permanecido en una merecida oscuridad.
– Luis Irigoyen, que era nuestro presidente, y despues embajador en Alemania, y es el que da nombre a esta calle, estuvo con Hitler en muchas ocasiones y sentia por el una inmensa admiracion. Una vez me dijo que Hitler era el hombre mas fascinante que habia conocido.
Esta mencion de Hitler me recordo a Anna Yagubsky y sus familiares desaparecidos. Y, midiendo mis palabras, intente abordar el tema de los judios argentinos con Montalban.
– ?Por eso Argentina se opuso a la emigracion de judios?
– Eran tiempos muy dificiles -dijo, encogiendose de hombros-. Eran demasiados los que querian venir. No era posible acogerlos a todos. No somos un pais grande como Estados Unidos o Canada.
Resisti la tentacion de recordar al coronel que, segun mi guia de viaje, Argentina era el octavo pais mas grande del mundo. -?Y por eso se aprobo la Directiva 11?
– No es muy recomendable -dijo Montalban entrecerrando los ojos- estar al corriente de la Directiva 11 en Argentina.
?Quien le ha hablado de eso?
– Uno oye cosas.
– Si, ?pero en boca de quien?
– Este es el Servicio de Informaciones de Estado -dije-. No Radio El Mundo. Seria extrano que no se oyesen secretos por aqui. Ademas, mi capacidad para hablar castellano va mejorando.
– Ya veo.
– Hasta me he enterado de que Martin Bormann vive en Argentina.
– Eso es lo que creen los americanos, lo cual es el mejor motivo para saber que no esta aqui. Tenga presente lo que le dije: en Argentina es mejor saberlo todo que saber demasiado.
– Digame, coronel. ?Ha habido mas asesinatos?
– ?Asesinatos?
– Ya sabe. Cuando una persona mata a otra deliberadamente. En este caso, una cria. Como la que me mostro en la sede de la policia. La que perdio el ajuar de boda.
Nego con la cabeza.
– ?Y la chica desaparecida? ?Pabienne van Bader?
– Sigue desaparecida. -Sonrio con tristeza-. Esperaba que la hubiera encontrado ya.
– No. Todavia no. Pero casi he descubierto la verdadera identidad del hombre que mato a Anita Schwartz.
Por un momento se mostro sorprendido.
– La chica que asesinaron en Berlin en 1932. ?Se acuerda? El caso que leyo en los periodicos alemanes cuando yo era todavia su modelo de heroe.
– Ah, si, claro. ?Cree que el hombre esta aqui en Argentina?
– Es pronto para saberlo. Sobre todo porque todavia estoy a la espera de la consulta con el medico del que me hablo. El de Nueva York. El especialista.
– ?El doctor Pack? Precisamente de eso venia a hablarle. Venia a decirle que esta aqui en Buenos Aires. Ha llegado hoy. Podra verle manana, o quiza pasado, dependiendo de…
– De su otra paciente mas importante. Ya, ya. Pero no demasiado. Solo todo. No me olvido.
– Mas le vale. Por su propio bien. -Asintio-. Es usted un hombre interesante, senor. No cabe duda.
– Si, lo se. He tenido una vida interesante.
Deberia haber prestado mas atencion a la advertencia del coronel, pero siempre he sentido debilidad por las caras hermosas. En especial, por las caras tan hermosas como la de Anna Yagubsky.
Mi mesa estaba en la segunda planta. En la planta inferior se encontraba el archivo donde se almacenaban los expedientes de la SIDE. Decidi pasarme por alli al salir. Ya tenia la costumbre de entrar en aquel lugar. Cada vez que entrevistaba a un viejo camarada, anadia a su expediente un informe detallado, donde indicaba quien era y que crimenes habia cometido. Pense que no me jugaria mucho si echaba un vistazo a otros expedientes que no guardaban relacion con aquellos. La unica duda era como iba a conseguirlo.
En Berlin todos los enemigos conocidos y sospechosos del Tercer Reich estaban registrados en el Indice A, situado en la sede de la Gestapo en Prinz Albrechtstrasse. El Indice A, tambien llamado Indice Administrativo, era el sistema de archivo criminal mas moderno del mundo. O eso me decia Heydrich. El Indice comprendia medio millon de fichas sobre personas que la Gestapo consideraba dignas de atencion. Estaba situado en un enorme carro circular de fichas con un motor electrico. Habia un agente capaz de localizar cualquiera de las fichas en menos de un minuto. Heydrich, firme creyente del viejo axioma: saber es poder, lo llamaba la rueda de la fortuna. Heydrich es el que contribuyo mas que nadie a revolucionar la vieja policia politica prusiana e hizo del SD uno de los lugares con mas empleados de toda Alemania. En 1935 mas de seiscientos agentes trabajaban solo en la division berlinesa de antecedentes penales de la Gestapo.
No existia nada tan sofisticado ni tan amplio en Buenos Aires, aunque el sistema funcionaba bastante bien en la Casa Rosada. Una plantilla de veinte agentes trabajaban las veinticuatro horas del dia en cinco turnos de cuatro horas. Habia fichas de politicos de la oposicion, agentes sindicales, comunistas, intelectuales de izquierdas, parlamentarios, oficiales del ejercito rebelde, homosexuales y lideres religiosos. Estos expedientes se almacenaban en estanterias moviles, accionadas por un sistema de ruedas manuales de cierre y referenciadas por nombre y tema en los llamados «libros marrones», una serie de libros de registro encuadernados en piel. El acceso al archivo estaba controlado por un sencillo sistema de signaturas, salvo si el expediente se consideraba sensible, en cuyo caso la entrada en los libros marrones se escribia en rojo.
El oficial jefe de turno se denominaba OR, oficial de registro, y supuestamente se encargaba de supervisar y autorizar la adquisicion y la consulta de todo el material escrito. Yo conocia bastante bien al menos a dos de los ORo Les habia confesado mi trayectoria anterior de policia en Berlin y, para congraciarme con ellos, incluso les habia proporcionado descripciones de la aparente omnisciencia del sistema de archivo de la Gestapo. Gran parte de lo que les dije, no obstante, se basaba en los pocos meses que pase en la division de antecedentes penales del Kripo, despues de que me expulsasen de homicidios, pero otra parte me la invente. No es que los uR captasen la diferencia. Uno de ellos, al que solo conocia como Marcello, queria basarse en el sistema de archivo de la Gestapo como modelo para actualizar el equivalente en la SIDE y prometi ayudarle a escribir un memorando detallado para entregarselo al director de la SIDE, Rodolfo Freude.
Sabia que Marcello estaba de servicio en el archivo y, nada mas traspasar las puertas de vaiven, lo vi en su puesto de siempre, detras de la mesa principal. Esta era completamente circular y, con la bandera argentina y los oficiales del ejercito armados, parecia mas un baluarte defensivo que un archivo de antecedentes penales. Pero Marcello no tenia nada de militar, con aquel uniforme que solo le quedaba bien en los puntos de sujecion. Cada vez que lo veia, me recordaba a los jovenes soldados con cara de bebe que reclutaban para defender el bunker de Hitler contra el Ejercito Rojo durante la caida de Berlin.
Devolvi los expedientes actualizados de Carl Vaernet y Pedro Olmos y pedi la ficha de Helmut Gregor. Marcello recogio los expedientes devueltos, busco a Helmut Gregor en los libros marronesy mando a un subalterno que trajese su ficha de las estanterias. Observe como el subalterno movia la rueda para abrir una puerta cerrada, desplazando la estanteria relevante por una guia invisible hasta que era posible el acceso.
– Hableme mas de su indice A -dijo Marcello, que era de origen italo-argentino,
– De acuerdo -le dije, con la esperanza de llevar el agua a mi molino-. Habia tres clases de fichas. En el Grupo Uno, todas las fichas tenian una marca roja que indicaba que era un enemigo del Estado. En el Grupo Dos, una marca azul que indicaba que la persona debia ser detenida en tiempos de emergencia nacional. Y en el Grupo Tres, una marca verde que indicaba que la persona estaba sujeta a vigilancia en todo momento. Todas esas marcas estaban en el lado izquierdo de la ficha. En el lado derecho habia una segunda marca de color que indicaba que era comunista, alguien sospechoso de estar en la resistencia, judio, testigo de Jehova, homosexual, mason, etcetera. Todo el indice se actualizaba dos veces al ano. Al principio y al final del verano, que era el momento de mas ajetreo. Eran ordenes de Himmler.
– Fascinante -dijo Marceno.
– Los informantes tenian expedientes especiales. Al igual que los agentes. Pero todos estos expedientes eran absolutamente independientes de los del Abwehr, el Servicio Aleman de Inteligencia Militar.
– ?Quiere decir que no compartian informacion?
– En absoluto. Se detestaban mutuamente.
