– ?Habeis visto a un hombre que acaba de entrar? -pregunte-. Llevaba un abrigo de color claro y sombrero. Con el iba una chica de unos doce anos con un vestido verde. Probablemente la ha secuestrado.

Nadie dijo nada. Pero me escuchaban. Mas vale escuchar cuando el que habla va armado.

– Puede que tenga algun hermano como vosotros -anadi.

– Nadie tiene un hermano como el-bromeo una voz.

– A lo mejor se enfada si a su hermanita la cortan en rebanadas y luego se la zampa un canibal del edificio - dije-. ?No creeis?

– Estos guris -dijo otra voz en la penumbra-. Son los ultimos que todavia se preocupan por algo aqui en Berlin.

– Atravesaron el prado -dijo el que repartia las cartas, senalando con un pulgar.

Subi corriendo unos escalones y sali al patio negro. Parecia un gran marco de piedra gris para el cielo azul brillante. Algo paso silbando cerca de mi oido izquierdo y oi una explosion tan fuerte como un camion disparando una bala de fusil de ocho milimetros. Al cabo de medio segundo, mi cerebro registro la imagen subliminal de un destello procedente del balcon del tercer piso y me impulso a esconderme detras de unas sabanas que ondeaban en la cuerda de la ropa. No me quede ahi. En cuanto repte varios metros a gatas, oi otro disparo y algo se sacudio a traves de la sabana donde habia estado arrodillado. Segui gateando hasta el extremo de la cuerda de la ropa y luego sali disparado como Georg Lammers hacia la relativa seguridad de otras escaleras. Varios hombres harapientos encogidos en las sombras me miraron con temor. No les hice caso y subi corriendo al tercer piso. No habia ni rastro de pistoleros, a no ser que contase un par de zapatos fuertes que bajaban de tres en tres otras escaleras. Furioso, segui el ruido de los zapatos. Varias personas se habian asomado por los balcones de la Parrilla para ver que era ese alboroto, pero los mas sensatos se quedaron tranquilamente en sus pocilgas.

Al llegar abajo, hice una breve pausa y luego empuje un par de planchas inclinadas contra la pared y sali al patio para atraer el fuego del fusilero. Para entonces ya me habia hecho a la idea de que era un fusil aleman. Mauser Gewehr 98 de 7,97. Lo habia oido tanto durante la guerra que me sabia perfectamente el nombre completo. El 98 era un arma bastante precisa pero inadecuada para el fuego rapido, debido a su peculiar sistema de cerrojo. Y, en los varios segundos que tardo en mandar otro tiro al garete, sali de las escaleras y dispare. Una Parabellum de nueve milimetros no es nada lenta, desde luego.

Falle el primer disparo. El segundo tambien. Cuando la Parabellum estaba preparada para el cuarto, me encontraba lo bastante cerca para ver el dibujo de su pajarita. Hacia juego con el dibujo de la camisa y con el del abrigo. Los lunares rojos no son mi estampado predilecto, pero a el le quedaban bastante bien. Sobre todo cuando manaban del orificio que le habia abierto en la cara. Murio antes de caer al hormigon.

Fue una lastima, por dos razones. La primera era que no habia matado a nadie desde el 23 de agosto de 1918, cuando dispare a un australiano en la batalla de Amiens. Posiblemente a mas de uno. Cuando acabo la guerra, me prometi que no volveria a matar a nadie. La segunda era que queria interrogar al hombre muerto y averiguar quien le habia encargado que me matase. Le cachee los bolsillos bajo la mirada curiosa de multitud de buitres de los barracones.

Era alto, delgado y algo calvo. Ya habia perdido la dentadura. En el momento de su muerte, su lengua debio de expulsar una de las protesis de la boca, que ahora estaba sobre el labio superior como un bigote rosa de plastico.

Encontre su cartera. El muerto se llamaba Erich Hoppner y era miembro del Partido Nazi desde 1930. El carne del partido decia que tenia el numero 510.934. Nada de eso indicaba que no fuese tambien miembro de la banda de los Guardianes de la Verdad. No era raro que se contratase a gangsteres del hampa berlinesa como sicarios para cometer crimenes politicos. La cuestion era: ?quien habia ordenado mi asesinato? ?Los Guardianes de la Verdad por lo que le hice a Ricci Kamm, o los nazis por lo que no hice por Josef Goebbels?

Cogi la cartera de Hoppner -y su rifle, su reloj y su anillo y deje alli el cadaver. Los buitres ya le estaban quitando la dentadura postiza cuando sali del Ochsenhof La dentadura postiza era un articulo de lujo para la clase de gente que vivia en la Parrilla.

El suboficial de policia a cargo del destacamento de la Schupo en Bulow Platz nego haber recibido el mensaje del nino para que acudiese en mi ayuda. Le dije que reuniese a algunos de sus hombres y montase guardia junto al cuerpo de Hoppner antes de que lo devorasen. Algo renuente, accedio.

Volvi a Alex. Primero me pase por el registro del cuerpo de inspectores J, donde el secretario criminal de guardia me ayudo a descubrir que Erich Hoppner no tenia antecedentes penales, cosa que me sorprendio sobremanera. Luego subi al piso superior y entregue el carne del partido de Hoppner a los chicos de la Politica del D1a. Naturalmente, tampoco les sonaba de nada. Luego me sente a mecanografiar un informe y se lo di a Gennat. Despues de entregarlo, Gennat y dos consejeros de policia, Gnade y Pischmann me tomaron declaracion en una sala de interrogatorios y la archivaron para su comparacion posterior con las investigaciones de un equipo de homicidios independiente. Luego hubo mas papeleo. Y volvieron a interrogarme; esta vez se encargo el KOK Muller, que dirigia el equipo de homicidios.

– Parece que le hicieron trotar bastante -Observo Muller-. ?Y no volvio a ver a la chica del vestido verde?

– No. Y despues del tiroteo, no me parecio muy sensato seguir buscandola.

– ?Y al chico? Emil. El que le dio el terron de azucar.

Negue con la cabeza.

Muller era un tipo alto con mucho pelo, pero todo concentrado en los lados de la cabeza, sin nada en la coronilla, como si su cuerpo hubiera traspasado la mata de pelo igual que un ficus.

– Por lo que parece, le tenian tomada la medida bastante bien -dijo-. Solo les falto escribir con tiza la letra M en el abrigo del muerto. Como en esa pelicula de Peter Lorre. En la pelicula, el chaval es el que avisa al poli de que anda Lorre por ahi.

– No la he visto.

– Deberia salir mas.

– Si, seguramente voy a comprarme un caballo.

– Para disfrutar de las vistas.

– Ya las he visto bastante. Ademas, creo que veo demasiado. A este paso, va a ser poco saludable ser poli con buena vista en este pais. O eso me dice la gente, al menos.

– Hablas como si los nazis fueran a ganar las elecciones, Bernie.

– . Quiero pensar que no. Y me preocupa que las ganen. Pero tengo siete panes y cinco peces que me dicen que la Republica necesita algo mas que un golpe de suerte esta vez. Si no fuera poli creeria en los milagros. Pero lo soy y no creo. En este trabajo uno se encuentra con tipos perezosos, estupidos, crueles e indiferentes. Por desgracia, eso es lo que se denomina electorado.

Muller asintio. Era del SPD como yo.

– Oye, ?te has enterado? ?Lo de Joey Pezunapartida? -dijo Muller-. Han entrado en el apartamento de su nueva esposa, Magda. Y le han limpiado las joyas. Muller sonreia- No doy credito.

– ?Credito? Al que haya hecho eso deberian darle la medalla al merito militar.

Necesitaba una copa, compania femenina y tal vez otro empleo. Y acabe en el mejor sitio para obtener las tres cosas. El Hotel Adlon. En el interior del suntuoso vestibulo busque a Frieda. En cambio me encontre con Louis Adlon, que vestia un frac con corbata blanca y un clavel blanco a juego con su bigote en la solapa. No era alto, pero si todo un caballero.

– Comisario Gunther -me dijo-. Cuanto me alegro de verle. Pensara que he sido muy grosero por no escribirle para agradecerle el modo en que trato a aquel maton. Esperaba verlo para darle las gracias personalmente. - Senalo el bar-. ?Dispone de un minuto?

– Mas de uno.

En el bar del Adlon hicimos senas al camarero, que ya venia de camino como un pequeno tren expreso.

– Aguardiente para el comisario Gunther -dijo-. El mejor.

Nos sentamos. El bar estaba tranquilo. El viejo sirvio dos chupitos hasta el borde y brindo conmigo en silencio.

– Hay una vieja maldicion confuciana que dice: «Ojala vivas tiempos interesantes». Yo diria que estos son tiempos muy interesantes, ?no cree?

– Si, senor, ya lo creo -dije con una sonrisa.

– Por lo tanto, quiero que sepa que siempre habra trabajo para usted en esta casa.

– Gracias, senor. Es posible que le tome la palabra.

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