– No, senor. Gracias a usted. Tal vez le interese saber que su superior, el doctor Weiss, habla muy bien de usted.
– No sabia que se conociesen, Herr Adlon.
– Somos viejos amigos. El fue quien me llevo a sospechar que la policia puede cambiar pronto de una manera inimaginable. Por ese motivo me he tomado la libertad de hacerle una oferta como esta. La mayor parte de los detectives de la casa son, como sabe, policias retirados. El incidente del bar me demostro que algunos ya no estan en condiciones de dedicarse a esto.
Degustamos el magnifico aguardiente durante un rato. Despues el senor Adlon se fue a cenar con su esposa y unos americanos ricos, y yo me fui a buscar a Frieda. La encontre en el segundo piso, en un pasillo que conducia a una ampliacion del hotel en Wihelmstrasse. Llevaba un traje de noche muy elegante de color negro. Pero no por mucho tiempo. Las habitaciones mas pequenas y menos caras estaban en esa planta. Tenian vistas a la Puerta de Brandemburgo y, detras de esta, a la Columna de la Victoria de Konigsplatz, Pero yo disfrute de las mejores vistas. Y sin necesidad de asomarme por la ventana.
Intentaba evitar a Arthur Nebe. No me costo mucho mientras estuve revisando la lista de sospechosos que habia elaborado por medio del Directorio del Diablo, pero siempre era mas dificil cuando me encontraba en Alex. Aun asi, Nebe no era de esos polis que salen mucho del despacho. Hacia casi toda su labor detectivesca por telefono y, durante cierto tiempo, como no atendia mis llamadas, logre no hablar con el en absoluto. Pero sabia que aquello no podia durar mucho, y, dos dias despues del tiroteo, al fin me tope con el en el hueco de la escalera al salir de los banos.
– ?Que es esto? -dijo Nebe-. ?Te han vuelto a disparar? -Metio los dedos en unos viejos orificios de bala de las paredes de la escalera. Los dos sabiamos que llevaban ahi desde 1919, cuando los Freikorps tomaron por la fuerza el edificio de Alex ocupado por los espartaquistas de izquierdas. Era un motivo muy aleman-. Si no te andas con cuidado, te vas a pasar muerto el resto de tu vida. -Sonrio-.Bueno, ?que ha pasado?
– No ha pasado nada. Al menos en esta ciudad. Un maton nazi me disparo un tiro al azar, eso es todo.
– ?Y sabes por que?
– Supuse que porque no soy nazi -respondi- Pero a lo mejor me lo puedes decir tu.
– Erich Hoppner. Si. Comprobe su nombre. No parece un caso muy politico, ahora que lo dices.
– ?Como lo sabes?
– Tu no eres del KPD. Y el no era de las SA.
– Pero era miembro del Partido Nazi.
– El partido tiene infinidad de miembros, Bernie. Por si no lo sabias. Segun el ultimo recuento, hay once millones y medio de personas que votaron al partido. No, yo creo que guarda mas relacion con lo que ocurrio con Ricci Kamm. La Parrilla esta en pleno territorio de los Guardianes de la Verdad. Al entrar alli, estabas pidiendo a gritos el meterte en algun follon.
– En aquel momento, tuve la peregrina idea de que podia impedirlo. El follon, quiero decir. Es la palabra que usamos los polis cuando asesinan a una persona de verdad. No a un maton con ideologia.
– A proposito -dijo Nebe-, y entre tu y yo. A mi no me caen muy bien los nazis. Pero los comunistas me caen aun peor. A mi modo de ver, habra que elegir entre los nazis y los rojos.
– Digas lo que digas, Arthur, lo unico que se es que los rojos no me han amenazado, ni me han pedido que dejara el caso Schwartz para no herir los sentimientos de Josef Goebbels, por su pie malo. Fueron los nazis los que me amenazaron.
– ?Ah, si? ?Quien, en concreto?
– Rudolf Diels.
– Es el hombre fuerte del gordo Hermann, no de Joey,
– Para mi son igual de cabrones, Arthur.
– ?Hay algo mas que quieras decirme? Me refiero al caso Schwartz. ?Que tal va?
– Las investigaciones de los crimenes son asi, Arthur -dije con una sonrisa amarga-. A veces tiene que ocurrir lo peor para que podamos esperar lo mejor.
– ?Te refieres a otro asesinato?
Asenti.
– Entiendo -dijo Nebe tras unos instantes de silencio-. Lo entiende cualquiera. Hasta lo entiendes tu.
– ?Yo? ?Que quieres decir, Arthur?
– A veces tiene que ocurrir lo peor para que puedas esperar lo peor. Precisamente por eso, la gente va a votar a los nazis.
Cuando levanto la vista de la maquina de escribir, Heinrich Grund apenas ocultaba su malestar.
– Un judio te esta buscando -me dijo, mientras volvia a mi mesa.
– ?En serio? ?Tenia nombre ese judio?
– Comisario Paul Herzefelde. De Munich. -Pronuncio el nombre Paul Herzefelde con un gesto despectivo en el labio y la nariz arrugada, como si describiese algun objeto pegado en la suela de su zapato.
– ?Y donde esta el comisario?
– En el Excelsior -dijo Grund, senalando hacia arriba.
El edificio de Alex habia sido el cuartel de la policia prusiana y el Excelsior era como denominaban los polis una parte del edificio que existia todavia para albergar a los policias que trabajaban hasta altas horas o venian de visita a Berlin desde otras localidades.
– No les gusta -dijo Grund.
– ?Que es lo que no les gusta? ?Ya quien?
– A los demas muchachos del Excelsior. No les gustara tener que compartir habitacion con un judio.
– ?No te duele nunca la boca? -dije, con un gesto cansino de contrariedad-. ?Teniendo en cuenta las cosas repugnantes que salen de ella? El hombre es un colega agente de policia, por el amor de Dios.
– ?Por el amor de Dios? -Grund se mostro esceptico-. Por el amor de Dios, eso le trae sin cuidado a la gente como el. Ese es el quid de la cuestion, ?no? Los judios no estarian en el aprieto en que estan ahora, si hubieran reconocido a nuestro Dios como lo que es.
– ?Heinrich? Eres de esa clase de polis corruptos que dan mala fama a los polis corruptos. -Me vino a la cabeza algo que habia dicho Nebe, y se lo tome prestado-. No me caen muy bien los judios. Pero los antisemitas me caen aun peor.
Subi a reunirme con Herzefelde. Despues del fanatismo de Heinrich Grund, no se que clase de hombre esperaba encontrarme. No era que esperase ver a un poli con una filacteria atada a la frente y un manto de oracion sobre los hombros. Pero Paul Herzefelde no era lo que esperaba. Supongo que pense que tendria cierta semejanza con Izzy Weiss. Pero no, se parecia mas a una estrella de cine. Era un hombre apuesto, de mas de uno ochenta de estatura, con el pelo gris e hirsuto, y cejas gruesas oscuras. Esta cara de facciones duras, morena y lustrosa, parecia tallada con un cortador de diamante. Paul Herzefelde tenia tanto en comun con el tipo de judio gordo de tez morena con casquete y faldones, tan querido por los caricaturistas nazis, como Hitler con Paul von Hindenburg.
– ?Es usted el comisario Herzefelde?
El hombre asintio.
– ?Y usted quien es? -pregunto.
– Soy el comisario Gunther. Bienvenido a Berlin.
– No tanto, por lo que he podido ver.
– Lo siento.
– Olvidelo. A decir verdad, Munich es un infierno mucho peor.
– Entonces, me alegro de no vivir en Munich.
– Tiene sus cosas buenas. Sobre todo si le gusta la cerveza.
– La cerveza es bastante buena en Berlin, tambien, ?sabe?
– Nunca lo diria.
– ?Que le parece si vamos a tomar una y lo comprueba?
– Pense que no me lo iba a pedir.
Fuimos al Zum Pralaten, en los soportales de la estacion S-Bahn. Era un buen lugar para tomarse una cerveza, muy frecuentado por policias de Alex. Cada diez minutos pasaba un tren por encima y, dado que no tenia sentido decir nada mientras eso sucedia, la boca podia tomarse un descanso y concentrarse en la cerveza.
