cogio un cigarrillo y se lo encendi. Fue otra excusa para prestar atencion a su gran boca sensual. A veces creo que por eso los hombres inventaron el acto de fumar.

– Me llamo Anna Yagubsky -me dijo-. Vivo con mis padres en Belgrano. Mi padre era musico en la orquesta del Teatro Colon. Mi madre vende ceramica inglesa en una tienda de Bartolome Mitre. Los dos son inmigrantes rusos. Llegaron aqui antes de la Revolucion, escapando del zar y sus pogromos.

– ?Habla ruso, Anna?

– Si, con soltura. ?Por que?

– Porque yo hablo mejor ruso que espanol.

Sonrio timidamente y nos pasamos al ruso.

– Soy letrado -explico-. Trabajo en una oficina junto a los juzgados de la calle Talcahuano. Una persona, un amigo mio de la policia, da igual como se llame, me hablo de usted, senor Hausner. Me dijo que antes de la guerra usted era un famoso detective en Berlin.

– Es cierto. -No me parecio muy ventajoso llevarle la contraria. Nada ventajoso. Tenia interes en que me viese con buenos ojos, maxime cuando ni yo mismo me veia con buenos ojos cada vez que me miraba en el espejo. Y no me refiero solo a mi aspecto fisico. Todavia no habia perdido el pelo. Y no era todo canas. Pero mi cara ya no era la de antes y mi barriga era mucho mas grande que nunca. Cuando me despertaba por las mananas estaba tieso, pero justo donde no debia ni por los motivos mas deseables. Y tenia cancer de tiroides. Aparte de eso, estaba hecho un dandi estupendo.

– Que era un famoso detective y que ahora trabaja para la policia secreta.

– No seria buen policia secreto si reconociese que eso es cierto, ?verdad?

– No, supongo que no -dijo la mujer-. De todos modos, trabaja alli, ?verdad?

Desplegue mi sonrisa mas enigmatica, la que no mostraba mi dentadura.

– ?Que puedo hacer por usted, senorita Yagubsky?

– Por favor, Ilameme Anna, Por si no lo ha adivinado todavia, soy judia. Es una parte importante de mi vida.

– Ya me lo figure cuando menciono los pogromos.

– Mis tios se trasladaron de Rusia a Alemania. Lograron sobrevivir a la guerra y vinieron a Sudamerica en 1945. Pero los judios no eran bienvenidos en Argentina, a pesar de que ya habia muchos que residian aqui. Mire, este es un pais fascista y antisemitico. Y hasta hace muy poco existia una directiva secreta del gobierno llamada Directiva 11 que denegaba visados de entrada a todos los judios, incluso a los que ya tenian familia aqui, como mis tios. Pero, como muchos otros judios que querian vivir aqui, lograron entrar en Paraguay. Y desde alli, al final, lograron pasar la frontera y entrar ilegalmente en el pais. Durante un tiempo vivieron discretamente en una pequena ciudad llamada Colon, en la provincia de Entre Rios, al norte de Buenos Aires. De vez en cuando mi padre se acercaba por alli a verlos y les llevaba dinero, ropa, comida, todo lo que podia conseguir. Y ellos esperaban una oportunidad para trasladarse a Buenos Aires.

»Un dia, hace tres anos, desaparecieron. Mi padre fue a Colon y no estaban. Los vecinos ignoraban su paradero o, si lo sabian, se lo ocultaron. Y, como eran ilegales, mi padre no podia preguntar por ellos en la policia. Desde entonces no hemos vuelto a saber nada de mis tios. Nada de nada. Por motivos evidentes, mis padres son reacios a investigar lo que ha pasado, para no meterse en lios. Aunque se haya suspendido la Directiva, este pais sigue siendo una dictadura militar y a veces detienen y encarcelan a la gente, a la gente de la oposicion, y no se la vuelve a ver nunca mas. Asi que no tenemos idea de si mis tios estan vivos o muertos. Lo que sabemos es que no son los unicos judios ilegales que han desaparecido. Me han dicho que otras dos familias judias han perdido a sus parientes en Argentina, pero nadie sabe nada con seguridad. -Se encogio de hombros-. Luego me hablaron de usted. Me dijeron que investigo casos de desapariciones en Alemania antes de la guerra. Y bueno, me parecia mas que probable que algunas de esas personas desaparecidas fuesen tambien judias. Y pense que usted podria ayudarnos. No le pido mucho. En su posicion puede enterarse de algo. Algo que arroje luz sobre lo que les ocurrio.

– ?No pueden contratar a un detective privado? -sugeri-. O a un policia jubilado, quiza.

– Ya lo intentamos -dijo-. Los policias no son muy honrados, senor Hausner. Nos robaron todos nuestros ahorros y no nos dijeron nada.

– Me gustaria ayudarla, senorita. -Hice un gesto de contrariedad-. Pero no se que puedo hacer. La verdad es que no lo se. No sabria por donde empezar. No conozco mucho este pais, todavia estoy aprendiendo la lengua. Estoy intentando asentarme e integrarme aqui. Seria un despilfarro de dinero para usted. De verdad.

– Tal vez no me he explicado bien. No le estoy ofreciendo ninguna remuneracion, senor. El poco dinero que me sobra es para el sustento de mis padres. Mi padre ya no toca mucho. Antes daba clases de musica pero no tiene la paciencia necesaria. Mi madre trabaja como dependienta en una tienda. No le pagan bien. Lo cierto es que esperaba que me ayudase por su buen corazon.

– Entiendo.

Nunca me habia visto en una situacion asi. Me pedian que trabajase a cambio de nada. En una situacion normal, la habria mandado a paseo. Pero ella no era una persona normal. Entre las muchas cosas que admiraba en ella, ahora tenia que anadir su desparpajo. Sin embargo, parecia que no habia acabado de contarme lo que estaba dispuesta a ofrecerme en vez de dinero. Se sonrojo un poco cuando me dijo lo que era.

– Me imagino que le costara bastante asentarse y construir una nueva vida en este pais-me dijo-. Lleva tiempo adaptarse. Hacer nuevos amigos. Como comprendera, por ser hija de inmigrantes comprendo las dificultades que se le plantean. -Respiro profundamente-. De todos modos, estaba pensando que, como no puedo pagarle, tal vez… tal vez pueda ser su amiga.

– Caramba, esto si que es bueno -dije.

– No me malinterprete. No estoy sugiriendo otra cosa. No, pensaba que podriamos salir al teatro, por ejemplo. Podria ensenarle la ciudad, presentarle a algunas personas. De vez en cuando podria invitarle a cenar. La verdad es que soy muy buena compania.

– No lo dudo.

– En cierto sentido, nos ayudariamos mutuamente.

– Si, ya veo por que lo dice.

Si no hubiera sido tan guapa, es posible que no hubiera aceptado. Tambien hay que tener en cuenta que era judia. No me habia olvidado de la Ucrania de 1941. Y la culpa que sentia respecto del pueblo judio. No queria ayudar a Anna Yagubsky, pero de alguna manera sentia que era mi deber.

– De acuerdo, la ayudare. -Tartamudeando un poco, anadi-: Es decir, hare lo que este en mi mano. No le prometo nada, como comprendera. Pero intentare ayudarla. Me bastaria con alguna comida casera de vez en cuando.

– Amigos -dijo la chica, y nos dimos la mano.

– En realidad, es usted la primera amiga que hago desde que llegue a este pais. Ademas, me gustaria hacer algo noble, por una vez.

– ?Oh? ?Por que lo dice? Tengo curiosidad.

– Pues sera mejor que no la tenga. No nos conviene a ninguno de los dos.

– Lo que dice me hace pensar que quiere hacer algo noble para expiar algo que hizo. Algo no tan noble, quiza.

– Mi trabajo es asi. De todos modos, debo advertirle algo: no me pregunte nunca por ello. Es una de mis condiciones, Anna. No me pregunte nunca por ello. ?De acuerdo?

Asintio.

– ?Me lo promete? -insisti.

– Si, se lo prometo.

– De acuerdo. Y digame: ?como me encontro?

– Ya se lo dije. Tengo un amigo en la policia. De hecho, es el mismo poli cabrito que nos robo todos nuestros ahorros, pero se siente culpable por ello y quiere ayudarme. Por desgracia se ha gastado todo el dinero. En el juego. Fue el quien me dijo que usted estaba en el pais. No era muy dificil, creo. Esta en su misma cedula. Solo tuve que buscar. Fui a su hotel y lo segui hasta aqui.

– Cuanto menos sepa ese poli sobre lo que hago, mejor, en lo que a mi respecta.

Asintio y bebio un sorbo de cafe.

– ?Como se apellidan sus tios? -pregunte.

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