Miro el carne y se encogio de hombros, como si solo concediese vagamente la posibilidad de que tuviera razon.
– Venga -le dije-. Tiene huellas por todas partes. Supongo que los tres hombres que vieron los carniceros eran soldados de tropas de asalto vestidos de paisano para no llamar la atencion. Seguramente la esperaron a la salida de la sede del KPD en Bulow Platz. Hace buen dia, asi que probablemente decidio volver a casa a pie y no se dio cuenta de que la seguian. No se dio cuenta de que esperaban una buena ocasion para agredirla. Cuando los vio, entro aqui corriendo con la esperanza de escapar. Pero la acorralaron e hicieron lo que hacen las valientes tropas de asalto cuando se enfrentan a una terrible amenaza como el bolchevismo internacional. ?Heinrich?
– Supongo que tienes razon en parte -dijo-. Mas o menos.
– ?Con que parte no estas de acuerdo? -pregunte.
Grund no respondio. Volvio a guardar el carne de Sabine Farber en el bolso y miro a la chica.,
– ?Que dice Hitler? -pregunte-. La fuerza no esta en la defensa sino en el ataque, ?no? -Encendi un cigarro-. Siempre me he preguntado que querra decir eso. -Deje que el humo me carbonizase los pulmones por un instante y luego anadi-: ?Crees que este es el tipo de ataque al que se refiere Hitler? ?Tu gran lider?
– Claro que no -musito Grund-. Sabes que no.
– ?Entonces que? Dimelo. Me gustaria saberlo.
– Dejalo ya, ?quieres?
– ?Que lo deje yo? -Me rei-. No soy yo quien tiene que dejarlo, Heinrich, sino la gente que hizo esto. Tus amigos. Los nacionalsocialistas.
– ?Y tu que sabes?
– No, en eso tienes razon, no lo se. Para saberlo se necesita a un hombre como Adolf Hitler. Deberia ser detective en este caso. Oye, no seria mala idea. Desde luego, prefiero que sea poli a que se convierta en el proximo canciller de Alemania. -Sonrei-.Y apuesto que tendria un indice de resolucion muy superior al mio. ?Quien mejor que el para resolver los crimenes de una ciudad, si es el quien instiga la mayoria?
– Dios, ojala no te hubiera escuchado, Gunther. -Grund hablaba apretando los dientes. Debi actuar con mas cautela al ver el color de su rostro en aquel instante. Al fin y al cabo era boxeador.
– Pues no me escuches -le dije-. Me vuelvo a Alex para decirles a los de Politica que este caso es suyo. Tu quedate aqui a ver si encuentras mejores testigos que esos fabricantes de salchichas. No se, quiza tengas suerte. A lo mejor ellos tambien son nazis. Desde luego, feos son un rato. ?Quien sabe? Hasta puede que te den las descripciones de tres judios ortodoxos.
Supongo que fue la mueca sarcastica lo que le hizo perder los estribos. Apenas alcance a ver el punetazo. Ni me di cuenta. Estaba sonriendo como Torquemada cuando, de repente, apareci tumbado en el suelo de adoquines como una vaquilla, con la sensacion de que me habia partido un rayo. Con la vista algo nublada vislumbre a Grund, que estaba de pie sobre mi con los punos apretados, como Firpo mirando con desden a Dempsey en el suelo, y me gritaba algo. Sus palabras sonaban tenues en mis oidos. Lo unico que oia era un ruido agudo e intenso. Despues Grund se largo, ahuyentado por un par de agentes, mientras su sargento se agachaba y me ayudaba a levantarme.
Se me despejo la cabeza y movi la mandibula poco a poco. -El muy cabron me ha zurrado -dije.
– Pues si -dijo el poli, buscando mis ojos como un arbitro que duda si la pelea debe continuar-. Lo hemos visto todo, senor.
Por su tono supuse que daba por hecho que yo iba a tomar medidas disciplinarias contra Grund. Pegar a un agente superior era una infraccion grave en el Kripo. Casi tan grave como pegar a un sospechoso.
– No, no han visto nada -dije, negando con la cabeza.
El poli era mayor que yo. Probablemente le faltaba poco para jubilarse. Tenia el pelo de color acero pulido y una cicatriz en el centro de la frente, una cicatriz como de bala.
– ?Como dice, senor?
– Que no ha visto nada, sargento. Ninguno de ustedes ha visto nada. ?Entendido?
– Si usted lo dice, senor -dijo el sargento despues de reflexionar unos instantes.
Tenia sangre en la boca pero no habia ningun corte. -No hay heridas -dije, y escupi en el suelo.
– ?Que paso? -me pregunto.
– La politica -dije-. La protagonista de todo lo que ocurre en Alemania ultimamente. La dichosa politica.
No volvi directamente a Alex. Preferi pasarme antes por el apartamento de Kassner en Donhoff Platz, que no quedaba precisamente de camino, pues estaba en el extremo este de Leipziger Strasse. Pare en el lado norte de unos jardines ornamentales. Las estatuas de bronce de dos estadistas prusianos me miraban a traves de un seto de ligustro. Un nino pequeno, de paseo con su madre, contemplaba las estatuas, acaso preguntandose quienes eran. Yo me devanaba los sesos, pensando como habria llegado la direccion privada del doctor Kassner a la lista de nombres que me proporciono Klein el Judio. Sabia que Kassner estaria aun en el hospital, asi que no tenia idea de lo que pretendia averiguar. Pero soy asi de optimista. No queda mas remedio, para ser detective. Y a veces hay que hacer lo que dice el instinto.
Camine hasta el portal negro lacado para echar un vistazo mas de cerca. Habia tres timbres. En uno ponia claramente Kassner. Junto a la puerta habia dos macetas de hierro fundido con geranios. Toda la zona irradiaba respetabilidad. Llame al timbre y espere. Al cabo de unos instantes, oi una llave que giraba en la cerradura. De pronto se abrio el portal y aparecio un joven veinteanero. Me quite el sobrero, inocentemente.
– ?Doctor Kassner?
– No -respondio el joven-. No esta.
– Me llamo Hoffmann -dije, alzando de nuevo el sombrero-. De Seguros de Vida Isar.
El joven asintio educadamente, pero no dijo nada.
Eche un vistazo rapido a los otros dos apellidos que figuraban junto a los timbres.
– ?Herr Kortig?
– No.
– Herr Peters, ?verdad?
– No. Soy amigo del doctor Kassner. Y, como le dije, no esta en casa en este momento.
– ?Cuando cree que volvera el doctor, Herr…?
– Probablemente lo encontrara en el Hospital Estatal. En la Clinica Urologica.-El hombre sonrio como si esperase escandalizarme con este ultimo dato-. Lo siento, tengo que irme. Llego tarde a una cita. ?Me disculpa?
– Claro.
Me aparte y lo vi bajar los escalones del portal hacia la plaza. Era de estatura media, apuesto y moreno, con aire agitanado, pero pulcro y elegante. Vestia un traje liviano de color claro y camisa blanca sin corbata. Al pie de las escaleras entro en un Opel pequeno sin capota de color blanco con rayas azules. No habia reparado en ese coche hasta ese momento. Tal vez estaba todavia un poco aturdido, pero, en cuanto arranco el motor y se marcho, me di cuenta de que debia apuntar la matricula. Solo consegui ver la M antes de que el coche doblase por la Jerusalemstrasse. Al menos sabia que el joven esquivo era de Munich.
Al cabo de una hora volvi a mi mesa de trabajo. Vi a Heinrich Grund al otro lado de la sala de detectives. Me disponia a decirle que no le guardaba ningun rencor cuando Ernst, el Rollizo, se me acerco como un autobus que llega a la terminal. Llevaba un traje con chaleco de raya diplomatica azul, de talla extragrande, y un puro humeante en la comisura de los labios. Retiro el cigarro y se oyo un ruido como de fuelles de un organo eclesiastico. Un coro invisible de humo y cafe dulce, y acaso tambien algo mas fuerte, descendio sobre mi como del Monte Sinai y una voz de enfermedad pulmonar requirio mi atencion.
– ?Alguna novedad en ese crimen de la Feria de Ganado? -pregunto.
– Parece un asesinato politico con agravantes -dije.
– ?Con agravantes?
– Ademas la violaron.
Gennat hizo una mueca de desagrado.
– El subdirector quiere vernos. -Gennat nunca se referia a el con el nombre de Weiss Izzy. Ni siquiera lo llamaba Bernhard. Lo llamaba Weiss o el subdirector-. Ahora mismo.
– ?De que quiere hablar? -inquiri, preguntandome si Grund habria cometido la estupidez de confesar que habia agredido a un agente de rango superior.
– Del caso Schwartz -dijo.
