Berlin.
– El coronel Poten es el nuevo jefe de la policia uniformada de Berlin. Creo que era director de la academia de policia de Eichen. Todas las fuerzas de seguridad prusianas ahora estan directamente subordinadas al ejercito. - Wowereit se permitio un leve atisbo de sonrisa-. Supongo que eso le incumbe tambien a usted. Por el momento.
– La policia de Berlin no lo soportara -dije-. Weiss no era muy popular, es cierto. Pero Magnus Heimannsberg es otra historia. Es muy popular entre la tropa.
– ?Y que remedio les queda? Creer que el ejercito no empleara la fuerza para acallar la resistencia es de ilusos. -Se encogio de hombros-. Pero todo esto no nos preocupa demasiado aqui en Munich, en este momento, y tiene poca relevancia en el caso que tenemos entre manos. A saber, el suyo. El informe que enviamos a sus superiores describe en detalle lo que creemos que sucedio. Sin duda prestara declaracion ante sus superiores al llegar a Berlin y les contara su propia version.
– Puede estar seguro.
– Una tormenta en un vaso de agua, ?no cree? En comparacion con lo que ha ocurrido. Politicamente hablando.
– Eso es facil de decir para usted. A usted no le han pegado una paliza ni lo han arrojado a una mazmorra durante dias. Y tal vez ha olvidado el motivo de la pelea. Un agente de policia asesinado fue difamado por uno de sus colegas. Me pregunto si eso consta en su maldito informe.
– Ahora Alemania es para los alemanes -dijo Wowereit-. No para un punado de inmigrantes que solo estan aqui para apanar lo que puedan. Y ese estupido golpe de estado de Berlin no resolvera nada. Es el ultimo acto desesperado de una Republica que intenta impedir lo inevitable: la eleccion de un gobierno nacionalsocialista el 31 de julio. Von Papen espera demostrar que es lo suficientemente fuerte para impedir que Alemania se hunda en el desastre que han montado los judios y los comunistas. Pero todo el mundo sabe que solo hay un hombre capaz de afrontar tan historica tarea.
Le dije que esperaba que se equivocase. Lo dije en voz baja y de forma educada. San Agustin probablemente lo habria aprobado. Habria mucho que decir sobre lo de poner la otra mejilla cuando uno ya ha recibido una dura paliza. Y permanece con vida. Y consigue regresar a Berlin. Yo solo esperaba reconocer la ciudad al llegar alli.
Encontre al Tercer Ejercito por todo Berlin. Coches blindados frente a todos los edificios publicos y secciones de soldados disfrutando del sol de julio en los parques mas importantes. Era como si el reloj hubiera retrocedido a 1920. Pero parecia poco probable que los obreros de Berlin organizasen esta vez una huelga general para derrotar este peculiar golpe de estado. Solo dentro de Alex se percibia algun afan de resistencia. El mayor de policia Walter Encke, que vivia en el mismo edificio de apartamentos que el comandante Heimannsberg y era buen amigo suyo, constituia el nucleo del contragolpe. No obstante, Alex estaba plagada de espias nazis, y el plan de Encke de utilizar brigadas antidisturbios de la Schupo, para detener a todos los nazis de la policia de Berlin, se quedo en agua de borrajas cuando empezo a circular el rumor de que el y Heimannsberg eran amantes. Posteriormente se demostro que el rumor era infundado, pero para entonces ya era tarde. Temiendo la perdida de su reputacion como policia y como hombre, Encke escribio e hizo circular una carta en la que condenaba toda idea de contragolpe con brigadas antidisturbios y aseguraba al ejercito su lealtad «como ex agente del ejercito imperial». Entretanto, no menos de dieciseis agentes del Kripo, entre los cuales se contaban cuatro comisarios, denunciaron a Bernhard Weiss por presuntas faltas en el ejercicio de su cargo. Y lo emplazaron a presentarse en el despacho del nuevo director de la policia de Berlin, el doctor Kurt Melcher.
Melcher era un estrecho colaborador del doctor Franz Bracht, el ex alcalde de Essen y ahora subcomisario del Reich del gobierno prusiano. Melcher era un abogado de Dortmund, autor de una conocida pero ampulosa historia de la policia prusiana, circunstancia que hizo tanto mas asombroso lo que vino despues. Ernst Gennat estuvo presente en mi reunion con el nuevo director de la policia, al igual que el subdirector, Johann Mosle. Pero fue Melcher, de cincuenta y cuatro anos, el que hablo casi todo el tiempo. Aquel hombre, a todas luces irascible, no se anduvo con rodeos y fue directo al grano, con la ayuda de un dedo indice acusador, manchado de nicotina.
– No quiero que los agentes del cuerpo de policia de Berlin se peleen con otros policias. ?Esta claro?
– Si, senor.
– Seguro que tiene una buena explicacion, pero no quiero oirla. Las diferencias politicas que existian entre varios agentes se han acabado. Deben suspenderse todos los procedimientos disciplinarios contra los agentes con afiliaciones nazis, y debe levantarse de inmediato la prohibicion de pertenencia al partido nazi impuesta a los agentes al servicio del estado prusiano. Si no le parecen bien estos cambios, entonces no hay lugar para usted en este cuerpo, Gunther.
Estaba a punto de decir que habia vivido y colaborado con hombres que eran abiertamente nazis durante cierto tiempo. Pero entonces vi el gesto de Gennat, que cerro los ojos y, casi imperceptiblemente, nego con la cabeza como si me aconsejase silencio.
– Si, senor.
– Hay un enemigo mucho mayor que el nazismo en este pais. Y sobre todo en esta ciudad. El bolchevismo y la inmoralidad. Vamos a perseguir a los comunistas. Y vamos a tomar medidas energicas contra toda clase de vicio. Se van a clausurar los espectaculos carnales. Y las putas seran expulsadas de nuestras calles.
– Si, senor.
– Y eso no es todo. El Kripo va a funcionar mas como un equipo. No habra mas detectives estrella dando conferencias de prensa y aireando sus nombres en los periodicos.
– ?Y los agentes de policia que escriban libros, senor? -pregunte-. ?Lo van a permitir? Siempre he querido escribir un libro.
Melcher sonrio de oreja a oreja como un sapo y se inclino hacia delante como si quisiera ver mas de cerca cierta clase de crio repugnante.
– Ya se ve como se hizo esos cardenales en la cara, Gunther. Tiene mucha labia. No me gustan los detectives que se pasan de listos.
– Desde luego no tiene sentido emplear a detectives estupidos, senor.
– Hay listos y listos, Gunther. Y luego estan los inteligentes. El poli inteligente sabe distinguir. Sabe cuando tiene que cerrar el pico y escuchar. Sabe dejar de lado la politica personal y centrarse en el trabajo que tiene entre manos. No estoy muy seguro de que usted sepa hacer eso, Gunther. Si no, no se como acabo pasandose tres dias y tres noches en un calabozo de la policia de Munich. ?Que cojones estaba haciendo alli?
– Fui alli por invitacion de un agente de policia hermano. Para consultar los expedientes de un crimen que guardaba relacion con el caso que estoy investigando. El caso de Anita Schwartz. Hay algunas similitudes sorprendentes entre este crimen y otro que habian investigado alli en Munich. Tenia la esperanza de encontrar alguna pista nueva. Pero al llegar a Munich descubri que este agente de policia, el comisario Herzefelde, judio, habia sido asesinado.
Emplee la palabra «hermano» con enfasis, intentando provocar en Melcher alguna clase de reaccion antisemitica. No habia olvidado a Izzy Weiss ni las mentiras que se decian ahora sobre mi antiguo jefe y amigo.
– De acuerdo. ?Y que averiguo?
– Nada. Las notas del comisario Herzefelde sobre el caso habian quedado bajo el control de-los detectives que ahora investigaban su asesinato. Por lo tanto, no pude hacer lo que pretendia, senor.
– Y por tanto, pago su frustracion con un agente colega.
– No fue asi en absoluto, senor. El sargento en cuestion…
Melcher hizo un gesto negativo con la cabeza.
– Le he dicho que no quiero oir su explicacion, Gunther. No hay excusa que valga para quien pega a otro agente. -Miro a Mosle un instante.
– No hay excusa que valga -repitio el subdirector.
– Bueno, ?y hasta donde ha llegado en este caso?
– Senor, creo que nuestro asesino puede ser de Munich. Algo lo trajo a Berlin. Un tratamiento medico, quiza. Creo que se estaba tratando una enfermedad venerea. Un nuevo tratamiento que se esta investigando en la ciudad. De todos modos, cuando llego aqui, conocio a Anita Schwartz. Posiblemente fue cliente suyo. Parece que la chica era prostituta ocasional.
– Que disparate -dijo Melcher-. Un hombre con una enfermedad venerea no suele mantener relaciones
