anos despues, volvi a Alex a peticion del general Heydrich.
En el archivador estaba todo. Mis notas, mis informes, mi agenda de policia, mis memorandos, el informe forense de Illmann, mi lista inicial de sospechosos. Y mas. Mucho mas. Porque en aquel momento me percate de que la caja no solo contenia los papeles de Anita Schwartz, sino tambien las notas sobre el asesinato de Elizabeth Bremer. Cuando me expulsaron de homicidios, cedieron el caso Schwartz a mi sargento, Heinrich Grund, y el logro que le enviasen desde Munich las notas de Herzefelde. Para mi sorpresa, me encontraba ante el expediente que quise consultar en mi viaje a Munich aquel aciago julio de 1932.
Gran parte de la investigacion de Herzefelde se centro en Walter Pieck, un tipo de Gunzburg de veintidos anos. Pieck era el profesor de patinaje de Elizabeth Bremer en el Prinzregenten Stadium de Munich. En verano trabajaba como monitor de tenis en Ausstellungspark. Tambien era miembro del derechista Stahlhelm y estaba afiliado al Partido Nazi desde 1930. Costaba comprender que podia haber visto un muchacho de veinte anos en una nina de quince. Parecia increible. Al menos, hasta ver la foto de Elizabeth Bremer. Era igualita a Lana Turner y, al igual que Lana, llenaba hasta el ultimo milimetro del sueter que vestia en la fotografia. Los momentos mas felices de mi vida fueron los pocos que pase en el seno familiar. Habrian sido aun mas felices si mi familia hubiera tenido un seno como el de Elizabeth Bremer. Solo habia visto un busto mayor en los museos.
Al leer las notas de Herzefelde sobre el caso, recorde que Pieck declaro, en su momento, que Elizabeth lo habia mandado a paseo la semana anterior a su asesinato, porque lo habia sorprendido leyendo su diario. Para Elizabeth aquello fue un pecado imperdonable. La verdad es que su enfado me parecia comprensible: a lo largo de los anos he leido unos cuantos diarios personales y no siempre para bien. Poco satisfecho con esta explicacion, Grund cogio el diario y observo que Elizabeth tenia la costumbre de anotar su periodo menstrual con la letra griega omega. En las semanas anteriores al asesinato, una sigma reemplazo a la omega en el diario de Elizabeth Bremer, lo que indujo a Grund a suponer que tal vez estaba embarazada. Grund interrogo a Pieck y concluyo que el presunto embarazo era el verdadero motivo por el que adquirio la costumbre de leer el diario de su novia; y que Pieck habia intentado procurarle a Elizabeth un aborto ilegal. Sin embargo, despues de varios dias de interrogatorio, Pieck lo nego rotundamente. Es mas, Pieck tenia una solida coartada en la forma de su padre, que casualmente era jefe de policia de Gunzburg, a cientos de kilometros de Berlin.
Ni el medico ni ninguna companera de Elizabeth estaban informados sobre el embarazo. Pero Grund observo que Elizabeth habia heredado un dinero por el testamento de su abuelo y lo utilizo para abrir una cuenta de ahorros; la vispera de su muerte habia retirado casi la mitad de este dinero, pero no aparecio nada en su cuerpo. Y Grund coligio que, aunque Pieck no le hubiera procurado un aborto, Elizabeth -que al parecer era una chica de recursos y muy capaz- lo hizo por su cuenta. Y que Anita Schwartz probablemente hizo lo mismo. Y que estos abortos fueron una chapuza. Y que el abortista ilegal intento ocultar sus huellas simulando que las muertes accidentales habian sido asesinatos.
No podia discrepar mucho de las conclusiones de Grund. Sin embargo, nunca detuvieron a nadie por los crimenes. Se agotaron las pistas y, con posterioridad a 1933, solo se anadieron dos notas al expediente. Una era de 1934: Walter Pieck ingreso en las SS y paso a ser guardia en el campo de concentracion de Dachau. La otra guardaba relacion con el padre de Anita Schwartz, Otto.
Despues de ingresar en la policia de Berlin en 1933, como ayudante de Kurt Daluege, Otto Schwartz fue nombrado juez.
Me levante de la mesa y me acerque a la ventana. Habia luces encendidas en el Ministerio de Finanzas. Probablemente intentaban solventar la rampante inflacion argentina. a quiza se quedaban trabajando hasta tarde para decidir de donde iban a sacar el dinero para las joyas de Evita. En la calle habia mucho ajetreo. Por algun motivo, la gente hacia cola delante del Ministerio de Trabajo y habia mucho trafico. Siempre habia trafico en Buenos Aires: taxis, trolebuses, microbuses, coches americanos y furgonetas, como ideas inconexas en un cerebro de detective. Debajo de mi ventana todo el trafico circulaba en la misma direccion. Al igual que mis pensamientos. Me dije que quiza empezaba a entenderlo todo, mas o menos.
Anita Schwartz debio de quedarse embarazada y Herr y Frau Schwartz, temiendo el escandalo que se desataria si se descubria la prostitucion ocasional de su hija discapacitada, pagaron al curandero de Munich para que le practicase un aborto. Probablemente por eso llevaba tanto dinero en el bolsillo. Pero el aborto salio mal y, ansioso por ocultar su crimen, el curandero intento que la muerte pareciese un crimen lascivo. Al igual que habia hecho en Munich. Al fin y al cabo, era mejor para el que la policia buscase a cierta clase de asesino sexual trastornado que a un medico incompetente. Muchas mujeres habian muerto a manos de los abortistas ilegales. Por algo llamaban «fabricantes de angeles» a los abortistas clandestinos. Recorde el caso de un hombre en la decada de 1920, un dentista de la ciudad bavara de Ulm, que estrangulo a varias mujeres embarazadas para tener relaciones sexuales con ellas, cuando se suponia que debia practicarles un aborto.
Cuanto mas lo pensaba, mas me gustaba mi solucion. El hombre que buscaba era medico, o cierto tipo de curandero, con toda probabilidad de Munich. Mi primera idea fue el medico de la sifilis, Kassner, hasta que recorde su coartada: el dia de la muerte de Anita Schwartz estaba en un congreso de urologia en Hanover. y luego me acorde del joven amigo de su ex mujer, aquel tipo de aire agitanado que se marcho en el Opel pequeno sin capota, con matricula de Munich. Beppo. Asi se llamaba. Nombre extrano para ser aleman. Kassner me dijo que era estudiante de la Universidad de Munich. Estudiante de medicina, seguramente. ?Pero cuantos estudiantes podian permitirse un Opel nuevo? A no ser que tuviese ingresos adicionales con la practica del aborto ilegal.
Acaso en el mismo apartamento de Kassner durante su ausencia. y si, como muchos estudiantes que viajaban a Berlin para conocer la famosa vida nocturna berlinesa, este Beppo hubiese contraido una enfermedad venerea, ?quien mejor que Kassner para ayudarle con un tratamiento de Protonsil, la nueva Bala Magica? Esto habria explicado por que figuraba la propia direccion de Kassner en la lista de sospechosos que elabore, utilizando el Directorio del Diablo del Kripo y la lista de pacientes copiada en la consulta de Kassner. Asi pues, Beppo. El hombre que conoci en el portal de Kassner. ?Por que no? En tal caso, si se encontraba en Argentina, no me costaria mucho reconocerlo. Desde luego, si estaba en Argentina, significaba que habia cometido algun acto criminal y huia de Alemania. Algo turbio en las SS, quiza. No parecia el tipo ideal de las SS. Al menos en 1932. Por aquel entonces les gustaban los tipos de raza aria, rubios y de ojos azules, como Heydrich. Como yo. Beppo no era asi, desde luego.
Intente recordar su imagen. Estatura media, apuesto, tez morena. Si, como un gitano. Los nazis odiaban a los gitanos casi tanto como a los judios. Por supuesto, no habria sido la primera persona que hubiera ingresado en las SS sin ser el tipo ario perfecto. Himmler era uno. Eichmann era otro. Pero si Beppo tenia titulacion medica, y era capaz de demostrar que su familia no habia tenido contacto con sangre no aria durante cuatro generaciones, facilmente habria ingresado en el cuerpo medico de la unidad de las Waffen-SS. Decidi preguntar al doctor Vaernet si recordaba a aquel hombre.
– Veo que trabaja hasta tarde. -Era el coronel Montalban.
– Si. Pienso mejor por la noche. Cuando hay silencio.
– Yo, en cambio, soy mas matinal.
– Me sorprende. Pense que le gustaba detener a la gente en mitad de la noche.
– La verdad es que no -respondio con una sonrisa-. Prefiero detener a la gente a primera hora de la manana.
– Lo tendre en cuenta.
Se acerco a la ventana y senalo la cola de personas que habia delante del Ministerio de Trabajo.
– ?Ve aquella gente? ?En la acera de enfrente, en Irigoyen? Estan ahi para ver a Evita.
– Ya me parecia que era un poco tarde para buscar empleo.
– Se pasa parte de la tarde y la mitad de la noche ahi -dijo-. Entregando dinero y haciendo favores a los pobres y enfermos y sin techo del pais.
– Muy noble por su parte. Y, en un ano electoral, muy pragmatico tambien.
– No lo hace por eso. Usted es aleman. Ya me imaginaba que no lo comprenderia. ?Son los nazis los que le hicieron tan cinico?
– No, soy cinico desde marzo de 1915.
– ?Que ocurrio?
– La Segunda Batalla de Ypres.
– Ah, claro.
– A veces pienso que, si hubieramos ganado entonces, habriamos ganado la guerra, lo cual habria sido mucho mejor a la larga. Los britanicos y los alemanes habrian llegado a un acuerdo de paz, y Hitler habria
