A las seis y media aparecio el doctor Kassner en un flamante Horch negro. Sali del coche y lo segui hasta el portal. Al reconocer mi cara sonrio, pero la alegria desaparecio de su cara al ver mi traje barato y mi placa del Kripo en la mano.

– Comisario Gunther -dije-. De la jefatura de Alex.

– ?Asi que no es el doctor Duisberg del Sindicato de la Industria Colorante?

– No, senor. Soy detective de homicidios. Estoy investigando el asesinato de Anita Schwartz.

– Me parecio muy joven para estar en el consejo de administracion de una compania tan importante. Bueno, sera mejor que entre, supongo.

Subimos a su apartamento. Era un lugar moderno. Mucho nogal blanqueado, piel de color crema y bronces de senoras desnudas de puntillas. Abrio un mueble bar tan grande como un sarcofago y se sirvio una copa. No me ofrecio ninguna. Los dos sabiamos que no me la merecia. Se sento y dejo la copa en un posavasos de madera festoneado, en una mesita de cafe festoneada. Cruzo las piernas y, sin mediar palabra, me invito a que tomase asiento.

– Bonita casa -dije, mintiendo-. ?Vive solo?

– Si. ?A que viene todo esto, comisario?

– Hace unos dias aparecio muerta una chica en el parque de Friedrichschain. La asesinaron.

– Si, lei la noticia en el Tempo. Fue algo espantoso. Pero no veo…

– Encontre una de sus pildoras de Protonsil cerca del cadaver.

– Ah, entiendo. Y cree que alguno de mis pacientes podria ser el presunto asesino.

– Es una posibilidad que quisiera explorar, senor.

– Podria ser una mera coincidencia. Se le podria haber caido la pastilla a alguno de mis pacientes que hubiera salido a pie de la clinica varias horas antes de que apareciese el cadaver.

– Eso no cuela. La pastilla no llevaba mucho tiempo alli. Habia llovido por la tarde. Las pastilla aparecio en perfectas condiciones. y aparte esta la chica. Era una prostituta juvenil.

– Senor, que escandalo.

– Una teoria que estoy investigando es que el asesino podria haber contraido una enfermedad venerea a traves de una prostituta.

– Lo cual le dio motivos para matar a alguna. ?Es eso?

– Es una posibilidad que quisiera explorar.

– ?Ya que viene la estupida pantomima de.la clinica? -pregunto Kassner pensativo, despues de beber un sorbo.

– Queria ver la lista de los pacientes que trata con Protonsil.

– ?No podia habermelo pedido legitimamente?

– Si, pero entonces no me la hubiera ensenado.

– Asi es, en efecto. Habria sido poco etico. -Sonrio-. ?Y usted que es, un memorion o que? ?Esperaba recordar todos los nombres de la lista?

– Algo asi. -Me encogi de hombros.

– Pero habia bastantes mas nombres de los que podia retener. Por eso ha venido aqui. Ya mi casa, en lugar de la clinica, porque esperaba que asi fuera mas facil que yo olvidase mi deber de confidencialidad entre medico y paciente.

– Si, algo asi.

– Mi principal deber, comisario, es para con mis pacientes.

Algunos estan gravemente enfermos. Suponga por un instante que le revelo sus identidades. Y suponga que despues interroga a alguno. O a todos. Pensarian que hemos traicionado su confianza. No volverian a la clinica para completar el tratamiento. En cuyo caso seguirian infectando a la gente por ahi. Etcetera, etcetera. -Se encogio de hombros-. ?Entiende lo que quiero decir? Lamento que haya habido un asesinato. Pero debo tener en cuenta el panorama general.

– Este es mi panorama general, doctor Kassner. La persona que mato a Anita Schwartz es un psicopata. La mutilo de una forma espantosa. Las personas que matan asi suelen reincidir. Quiero encontrar a este maniaco antes de que eso ocurra. ?Esta preparado para que recaiga sobre sus hombros el cargo de conciencia de otro crimen?

– Lo que dice es muy sensato, comisario. Es un dilema, ?no le parece? Lo mejor seria llevar el caso al Comite Prusiano de Etica Medica y que ellos decidan.

– ?Cuanto tiempo llevaria ese proceso?

– Una o dos semanas -respondio Kassner con la mirada imprecisa-. Quiza un mes.

– ?Y que cree que decidirian?

– No me gusta anticiparme a las resoluciones del comite -dijo Kassner con un suspiro-. Seguro que ocurre lo mismo en la policia. Hay que observar el debido procedimiento. Aunque no parece que usted lo haya respetado mucho. Me pregunto que pensarian sus superiores si supieran como me ha tratado. No obstante, supongamos que el comite rechaza su solicitud. Es una posibilidad realista, creo yo. ?Que haria entonces? Supongo que intentaria interrogar a todas las personas que entrasen en la clinica. Debe tener en cuenta que las que se someten a las pruebas clinicas solo son un pequeno porcentaje. La gran mayoria de mis pacientes, y me refiero a la gran mayoria, comisario, sigue tratandose con Neosalvarsan. ?Y que ocurriria entonces? Espantaria a la gente, claro, y tendriamos una epidemia de enfermedades venereas en Berlin. Tal como estan las cosas ahora, apenas logramos controlar la enfermedad. Hay decenas de miles de personas que padecen sifilis en esta ciudad. No, comisario, lo que le sugeriria es que siguiese otra linea de investigacion. Si, senor, creo que seria lo mejor para todos los implicados.

– No le falta razon, doctor -le dije.

– Me alegra que lo piense.

– Sin embargo, cuando estuve en su despacho, repare en que una de las direcciones de su lista de pacientes tratados con Protonsil era precisamente su domicilio. Tal vez quiera hacer algun comentario al respecto.

– Ya, muy agudo, comisario. Supongo que cree que eso me convierte en sospechoso.

– Es una posibilidad que no puedo pasar por alto, senor.

– No, claro. -Kassner se acabo la copa y se levanto para servirse otra, pero yo no figuraba todavia en la lista de personas a las que queria invitar-. Bueno, pues le dire lo siguiente. No es extrano que los medicos se infecten deliberadamente de una enfermedad que intentan curar. -Volvio a sentarse, eructo discretamente detras de la copa y luego brindo conmigo en silencio.

– ?Es ese su caso, doctor? ?Se infecto deliberadamente de una enfermedad venerea para probar el Protonsil en su cuerpo?

– Eso es exactamente lo que digo. A veces no basta con probar los efectos secundarios de un farmaco en otras personas. Los demas son menos capaces de describir todos los efectos de un farmaco en el cuerpo humano. Como creo que le dije cuando nos conocimos, es bastante dificil hacer un seguimiento de los pacientes en estos casos. A veces el unico paciente en quien se puede confiar es uno mismo. Lamento que me considere sospechoso, pero le aseguro que no he asesinado a nadie. Da la casualidad de que creo que tengo una coartada el dia y la noche de la muerte de la chica.

– Me encantaria oirla.

– Asisti a un congreso de urologia en Hanover.

– ?Le importa? -pregunte despues de sacar mis cigarrillos.

Nego con la cabeza y dio un sorbo a la copa. El alcohol le recorria las tripas cantarinas.

– Quisiera sugerirle algo, doctor. Algo que podria ayudarnos en esta investigacion. Algo que podria hacer voluntariamente sin vulnerar su sentido de la etica.

– Si esta en mi mano…

Encendi el cigarrillo y me incline hacia delante para estar al alcance del cenicero festoneado.

– ?Tiene formacion psiquiatrica, senor?

– Algo si. De hecho, estudie medicina en Viena y asisti a varias clases de psiquiatria. Incluso pense en dedicarme al campo de la psicoterapia.

– Si no tiene inconveniente, me gustaria que revisase los apuntes de sus pacientes. Para ver si alguno coincide con el perfil de un posible asesino.

– ?Y en el supuesto de que alguno coincida? ?Entonces, que?

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