– Porque esta en El Dorado. Le invita a una copa.

– ?Tiene nombre esa persona?

– Herr Diels. Rudolf Diels.

– Soy un tipo timido. No me gusta El Dorado. Ademas, es un poco pronto para ir a un club de alterne.

– Precisamente por eso, es mas agradable y tranquilo a esta hora. Es un lugar privado donde podria oirse pensar.

– Tengo ideas muy extranas cuando me oigo pensar -replique-. Como que mi existencia tiene cierto sentido. Pero, como no lo tiene, mas vale que vayamos a El Dorado.

El Dorado de Motzstrasse estaba en la planta baja de un edificio alto y moderno de hormigon. Como el viejo El Dorado, que todavia existia en Lutherstrasse, el nuevo era un club de alterne popular entre la alta sociedad berlinesa, con prostitutas caras y turistas intrepidos, ansiosos por saborear la autentica decadencia berlinesa. En el interior, el local era una imitacion de un fumadero de opio chino. Pero no era una mera imitacion. Si bien el sexo era un motivo para visitar El Dorado, el suministro de drogas era otro factor importante. Sin embargo, a aquella hora del dia, el local estaba mas o menos desierto. La Bernd Robert Rhythmics habia terminado de ensayar y, en la esquina, junto a un gong de cobre tan grande como un neumatico de camion, un tipo mas bien joven, con una notoria cicatriz en la cara, compartia una botella de champagne con dos chicas. Supe que eran chicas no por las manos femeninas, de unas bien arregladas, sino por sus partes pudendas, que eran faciles de ver porque estaban al aire.

Al verme llegar al club con la avanzadilla de traje cruzado, el tipo de la cicatriz se levanto y me indico por senas que me acercase. Era moreno, con el menton poco prominente. Supuse que tendria unos treinta anos. Su traje parecia hecho a mano y fumaba un Gildemann. Tenia labios femeninos, cejas tan finas y pulcras que parecian depiladas y pintadas con lapiz, y ojos marrones con pestanas largas. Las manos eran tambien femeninas, y, salvo por la cicatriz y la compania, lo habria confundido con un marica. Pero era educado y cordial, lo que me llevo a preguntarme por que tendria semejante cicatriz.

– Herr Gunther -dijo-. Me alegra que haya venido. Le presento a Fraulein Oloffson y Fraulein Larsson. Las dos son suecas y estan aqui de vacaciones. ?No es asi, senoras?-Echo un rapido vistazo por el local-. Hay otra por ahi. Fraulein Liljeroth. Pero creo que ha ido a empolvarse la nariz, ya sabe a que me refiero.

– Senoras -dije mientras las saludaba con una cortes reverencia.

– Quieren comportarse como autenticas berlinesas -dijo Diels-. ?Verdad, senoras?

– La desnudez es normal-dijo una de las suecas-. El deseo es sano. ?No cree?

– Sientese y tomese una copa -dijo Diels mientras me acercaba una copa de champagne.

Era un poco pronto para mi, pero, al ver la etiqueta y el ano de la botella, me lo bebi de todos modos.

– ?Que puedo hacer por usted, Herr Diels?

– Por favor, llameme Rudi. Y, por cierto, puede hablar con total libertad delante de nuestras dos amigas. No hablan muy bien el aleman.,

– Yo tampoco -dije-. Aunque tal vez sea porque estoy con la lengua fuera.

– ?Habia venido aqui alguna vez?

– Una vez o dos. Pero no me divierte tener que adivinar si una persona es hombre o mujer. -Senale con la cabeza a Fraulein Oloffson-. Es un cambio agradable disipar toda duda en ese aspecto de forma tan inequivoca.

– Disfrute mientras pueda. Dentro de un mes o dos, el nuevo gobierno nazi vaa clausurar muchos de estos clubes. Este ya esta destinado a ser la sede del Partido Nazi en Berlin Sur.

– Da por hecho usted muchas cosas. Primero tendran que superar el pequeno escollo de las elecciones.

– Tiene razon. Es un pequeno escollo. Puede que los nacionalsocialistas no ganen por mayoria absoluta en el Reichstag, pero parece mas que probable que seran el partido mas votado.

– ?En serio?

– No soy miembro del partido, Herr Gunther, pero soy muy afin a la causa del nacionalsocialismo.

– ?Por eso tiene esas cicatrices en la cara? ?Por ser muy afin a los nazis?

– ?Esto? -dijo Diels, tocandose la mejilla sin ningun dejo de inhibicion. Nego con la cabeza-. No, me temo que no es muy honorable el modo en que me la hice. Yo antes bebia mucho. Mucho mas de lo saludable. A veces, cuando queria divertir o intimidar a alguien, masticaba un vaso de cerveza.

– Yo, la verdad -dije refiriendome a un cuenco de fruta que habia en la mesa-, prefiero una buena manzana. -Encendi un cigarrillo. Me apoye en el respaldo de la silla y ojee despacio a nuestras dos acompanantes desnudas. No me daba reparo mirarlas, pues a ellas tampoco les daba reparo que las mirasen.

– Sirvase.

– No, gracias. Parte de mi concentracion esta a la altura del destino de la Republica.

– Pues que mal, porque los dias de la Republica estan contados. Vamos a ganar.

– Se ha pasado al «nosotros». Hace un minuto decia que no era del partido. Supongo que usted debe de ser eso que llaman elector flotante.

– ?Quiere decir como Rosa Luxemburgo? -Diels sonrio por su propio chiste-. Oh, no soy muy hitleriano - preciso-, pero creo en Herman Goering. Es una figura mucho mas impresionante que Hitler.

– Sin duda es mas grande. -Ahora me tocaba a mi reirme de mi chiste.

– A Hitler no le importa nada la vida humana -continuo Diels-, pero Goering es distinto. Yo trabajo con el en el Reichstag. Cuando los nazis lleguen al poder, Goering se va a hacer cargo de la policia uniformada. Y yo estare a cargo de una policia politica mucho mas extensa.

– Hay que ver la cantidad de gente que quiere ingresar en la policia ultimamente. y ni siquiera ha habido ninguna campana de contratacion.

– Vamos a necesitar hombres en quienes podamos confiar. Hombres buenos que esten dispuestos a dedicarse en cuerpo y alma a la lucha contra los judios y los bolcheviques. Pero no solo contra los judios y bolcheviques. Es esencial recortar tambien el poder de las SA. Por eso esta usted aqui.

– ?Yo? No creo que pueda ayudarle. Ni siquiera me gusta la policia politica de la que se va a encargar usted.

– En el Kripo es bien sabido que usted detesta las SAo

– En el Kripo todo el mundo detesta las SA. Todo el mundo con un poco de valor, claro.

– Eso es precisamente lo que estoy buscando. Para librarnos de las SA necesitamos hombres que no tengan miedo. Hombres como usted.

– Ya entiendo su dilema. Necesita a las SA para ganar las elecciones. Pero en cuanto salgan elegidos, necesita a otra persona para que las meta de nuevo en vereda. -Sonrei-. Hay que reconocerlo. El nazismo supera con creces el sofismo. Hitler anade una acepcion totalmente nueva a esa parte del diccionario referida a la argumentacion enganosa y los negocios turbios. -Negue con la cabeza-. No soy su hombre, Herr Diels. Y nunca lo sere.

– Seria una lastima que el cuerpo perdiese a un hombre con sus capacidades forenses, Herr Gunther.

– Si, seria una lastima. Pero asi es.

La tercera sueca volvio de empolvarse la nariz. Igual que sus dos amigas, estaba desnuda como un alfiler de sombrero, solo que sin sombrero. Obviamente aburridas, las otras dos se levantaron de la mesa y se acercaron a la recien llegada. La rodearon con las brazos y, lentamente, empezaron a bailar al ritmo de una musica silenciosa. Parecian las Tres Gracias.

– Solo son turistas -me dijo-, no son cocottes, o cabareteras, o como las llamen los policias. Solo son tres chicas de Estocolmo que han venido de vacaciones, que se sienten casi como autenticas berlinesas y se quitan la ropa por pura diversion. -Suspiro-. Es una lastima que desaparezca todo esto. Pero las cosas tienen que cambiar. Asi no podemos seguir. Vicio, prostitucion, drogas. Nos estamos corrompiendo.

Me encogi de hombros.

– Usted es poli -dijo-. Al menos estara de acuerdo conmigo en eso.

Dos de los miembros del grupo regresaron y empezaron a tocar suavemente, por el bien del espectaculo improvisado de cabare.

– Usted no es de Berlin, ?verdad, Herr Diels? En Berlin decimos que hay que dejar en paz el bigote ajeno, aunque se caiga en el cafe. Por eso a los nazis nunca les ira bien en esta ciudad. Porque no saben dejar en paz el bigote ajeno.

– Es una actitud inusual en un policia. ?No quiere ser consejero o director? Podria conseguirlo en cuanto

Вы читаете Una Llama Misteriosa
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату