que hemos visto en alguna pelicula de Leni Riefenstahl. Era de esa clase de personas que caminan en silencio por una biblioteca de derecho con un par de libros bajo el brazo. Antes de ingresar en las SS en 1942, trabajo para la Gestapo en Viena, Innsbruck y Salzburgo, y yo lo habia caracterizado como el tipico nazi ansioso de medallas y ascensos, como otros muchos que habia conocido. No tanta sangre ni tanto hierro como lejia y baquelita.

– ?Asi que usted tambien estuvo en Ucrania? -dijo en tono de camaraderia-i-, ?En que parte?

– En la Rutenia Blanca. Minsk. Lvov. Lutsk. Por ahi.

– Nosotros estabamos en la zona sur -comento- Krasnodar y Stavropol. Y en el Caucaso septentrional. El grupo de accion estaba al mando de Otto Ohlendorf y Beerkamp. Mi unidad estaba dirigida por un oficial llamado Seetzen. Buen tipo. Teniamos tres furgonetas de gas a nuestra disposicion, dos Saurers grandes y una Diamond pequena. Sobre todo se trataba de vaciar hospitales y asilos. Los orfanatos eran lo peor. Pero no piense que eran ninos sanos normales. No. Eran discapacitados, ?sabe? Debiles mentales, retrasados, encamados, discapacitados. Mejor asi, en mi opinion. Sobre todo teniendo en cuenta como los cuidaban los Popov, que practicamente los tenian desatendidos. Eran terribles las condiciones en que se encontraban. En cierto sentido, matarlos en camaras de gas era como hacerles un favor. Los librabamos de la miseria. Usted habria hecho lo mismo por un caballo herido. Al menos, asi nos lo planteabamos.

Hizo una pausa, como si recordase algunas escenas terribles que hubiera presenciado. Casi senti lastima por el. Por nada del mundo me hubiera gustado estar en su piel.

– Pero, hagase cargo, era un trabajo duro. No todo el mundo lo soportaba. Algunos ninos se enteraban de lo que ocurria y teniamos que arrojarlos a las furgonetas. A veces era bastante desagradable. Tuvimos que disparar a algunos que intentaron escapar. Pero, en cuanto entraban en la furgoneta y se cerraban las puertas, la cosa era bastante rapida, creo. Golpeaban los laterales del camion durante unos minutos y despues se acabo…Listo. Cuantos mas lograbamos hacinar en el camion, mas rapido era. Yo estuve a cargo de ese destacamento entre agosto de 1942 y julio de 1943, que fue cuando nos batimos en retirada general, por supuesto.

» Luego pase a Klagenfurt, donde fui jefe de la Gestapo. Luego estuve en Koblenz, donde fui tambien jefe de la Gestapo. Despues de la guerra los yanquis me confinaron en Dachau, pero logre escapar. Los yanquis eran una nulidad. No sabian vigilar ni una hoguera. Luego estuve en Roma yel Vaticano, y acabe aqui. Ahora mismo trabajo con Fuldner, pero voy a pasarme al negocio inmobiliario. Se gana mucho dinero en esta ciudad, pero echo de menos Austria. Sobre todo echo de menos el esqui. Fui campeon de esqui de la policia alemana, ?sabe?

– ?En serio? -Era evidente que me habia equivocado al juzgarlo. Era un hijoputa criminal, pero un hijoputa criminal de talante deportivo.

– No me extrana que le sorprenda, Herr Hausner. -Se rio-. Estuve enfermo, ?sabe? Fue en Brasil, antes de venir aqui a Argentina. Contraje la malaria. La verdad es que todavia no me he recuperado del todo. -Entro en la cocina y abrio la puerta de una nevera DiTella muy moderna-. ?Una cerveza?

– No, gracias. -Era un poco maniatico yo para elegir con quien bebia-. No bebo mientras estoy de servicio.

– Yo antes era como usted -dijo Kurt Christmann entre risas, mientras abria la botella-. Pero ahora intento parecerme mas a los argentinos. Hasta me echo la siesta despues de comer. Los hombres como usted y como yo, Hausner, tenemos suerte de estar vivos. -Asintio con la cabeza-. Un pasaporte me vendria bien. Pero no creo que vuelva a Alemania. Alemania se acabo, creo yo, ahora que los Popov la han ocupado. Alli no queda nada para mi, excepto una soga de verdugo.

– Hicimos lo que teniamos que hacer -declare-. Lo que nos dijeron que hiciesemos. -Me conocia muy bien este discurso. Lo habia oido a menudo durante los ultimos cinco anos-, Solo cumpliamos ordenes. Si nos hubiesemos negado a obedecer nos habrian matado.

– Es cierto -corroboro Christmann-. Es cierto. Solo cumpliamos ordenes.

Ahora que ya habia entrado en calor, decidi tirar un poco mas del hilo.

– De todos modos -dije-, habia algunas… muy pocas… unas cuantas manzanas podridas que disfrutaban matando. Que iban mas alla del cumplimiento normal de su deber.

Christmann presiono la botella de cerveza contra su mejilla y penso por un instante; luego nego con la cabeza.

– ?Conoce a alguien asi? -pregunto-. No creo. Al menos yo no lo vi. A lo mejor era distinto en su unidad, pero todos los hombres con los que estaba yo en Ucrania se comportaban con gran valentia y fortaleza. Eso es lo que mas echo de menos. La camaraderia. Los companeros de armas. Es lo que mas echo de menos.

– Yo echo de menos Berlin, sobre todo -dije, con aparente empatia-. Munich tambien. Pero sobre todo Berlin.

– ?Sabe una cosa? Nunca estuve en Berlin.

– ?Ah no? ?Nunca?

– No. -Se rio y bebio unos sorbos de cerveza-. Y supongo que ya no la vere.

Me marche, satisfecho tras un excelente dia laboral. La gente que uno se encuentra es lo que hace tan satisfactorio el trabajo de detective. De vez en cuando, uno se topa con un tipo encantador como Kurt Christmann y recobra la fe en la justicia medieval, la vigilancia parapolicial y otras practicas latinoamericanas muy cabales, como la garrucha y el garrote. A veces es dificil despedirse de gente asi sin sacudir la cabeza y preguntarse como es posible que todo hubiese acabado tan mal.

?Como es posible que todo hubiese acabado tal mal?

Algo ocurrio en Alemania despues de la Gran Guerra. Se veia en las calles de Berlin. Se palpaba una cruel indiferencia por el sufrimiento humano. Si, lo que ocurrio despues se veia venir, con todos aquellos asesinos dementes, a veces canibales, que hubo en los anos de Weimar: los escuadrones asesinos y las fabricas de la muerte. Asesinos que eran dementes pero tambien bastante normales. Krantz, el escolar. Denke, el tendero. Grossmann, el vendedor a domicilio. Gormann, el empleado de banco. Gente corriente que cometia delitos de una crueldad incomparable. Retrospectivamente, parecia una senal de lo que vino despues: los comandantes de los campos de concentracion y los tipos de la Gestapo. Los asesinos de despacho y los medicos sadicos. Los puteros corrientes que eran capaces de cometer tamanas atrocidades. Los tranquilos y respetables alemanes, amantes de Mozart, con los que ahora tenia que convivir.

?Que se requiere para asesinar a miles de ninos, una semana tras otra? ?Basta con ser una persona corriente? ?O hay que haberlo ensayado antes?

Kurt Christmann se habia pasado todo un ano de su vida matando a ninos ucranianos en camaras de gas. Los debiles mentales, los retrasados, los postrados en la cama y los discapacitados. Ninos como Anita Schwartz. Tal vez la gente como el no se limitaba a cumplir ordenes. Acaso no le gustaban los ninos discapacitados. Incluso puede que hubiera asesinado a una chica discapacitada en Berlin. Al fin y al cabo era de Munich. Siempre tuve la sospecha de que el hombre que buscaba en 1932 era de Munich.

CAPITULO 10

BERLIN. 1932

Habia dos hombres esperando junto a mi coche. Llevaban sombrero y traje cruzado totalmente abotonado, como si ocultasen algo mas que una pluma estilografica en el bolsillo superior de la chaqueta. Pense que estaban muy al sur para ser de la banda de Ricci Kamm. Y eran demasiado finos. Los miembros de la banda solian tener la nariz rota y orejas de coliflor, igual que otros hombres acostumbran a llevar baston y leontina. Por otro lado, aquellos tipos se alegraron de verme. Cuando uno ha estado en un zoo tanto tiempo como yo, sabe muy bien cuando va a atacar el leon. Se pone nervioso y agitado, porque a la mayoria de la gente le angustia matar. En cambio, aquellos dos tipos estaban tranquilos y seguros de si mismos.

– ?Es usted Gunther?

– Depende.

– ?De que?

– De lo que digan despues.

– Una persona quiere hablar con usted.

– ?Y por que no ha venido?

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