encaminamos hacia el este, a traves de una doble fila de trolebuses aparcados, y llegamos a una plaza grande y abierta dominada por una torre de ladrillo rojo con un reloj que acababa de dar la hora. Bajo las acacias, la gente tocaba instrumentos musicales y los amantes se citaban en los bancos. Anna me cogio del brazo. Habria parecido una escena romantica si no nos dispusiesemos a entrar ilegalmente en un edificio publico.

– ?Que sabe sobre el Hotel de Inmigrantes? -le pregunte mientras cruzabamos Eduardo Manero.

– ?Es alli adonde vamos? Me lo barruntaba. -Se encogio de hombros-. Fue un Hotel de Inmigrantes desde mediados del siglo pasado. Mis padres le podrian contar algo mas. Se alojaron alli al principio, cuando llegaron a Argentina. Antiguamente, cualquier inmigrante pobre que llegaba al pais podia alojarse en el hotel de forma gratuita durante cinco dias. Despues, en la decada de 1930, solo acogian a los inmigrantes que no fueran judios. No se cuando lo cerraron exactamente. Lo lei en la prensa el ano pasado, creo.

Nos acercamos a un edificio de cuatro plantas, de color miel, casi tan grande como la estacion de ferrocarriL Como estaba rodeado por una valla, parecia mas una prision Hue un hotel, y pense que aquello probablemente se acercaba mas a su autentico fin, La valla no media mas de un metro ochenta pero estaba coronada por un alambre de espino. Seguimos andando hasta encontrar una verja. Habia un letrero que decia «Prohibida la entrada» y, debajo de el, un enorme candado Eagle que debia de llevar alli desde que se construyo el hoteL

Al ver el enorme cuchillo de gaucho en mi mano, Anna abrio los ojos como platos.

– Esto es lo que pasa por hacer preguntas a quien no quiere responder -dije-. Cierran con llave las respuestas. -Abri el candado.

– ?Uy! -exclamo Anna, estremeciendose.

– Por suerte para mi, usan candados malos que puede abrir hasta una rata con un mondadientes. -Empuje la puerta y entramos en un patio de recepcion cubierto de hierba y jacarandas. Una rafaga de viento trajo hasta mis pies una hoja de periodico. La recogi. Era una pagina de El laborista, un periodicucho pro peronista, con fecha de dos meses antes. Esperaba que aquella fuese la ultima vez que alguien hubiera pisado aquel lugar. Eso parecia, desde luego. No habia luces en ninguna de las mas de cien ventanas, y solo el trafico lejano que circulaba por Eduardo Manero y un tren que entraba en las cocheras perturbaban la quietud del hotel abandonado.

– Esto no me gusta nada -reconocio Anna.

– Pues lo siento -dije-, pero mi castellano no llega para el lenguaje juridico y burocratico que suelen usar en los documentos oficiales. Si encontramos algo, necesitaremos esos preciosos ojos que tienes para leerlo.

– Y yo que pensaba que solo queria compania. -Echo un vistazo alrededor con nerviosismo-. Solo espero que no haya ratas. Ya me llega con las que hay en el trabajo.

– Tranquilicese, haga el favor. Por el aspecto de este lugar, hace tiempo que no viene nadie por aqui.

La puerta principal olia intensamente a pis de gato. Las ventanas de cristal esmerilado estaban cubiertas de telaranas y sal del estuario. Una arana bastante grande se escabullo cuando mis zapatos perturbaron su vaporoso descanso. Force otro candado con el cuchillo grande y empece a descerrajar la cerradura cilindrica de la puerta con el estilete.

– ?Siempre lleva una cuberteria completa en los bolsillos? -pregunto.

– O eso o un juego de llaves -le dije, mientras hurgaba el mecanismo de la cerradura.

– ?Que hacia durante los ensayos del coro? Parece que tiene bastante practica.

– Antes era policia, ?se acuerda? Hacemos todo lo que hacen los criminales, pero por mucho menos dinero. Y en este caso, por ningun dinero en absoluto.

– El dinero es muy importante para usted, por lo que veo.

– Seguramente porque no tengo mucho.

– Bueno, pues en eso ya tenemos algo en comun.

– Tal vez pueda mostrarme su gratitud cuando todo esto acabe.

– Claro. Le escribire una bonita carta en mi mejor cuaderno. ?Que le parece?

– Si ocurre este milagro y encuentra a sus tios, puede escribir al arzobispo local para aportarle pruebas de mi heroica virtud. Es posible que me canonicen dentro de cien anos. San Bernardo. Si lo hicieron una vez, pueden volver a hacerlo. Joder, hasta lo hicieron con un perro pulgoso. Por cierto, ese es mi verdadero nombre. Bernhard Gunther.

– Supongo que usted tiene virtudes muy perrunas -dijo Anna,

Acabe de descerrajar la cerradura.

– Claro. Me encantan los ninos y soy leal a mi familia, cuando la tengo. Pero no me cuelgue un barrilillo.de conac en el cuello, a no ser que quiera que me lo beba.

Intentaba soltar bravuconerias para que no se asustase. A decir verdad, yo estaba tan nervioso como ella. O puede que mas. Cuando uno ha visto tantas personas asesinadas, sabe lo facil que es morir asesinado.

– ?Ha traido las linternas?

Abrio el bolso y saco un faro de bicicleta y una pequena dinamo manual que habia que presionar para que diera luz. Cogi el faro.

– No lo encienda hasta que estemos dentro -le dije. Abri la puerta y asome la boca hacia el interior del hotel. No la boca de mi cara, sino la de mi pistola.

Entramos. Nuestras pisadas resonaban en el suelo de marmol barato, como dos fantasmas que no saben por que parte del edificio prefieren rondar. Habia un fuerte olor a moho y humedad. Encendi el faro, que ilumino un vestibulo de doble altura. No habia nadie. Guarde la pistola.

– ?Que busca? -susurro.

– Cajas. Cajas de embalaje. Archivadores. Cualquier cosa que contenga expedientes de inmigracion. El Ministerio de Relaciones Exteriores decidio depositarlos aqui cuando cerro este lugar.

Ofreci mi mano a Anna, pero la rechazo y se rio.

– Deje de tener miedo a la oscuridad cuando tenia siete anos -dijo-. Ahora hasta consigo meterme sola en la cama.

– Tal vez no deberia -le dije.

– Es una rareza mia, lo se, pero asi me siento mas segura.

Recorrimos el edificio y encontramos cuatro dormitorios colectivos en la planta baja. Uno de ellos todavia conservaba las camas y conte doscientas cincuenta, lo que significa que en tiempos llegaron a alojarse alli hasta cinco mil personas.

– Mis pobres padres -dijo Anna-. No sabia que esto fuera asi.

– No esta tan mal. Creame, el concepto aleman del reasentamiento era mucho peor que esto.

En los banos colectivos situados entre los dormitorios habia dieciseis lavabos cuadrados, cada uno tan grande como la puerta de un coche. Y despues del ultimo bano habia una puerta cerrada con llave. El candado, que era nuevo, me dijo que probablemente estabamos en el sitio que buscabamos. Alguien se habia sentido en la obligacion de asegurar lo que habia al otro lado de la puerta con un candado superior a los de la verja y la puerta principal. Pero, aunque fuera nuevo, aquel candado cedia con identica facilidad al introducir mi cuchillo de gaucho. Empuje la puerta con la suela del zapato e ilumine el interior.

– Creo que hemos encontrado lo que buscamos -le dije, aunque era evidente que el verdadero trabajo acababa de empezar. Habia docenas de archivadores, hasta un centenar, en cinco hileras, una delante de otra, como prietas filas de soldados, de modo que era imposible abrir uno sin mover el que habia delante.

– Vamos a tardar unas cuantas horas -dijo Anna.

– Parece que vamos a pasar la noche juntos, al fin y al cabo.

– Entonces vamos a sacarle el maximo provecho -Anna coloco un faro en el suelo, se dirigio al archivador que encabezaba la primera fila, y senalo al archivador que encabezaba la segunda-. Busque usted en aquel y yo buscare en este.

Sople para quitar el polvo. Un error. Habia demasiado polvo. El aire se lleno de polvo y nos hizo toser. Abri la gaveta superior del archivador y empece a hojear nombres que empezaban con la Z.

– Zhabotinsky, Zhukov, Zinoviev. Esto es la Z. No caera esa breva, pero ?y si el que esta justo detras de este fuese el archivador de la Y? Como Y de Irigoyen, Youngblood y Yagubsky?

Cerre la gaveta y sacamos ese archivador para acceder al que estaba detras. Ya antes de que lo hubiera movido del todo, Anna abrio la gaveta superior del siguiente archivador, Tenia mas fuerza en el brazo de lo que creia. O quiza se entusiasmo tanto que no supo medir sus fuerzas. En cualquier caso, logro sacar completamente el cajon del archivador y lo descargo con un ruido sordo en el suelo de marmol, muy cerca de sus pies y los mios, como una puerta que se cierra en algun pozo profundo del infierno.

Вы читаете Una Llama Misteriosa
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату