es propiedad de su esposa, Magda. Estuvo casada con un rico industrial llamado Gunther Quandt, que fue muy generoso en las condiciones de divorcio. Le dejo todas las joyas. De las que te gustan a ti. De esas que puedes vender en Margraf. Claro, con las elecciones a la vista, Goebbels sale mucho de casa. Da mitines y esas cosas. De hecho, casualmente se que Joey va a dar un mitin manana por la noche en la sede del Partido Nazi en Hedemannstrasse. Sera un discurso importante. Todos son importantes de aqui a finales de julio, pero puede que este sea el mas importante de todos. Asistira Hitler. Despues, Magda ofrecera una recepcion en su honor en el Adlon Hotel. Asi que hay tiempo de sobra. -Bebi otro sorbo de cerveza y pense en pedir unas salchichas. La manana habia sido muy ajetreada-. Bueno, ?que me dices? ?Hay trato? ?Me copias esos nombres, como te pedi?
– Como ya le he dicho, Gunther, me he reformado. Intento llevar una vida honrada. -Carajudio sonrio y me dio la mano-. Pero es lo que tienen los nazis. Sacan lo peor de la gente.
A la manana siguiente recibi una lista manuscrita de nombres y direcciones de todo Berlin y alrededores. No era tan util como una lista de sospechosos, pero se aproximaba. Lo unico que tenia que hacer era investigarlos uno a uno.
El Registro de Residentes estaba en el ala de la jefatura que daba a la estacion de ferrocarril, en la oficina 359. En este departamento del tercer piso cualquier residente en Berlin podia obtener, de forma bastante licita, la direccion de cualquier otro vecino de la ciudad. Asi lo decidieron las autoridades prusianas con buena intencion, pensando que la accesibilidad a la informacion del Estado contribuiria a reforzar la fe en nuestra fragil democracia. Sin embargo, en la practica solo sirvio para que las tropas de asalto nazis y los comunistas averiguasen donde vivian sus adversarios y tomasen las medidas belicosas oportunas. La democracia tiene tambien sus inconvenientes.
El Registro de Residentes tenia una parte no accesible para el publico, aunque si para la policia, que denominabamos el Directorio del Diablo, porque estaba organizada en sentido inverso. Solo con buscar el nombre de una calle y un numero, el Directorio proporcionaba el nombre de la persona que residia alli. De este modo, tarde solo una manana en anotar los verdaderos nombres de los pacientes junto a las direcciones y los nombres falsos que habia copiado Klein Carajudio en la consulta del doctor Kassner. Era una tarea rutinaria que normalmente habria delegado en alguno de mis sargentos. Pero nunca he tenido muchas dotes de mando, ni tampoco de obediencia. Ademas, si hubiera encomendado esa labor a algun sargento, habria tenido que explicar donde y como consegui la lista. El Kripo era implacable con los guripas pringados en asuntos sucios. Aunque no se pringasen en beneficio propio, sino por cumplir con su trabajo.
Por el mismo motivo, otra tarea rutinaria de la que me tuve que encargar personalmente fue la verificacion de los nombres de la lista. Curiosamente, uno de los nombres que encontre al consultar el Directorio del Diablo no tenia nada de rutinario. Era nada menos que el doctor Kassner. Y esperaba averiguar por que figuraba su direccion particular en una lista de pacientes que participaban en las pruebas clinicas del Protonsil organizadas por Bayer.
Cuando volvi a mi mesa de trabajo, Grund tecleaba en mi antigua Carmen muy despacio, dedo a dedo y con mucha fuerza, como si matase hormigas o tocase las notas introductorias de algun concierto ruso muy poco melodioso para piano.
– ?Donde demonios te habias metido? -pregunto.
– ?Donde demonios estabas tu? -replique.
– Ha llamado Illmann. La chica Schwartz dio negativo en la prueba de sifilis. Y Gennat quiere que vayamos a examinar a una chica que aparecio muerta en la Feria de Ganado Municipal. Parece que la mataron de un disparo, pero tenemos que echar un vistazo de todos modos, por si acaso.
– Parece logico, creo. -La Feria de Ganado estaba a pocos metros de donde encontramos a la chica Schwartz, en el parque de Priedrichschain.
Llegamos en pocos minutos. Los dias de mercado eran los miercoles y sabados, asi que el lugar estaba cerrado y desierto. Pero el restaurante estaba abierto y algunos de los clientes -sobre todo carniceros al por mayor procedentes de Pankow, Weissensee y Petershagen- declararon haber visto a tres hombres persiguiendo a la chica en los rediles. Un dato demasiado impreciso para anotarlo. El cadaver estaba en el matadero. Aparentaba unos veinte anos. Le habian disparado en la cabeza a quemarropa. Habia un cerco marron alrededor del orificio de bala. Faltaba la ropa de cintura para abajo y, por el olor de la chica, lo mas probable era que la hubieran violado. Pero nada mas. No habian practicado ninguna operacion quirurgica en esta pobre criatura.
– Circunstancias que levantan sospechas -dijo Grund al cabo de un rato.
Me hubiera sorprendido que no lo hubiese dicho. -Que chochito tan mono -comento.
– Pues nada, adelante, echale un polvo, hale. Espera, que me doy la vuelta.
– Solo era un decir -dijo-. Pero mira ese chochito. Esta casi todo afeitado. No es algo muy comun, que digamos. Asi pelado. Igual que el de una nina.
Rebusque en su bolso, que un agente de la Schupo habia encontrado a poca distancia del cadaver, y encontre un carne del partido comunista. Se llamaba Sabine Farber, Trabajaba en la sede del KDP cerca de su lugar de residencia. Vivia en Pettenkofer Strasse, junto a Lichterfelde, unos cien metros al este de donde la asesinaron. Me forme una idea bastante clara de lo ocurrido.
– Esos putos nazis -dije con notorio desagrado.
– Ya me estoy hartando -dijo, frunciendo el ceno-. ?Se puede saber de donde sacas esa conclusion? ?De donde sacas que han sido los nazis? Ya has oido las descripciones que nos han dado los carniceros. Ninguno ha dicho que hubieran visto camisas marrones o esvasticas. Ni un bigote de cepillo de dientes. ?Como sabes que son nazis?
– No es nada personal, Heinrich. -Le lance el carne del partido de Sabine Farber-. Pero no creo que fuesen testigos de Jehova, intentando convertirla.
